Así es el interior de la prisión de Saydnaya, el 'matadero humano' de Siria

Así es la prisión de Saydnaya.
EUROPA PRESS
Actualizado 07/02/2017 13:31:35 CET

MADRID, 7 Feb. (EDIZIONES) -

Amnistía Internacional ha descubierto los horrores existentes en el interior de la prisión siria de Saydnaya, donde según un informe de la ONG, unas 13.000 personas presuntamente contrarias al gobierno de Bashar al Assad habrían sido ahorcadas entre 2011 y 2015.

Con el objetivo de denunciar las condiciones infrahumanas de esta cárcel, Amnistía Internacional ha reconstruido tridimensionalmente el interior de Saydnaya en base a los testimonios relatados por algunos de los presos que estuvieron en su interior.

Saynaya es un presidio que desde el exterior tiene una forma de aspa de tres extremos. Los recuerdos de los expresidiarios son difusos, debido al aislamiento físico y visual al que eran sometidos y a las impactantes y terribles experiencias que sufrieron en su interior. Palizas, torturas y ejecuciones eran solo algunos de los temores diarios a los que estaban sometidos, famélicos, sedientos y sucios.

LA LLEGADA A TRAVÉS DEL 'CAMIÓN DE LA CARNE'

Los prisioneros no perciben con la vista su primera impresión de la cárcel. Con los ojos vendados y esposados, eran transportados a Saydnaya en un vehículo conocido como el 'camión de la carne'. A su llegada a la prisión, los guardas recibían a los detenidos con brutalidad, golpeándolos en cualquier parte de sus cuerpos.

QUINCE PRESOS EN CUATRO METROS CUADRADOS

La primera parada de los prisioneros son unas celdas individuales en las que podían estar hacinadas hasta quince personas en un espacio que no llegaba a cuatro metros cuadrados. Allí podían permanecer entre una semana y cinco meses, turnándose para poder sentarse, ya que tumbarse era físicamente imposible.

La sensación de aislamiento de estas diminutas celdas era total, según relatan los supervivientes. No se veía ni oía nada del exterior, por lo que lo único que percibían los presos eran los ruidos del propio interior de la cárcel. Pasos del piso superior, la preparación de instrumental de tortura por parte de los guardas o los golpes que recibían los recién llegados de cada semana componían la banda sonora de Saydnaya.

Para evitar ser reconocidos si alguno de los presos era liberado, los guardas habían aprendido a comunicarse con gestos insonoros y chasquidos de sus dedos. Sin embargo, esto no garantizaba el silencio, ya que parte de la tortura mental que se empleaba en Saydnaya consistía en no dejar dormir a los prisioneros; a menudo, recurrían a fuertes ruidos durante la noche, e incluso ponían a todo volumen canciones de alabanza a Al Assad, según cuenta Salam Othman, uno de los testigos.

Cada vez que entraba un guarda en la celda, los presos eran obligados a arrodillarse contra la pared con las manos cubriéndose la vista. A menudo, estas visitas tenían como objetivo dar una paliza o incluso matar a alguno de los reclusos. La puerta solo tenía dos pequeños ventanucos desde donde podían escuchar al jefe de los guardas dándoles, no sin insultos, las reglas de conducta de la cárcel.

No había basura: los presos se lo comían todo, incluso residuos como cáscaras de huevo o huesos de las aceitunas, explica Anas Hamado, otro de los testigos que sufrió estos horrores. Sucios y casi sin agua, la sed les obligaba a veces a intentar beber incluso el agua de las paredes o de las tuberías del único grifo que tenían en su interior.

LOS RUIDOS DE LAS CELDAS EN GRUPO

El siguiente espacio al que eran trasladados eran las celdas de grupo, donde eran encerrados unos treinta prisioneros. Hablar, susurrar o incluso producir cualquier sonido estaba totalmente prohibido, así que una vez más, el ruido de otras partes de Saydnaya era la principal sensación que percibían los detenidos.

Desde allí, eran capaces de escuchar los ruidos de las torturas a las que eran sometidos otros reclusos, el zumbido de los neones o el sonido de los guardas aproximándose a su celda. Esto les ponía en alerta para aplicar una vez más la regla de arrodillarse y cubrirse los ojos, la llamada 'postura de seguridad', como la conocían. Las torturas solían ser realizadas cerca de los conductos de ventilación, a fin de que todas las celdas posibles oyesen los gritos.

Pero no solo escuchaban ruidos del interior del presidio. Desde el exterior se escuchaban los disparos, explosiones y vuelo de helicópteros de la guerra, o las llamadas al rezo desde la distancia, que ayudaban a los presos a orientarse sobre la hora. También se escuchaban a veces el viento y las tormentas, "seremos uno o dos menos después de esta tormenta", pensaba entonces el expresidiario Samer al Ahmed. Asimismo, eran capaces de percibir por el sonido la cantidad de sacos de pan que descargaba el camión de la comida; si escuchaban pocos, el desánimo invadía a los más famélicos, contaban los testigos.

Otra de las reglas era la prohibición de aproximarse a menos de seis baldosas de la puerta. Las temperaturas eras gélidas en Saydnaya y formaban parte también del abanico de torturas; en los meses más fríos, los presos eran a veces obligados a desnudarse y regados con agua fría para que enfermasen.

LOS TRAYECTOS POR LA PRISIÓN

Apenas hay constancia testimonial de otros espacios más allá de las celdas. Todos los presos eran obligados a recorrer a ciegas los pasillos y zonas de tránsito, así como el nudo central de la prisión, desde el que los guardas podían supervisar todos los corredores.

Los recuerdos de los presos sobre estos espacios solo se basan en lo que han podido percibir con los ojos cubiertos, pero también aparecen deformados por los episodios de terror que habían vivido en esta cárcel. Los recién llegados a Saydnaya circulaban por el nudo central de la prisión bajo un constante sonido de torturas y golpes, moviéndose rápido a ciegas para evitar que esos golpes los alcanzasen a ellos.

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