Alimentando sueños, no sólo cuerpos

 

Alimentando sueños, no sólo cuerpos

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Estudiantes en el campamento de Djabal (Chad)
WFP/Storytellers
Actualizado 11/07/2017 16:35:57 CET

MADRID, 9 Jul. (Por el Programa Mundial de Alimentos de la ONU) -

Abdallah Nassir, Abdallah Yacoub, Abakar, Hissein, Kaltouma, Sima y Hannan están entre los 20.000 refugiados sudaneses que viven en el campamento de Djabal, cerca de Goz Beida, en Chad. También son algunos de los 35 entusiastas jóvenes participantes del proyecto de Narradores del Programa Mundial de Alimentos (PMA).

Cuando se eligió Chad para este proyecto, el sentimiento general era: "¡Qué emocionante, pero va a ser duro!". Sin embargo, el campamento de Djabal ofrecía las condiciones adecuadas: acceso a Internet, un socio del OMA --el Servicio Jesuita para los Refugiados-- que ya ofrecía cursos de informática e idiomas y multitud de jóvenes que querían asumir el reto. Así se reflejó en las más de 200 solicitudes recibidas para el programa de formación intensivo de cuatro semanas.

Kaltuoma tiene 27 años y dos hijas preciosas, Iklas Ahmat, de 9, y Mariam, de 2. En marzo de 2017, su marido decidió divorciarse. Él quería que se quedara en casa, mientras que ella buscaba enseñar masalir, uno de los idiomas hablados en Darfur, a los miembros de la comunidad. Hoy no recibe ningún salario por enseñar y lucha por sacar adelante a sus dos hijas, aunque no lamenta su decisión.

Foto: WFP/NATHALIE MAGNIEN

"Los niños deben conocer su cultura y tradiciones, aunque no conozcan su país. Siguen siendo sudaneses", dice.

Abakar, de 27 años, está de acuerdo. Es un orgulloso 'narrador' --y peluquero--. "Estoy contento de estar aquí, en un lugar seguro lejos de mis enemigos, pero mis raíces, nuestras raíces están en Sudán: el lugar en el que naces es mejor que ningún otro".

Hissein, de 33 años, no comparte su opinión: "No quiero volver nunca. No olvidaré jamás lo que me ocurrió. Mis hermanas fueron violadas. En mi pueblo mataron a 60 personas. El campamento donde viví hasta 2010 fue atacado por los yanyauids. Tenían armamento pesado: 36 personas murieron, otras 180 resultaron heridas. Yo mismo fui detenido durante unas horas pero afortunadamente quedé en libertad. Hace dos meses me casé y ahora mi objetivo es ir a Europa".

Sima y Hannan son tía y sobrina. Viven en el campamento con tres generaciones de su familia. La madre de Sima, Aicha, es la directora de la escuela, en la que están registrados más de 400 alumnos. Cuando rememora su vida en Sudán, le vuelven buenos recuerdos.

Foto: WFP/NATHALIE MAGNIEN

"Cuando vivíamos en paz con nuestros vecinos, bailábamos, comíamos todos juntos en perfecta armonía. La guerra lo destruyó todo. Me gustaría volver atrás, pero no es posible. No tenemos dónde ir".

A pesar de las experiencias habitualmente traumáticas y de las difíciles condiciones en el campamento, los Narradores de Djabal aún tienen esperanza para el futuro. Cuando se les pregunta por lo que les gustaría llegar a ser, responden que médico, abogado, periodista, profesor.

Los residentes de Djabal reciben comida y asistencia económica del PMA. A través de las palabras y las imágenes de los Narradores del campamento, también pueden poner voz a sus sueños y sus ambiciones.

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