El rey Abdalá deja un legado fallido en la causa por los derechos humanos

Abdalá, fallecido rey de Arabia Saudí
REUTERS
Publicado 23/01/2015 16:39:35CET

Esfuerzos limitados a favor de la integración de la mujer chocan con su incapacidad para frenar los castigos violentos y las ejecuciones

MADRID, 23 Ene. (EUROPA PRESS) -

A pesar de los aplausos recibidos de manera póstuma por su propósito reformista, en particular en igualdad de género, el rey Abdalá de Arabia Saudí, fallecido esta pasada noche a los 90 años de edad, deja a su muerte un país que en 2014 se caracterizó por incumplir de manera sistemática, a juicio de las principales organizaciones humanitarias internacionales, principios elementales de los Derechos Humanos.

Sin ir más lejos, la ONG Human Rights Watch (HRW) denunció en su balance del año pasado un incremento del número de arrestos y condenas a disidentes pacíficos. "El Gobierno saudí sigue violando", recordó la ONG, "los derechos de nueve millones de mujeres y niñas saudíes, así como los de nueve millones de trabajadores extranjeros". HRW hizo especial hincapié en las condenas emitidas en 2013 por los tribunales saudíes contra a siete activistas por expresarse de manera pacífica para pedir una reforma política y de Derechos Humanos.

En el 'debe' del monarca Abdalá quedará su incapacidad para atajar a los sectores ultraconservadores de la sociedad saudí, amparada en la Ley Básica de Gobierno promulgada en 1992 por su predecesor, el rey Fahd, y que estipula la obligación de los ciudadanos de obedecer el mandato del monarca.

Esta ley está articulada en torno a la estricta interpretación de la Sharia, la ley islámica, que estipula la pena de muerte por delitos de violación, asesinato, apostasía e, incluso, brujería. Por ello, Arabia Saudí ocupa el cuarto lugar del mundo por número de ejecuciones --detrás de China, Irán y Irak--, con un total de 83 en 2014, según recuentos de la prensa saudí. La mayoría fueron ejecutados por tráfico de drogas.

El castigo físico es una práctica habitual que ha adquirido especial relevancia en los últimos meses con la condena al bloguero Raif Badawi, sentenciado a recibir un millar de latigazos. Badawi, creó en 2008 la Red Liberal Saudí, un portal de Internet en el que los usuarios podían debatir libremente sobre religión y política en Arabia Saudí. Cuatro años después, fue condenado a siete años de prisión y 600 latigazos. La sentencia fue revisada el pasado mes de mayo y se le amplió la pena a diez años de cárcel y 1.000 latigazos.

Ante las numerosas peticiones internacionales de amnistía para Badawi, el rey Abdalá, ya enfermo de gravedad, se limitó a remitir el caso del bloguero a las autoridades judiciales del país, que todavía no se han pronunciado. Mientras, los médicos han constatado que Badawi no está preparado para seguir recibiendo los latigazos a los que ha sido condenado, como ya ocurriera la semana pasada, según ha informado este jueves Amnistía Internacional.

"En lugar de seguir atormentando a Raif Badawi prolongando su sufrimiento con repetidas evaluaciones, las autoridades deberían anunciar públicamente el fin de su flagelación y liberarle inmediata e incondicionalmente", ha defendido el subdirector para Oriente Próximo y el Norte de Africa de Amnistía Internacional, Said Boumedouha, en un comunicado.

INTENTO DE MODERNIZACIÓN

Las medidas reformistas del rey Abdalá se comprenden en el inmovilista contexto de la realidad saudí, donde cada promesa de renovación es interpretada como un acontecimiento histórico. Abdalá inyectó miles de millones de dólares en la modernización del sistema educativo, introdujo a su país en la Organización Mundial de Comercio, emitió perdones a algunas víctimas del sistema judicial, redujo la autoridad de la temida policía religiosa e incluso ofreció un plan de paz árabe para Israel.

Sin embargo, el efecto acumulado de sus políticas de renovación solo tenía un objetivo: consolidar el poder de la dinastía Al Saud. A su muerte, el poder absoluto sigue descansando sobre la monarquía. En realidad, el rey Abdalá se granjeó el apelativo de reformista por contraste con su autocrático predecesor y para apaciguar a los ciudadanos, alentados por la revolución que supuso la Primavera Árabe.

Las protestas, iniciadas por la población chií contra la dinastía suní, fueron zanjadas hábilmente por el rey Abdalá a través de un paquete de incentivos aperturistas -- entre ellos la concesión del permiso para que las mujeres participen en los comicios de 2015-- combinado la represión fulminante de las fuerzas de seguridad saudíes, que acabaron con la vida de al menos 17 personas.

Algunas mujeres saudíes reconocen los esfuerzos de Abdalá para crear una sociedad más justa entre géneros. "El reinado de Abdalá está considerado como una edad dorada para la educación superior femenina", escribió la periodista Sabria Jawhar, de 'Saudi Gazette' en un informe para 'World Policy Journal'. "Desde su llegada al trono en 2005, dejó muy claro que la educación de las mujeres saudíes es una cuestión prioritaria", ha añadido.

En este sentido, cabe destacar a la costosísima Universidad Rey Abdulá de Ciencia y Tecnología, presupuestada en 12.500 millones de dólares, donde por vez primera en la historia del país hombres y mujeres podían estudiar juntos. Al mismo tiempo, no obstante, Abdulá ordenó la construcción de una universidad exclusivamente para mujeres en Riad, perpetuando la segregación de género que se ha convertido, quizás, en el mayor obstáculo para el desarrollo de la economía saudí.

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