Adaptándonos a la brutalidad de la guerra siria

Restos del hospital apoyado por MSF que ha sido atacado en Alepo
ABDALRHMAN ISMAIL / REUTERS
Actualizado 11/03/2017 9:47:23 CET

Los centros médicos se han convertido en objetivo obligando a los sirios a enfrentarse al riesgo de morir por buscar atención sanitaria

La provisión de salud no puede ser un objetivo militar e incluso las guerras tienen reglas, recuerda MSF

MADRID, 11 Mar. (Pablo Marco, responsable de operaciones de Médicos Sin Fronteras (MSF) - para Siria y Oriente Próximo)

Durante estos seis años de guerra, los sirios han sufrido inmensamente. Unos 12 millones de personas han tenido que abandonar sus hogares, convirtiéndose en desplazados internos o en refugiados en otros países. Y en medio del conflicto, los bombardeos de hospitales y la violencia contra el personal médico y los pacientes se han convertido en algo rutinario. MSF y los profesionales que asisten a la población han tenido que modificar la manera de ofrecer sus servicios a la realidad existente: en Siria, el sistema de salud es un objetivo militar.

El año 2016 se cerró con la batalla final por Alepo; en los cinco meses que duró el sitio a la parte oriental de la ciudad, los hospitales resultaron dañados o destruidos en al menos 35 ocasiones. Y ese dato es solo la punta del iceberg: en total, a lo largo de 2016, se registraron más de 250 ataques directos o indirectos contra estructuras de salud en Siria.

Y lo que es peor, en muchos casos, los hospitales fueron bombardeados siguiendo el llamado "doble ataque", en el que un centro es bombardeado y, unos minutos después, un segundo bombardeo golpea a los servicios de rescate que están tratando de sacar a los heridos de debajo los escombros.

En realidad, llueve sobre mojado. En 2015 MSF ya había denunciado un total de 94 ataques solo contra instalaciones respaldadas por la organización; bombardeos en los que 81 trabajadores sanitarios perdieron la vida. Incluso las ambulancias han sido objetivo de la lluvia constante de bombas en repetidas ocasiones. En Siria, nada ni nadie se libra de esta violencia indiscriminada.

Por un lado, el acceso de la población a las instalaciones médicas se ve seriamente afectado ante este escenario completamente desolador que aún presenta muchos frentes abiertos en todo el país. Y por otro lado, la amenaza de que se produzcan nuevas agresiones a cargo de las diferentes partes en conflicto es omnipresente y el respeto hacia el Derecho Internacional Humanitario (DIH) es cada día menor.

En este contexto, lógicamente, el alcance, la calidad y la eficacia de la atención médica que pueden brindar los profesionales médicos han recibido también un golpe directo en la línea de flotación.

BUSCAR ATENCIÓN MÉDICA, UN RIESGO

De ello son plenamente conscientes los sirios. Saben que muchas de las decisiones que toman en su día a día, incluyendo la opción de buscar atención médica, tienen que ser sopesadas con mucho cuidado, ya que habitualmente conllevan un enorme riesgo para sus propias vidas.

Una de las cuestiones que deben valorar es algo tan sencillo como el tiempo que pasan en un centro médico, porque saben que dichos lugares se han convertido en objetivos militares. Espacios que en teoría deben ofrecer refugio a quienes necesitan atención médica, se han convertido ahora en lugares a evitar. Y por ello, los pacientes y sus familias se ven obligados a elegir entre arriesgar su propia seguridad dentro de las instalaciones médicas o soportar el sufrimiento de permanecer desatendidos en sus casas.

Si bien MSF y los profesionales médicos sirios han podido encontrar maneras de proporcionar asistencia sanitaria en muchas partes de Siria, eso no significa que no nos enfrentemos a desafíos significativos. Seguimos luchando para proporcionar directamente atención médica que permita salvar vidas o para apoyar en la prestación de la misma, pero nos hemos visto obligados a cuestionar nuestros modelos de intervención y, simultáneamente, a encontrar maneras de adaptar las operaciones y prácticas médicas a la brutal realidad del conflicto sirio.

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Miles de médicos y trabajadores sanitarios han abandonado el país desde el recrudecimiento del conflicto en 2012 y muchos servicios han tenido que ser interrumpidos debido a la inseguridad, lo cual limita significativamente el alcance de la atención médica que se puede ofrecer.

Y hay otros factores que afectan también a cada uno de los pacientes: la disminución del tiempo de tratamiento que se puede dedicar a cada uno de ellos, la dificultad para llevar a cabo un seguimiento adecuado de su evolución, o la poca disponibilidad de medicamentos y tratamientos específicos. Todo ello, agravado por las dificultades que entraña el haber tenido que derivar poco a poco hacia un modelo en el que prima la atención descentralizada o en el hogar en lugar de en centros médicos.

ESTRUCTURAS BAJO TIERRA

En aquellos lugares donde las estructuras sanitarias continúan funcionando, muy a menudo literal y figurativamente bajo tierra, la gama de servicios médicos que estas logran ofrecer se ha visto disminuida drásticamente. Esta reducción de servicios tiene lugar además en el momento en el que las necesidades médicas, en particular en el cuidado de los traumatismos agudos, son mayores.

Todos los servicios que no sean los de urgencias son ahora escasos, provocando de esta manera que muchos problemas de salud que antes eran evitables o tratables se hayan convertido en enfermedades potencialmente mortales.

La necesidad de proteger de los ataques a las instalaciones sanitarias que aún siguen funcionando, así como al personal médico que trabaja en ellas, ha dificultado en muchas ocasiones la capacidad de las mismas para atender a los pacientes. Tanto es así, que MSF y otras organizaciones que trabajan sobre el terreno se enfrentan a dilemas constantes, donde la exposición a los riesgos -en el interior o alrededor de instalaciones médicas y también en ambulancias- debe siempre sopesarse.

Para los pacientes, minimizar las posibilidades de sufrir un ataque dirigido a una instalación médica implica también reducir el tiempo que pasan dentro de las mismas. Para el personal sanitario, estas limitaciones conllevan trabajar con demasiada rapidez, limitando los procedimientos, tomando decisiones clínicas sin un diagnóstico claro o sin haber podido llevar a cabo una observación adecuada y dando de alta al paciente antes de tiempo.

Los pacientes deben asumir mayores riesgos, y los acompañantes que les cuidan asumen a su vez mayores responsabilidades en la monitorización y el apoyo al paciente, ya que estos tienen que tratar de recuperarse en casa en lugar de hacerlo en un centro médico.

ADAPTARSE PARA OFRECER EL MEJOR SERVICIO POSIBLE

Dado que el conflicto en Siria no tiene visos de terminar, y que la amenaza bajo la que permanecen las instalaciones médicas tampoco parece que vaya a desaparecer a corto plazo, MSF continúa buscando nuevas maneras de adaptarse a este difícil contexto y brindar la mejor atención médica posible en estas circunstancias.

Nuestro objetivo es el de poder dar el mejor servicio médico posible a las víctimas de la guerra en Siria, pero la dura realidad del conflicto nos ha obligado a adaptar nuestra respuesta a las difíciles circunstancias que nos encontramos.

La destrucción de hospitales y la eliminación de médicos y pacientes se han convertido en uno de los objetivos militares más obvios. Y por lo tanto, nuestra prioridad ahora es simplemente intentar mantener un mínimo de servicios médicos funcionales en medio de los escombros de un sistema de salud devastado.

Nos tenemos que adaptar a esta nueva realidad, pero seguimos recordando lo que no debería tener que recordarse: que la provisión de salud no puede ser un objetivo militar y que incluso las guerras tienen reglas. Y no cejaremos en seguir solicitando acceso a aquellas zonas donde, si bien la seguridad si nos permitiría operar, las poblaciones se ven privadas de nuestra ayuda por razones ajenas a nuestro ámbito de decisión.

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