La ayuda que cae del cielo

Voluntarios de la Cruz Roja de Sudán del Sur observan la ayuda lanzada
KRZYSIEK, PAWEL/CICR
   
Actualizado 27/10/2016 11:58:50 CET

MADRID, 5 Jun. (Por Peter Giugni, miembro de la delegación regional del CICR para EEUU y Canadá) -

Las imágenes de niños de Madaya severamente desnutridos que salieron a la luz en enero de 2016 conmocionaron al mundo, y con razón. Estas imágenes también evidenciaron un problema fundamental en los conflictos armados actuales: el acceso humanitario.

En Siria, Irak, Yemen, Sudán del Sur y otros lugares, organizaciones humanitarias como el CICR afrontan obstáculos que dificultan la llegada de asistencia a personas que la necesitan. A veces se trata de una cuestión política, pese a que las normas de la guerra establecen claramente que las partes en un conflicto armado tienen la responsabilidad de satisfacer las necesidades de las personas bajo su control.

Existen muchos ejemplos de lanzamientos de ayuda humanitaria desde el aire que permitieron salvar vidas, como la entrega del Programa Mundial de Alimentos en 2012 de 345 toneladas de alimentos para personas desplazadas en la región de Vakaga en República Centroafricana, o los lanzamientos desde el aire del CICR en algunas regiones de Sudán del Sur. Más recientemente, se han pedido lanzamientos de ayuda humanitaria desde el aire en Siria para ayudar a las personas atrapadas en zonas sitiadas.

Los lanzamientos desde el aire no son bajo ningún punto de vista el modo ideal de hacer llegar la ayuda. Presentan desafíos de logística específicos, son costosos, pueden causar riesgos a la seguridad de la población civil, pueden estar en conflicto con las mejores prácticas humanitarias y --a largo plazo-- pueden terminar causando más daño que beneficios. Sin embargo, a veces pueden ser la única forma de llegar a poblaciones desesperadas.

1. Deberían ser el último recurso

Los lanzamientos desde el aire solo deberían emplearse como último recurso, cuando no exista ninguna otra opción y cuando no sea posible acceder por tierra a la población afectada. Esto se debe a varios motivos. En primer lugar, las organizaciones humanitarias se ven limitadas en el tipo de ayuda que pueden distribuir. Algunos productos perecederos y aceites que pueden ser esenciales para la dieta de algunas personas no pueden entregarse desde todos los tipos de aviones, ya que se dañarían al arrojarlos.

En segundo lugar, los lanzamientos desde el aire son técnicamente difíciles y requieren pilotos especializados que estén cualificados para este tipo de operación. Incluso con personal cualificado, las cosas pueden salir mal, como ocurrió en un lanzamiento desde el aire reciente realizado por el PMA sobre Deir Ezzor (Siria). La ayuda humanitaria no llegó a las personas que la necesitaban debido a dificultades técnicas por las que 21 paletas se dañaron, no llegaron a destino o se perdieron.

Asimismo, los organismos humanitarios tratan de evaluar las necesidades de los beneficiarios antes y después de distribuir la ayuda. Es difícil evaluar las necesidades cuando es imposible acceder por tierra. En Sudán del Sur, el personal del CICR se encuentra en el terreno para recibir la ayuda y supervisar la distribución, pero esto a veces es imposible en contextos en los que el acceso humanitario está bloqueado. Sin embargo, es necesario realizar algún tipo de evaluación (aunque sea en forma remota) para garantizar que se responda a las necesidades de la comunidad mediante los artículos que se entregan (el tipo y la calidad de los socorros).

Idealmente, habrá personal en el terreno durante y después de la entrega para supervisar la distribución subsiguiente; por ejemplo, para asegurarse de que las autoridades no confisquen o redistribuyan artículos destinados a la población civil.

La evaluación precisa de estas cuestiones resulta muy difícil cuando no es posible acceder por tierra. De lo contrario, personas malintencionadas que quieran desviar la ayuda del lugar de destino previsto pueden aprovecharse del hecho de que los artículos fueron lanzados desde el aire, lo que podría llevarlos a pensar que nadie los obligará a rendir cuentas.

Si no es posible contar con personal en el terreno durante y después de las distribuciones, deberán implementarse otras medidas de control como las encuestas a distancia, las reuniones comunitarias o terceros de confianza, por ejemplo.

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2. La asistencia no debe ocasionar daños

Un principio básico de toda actividad humanitaria es el de "no ocasionar daños". Los riesgos de ocasionar daños involuntarios aumentan en particular durante los lanzamientos desde el aire. Debe existir algún control de la distribución de artículos lanzados desde el aire a las personas que más lo necesitan y de la forma de regular el modo en que se utilizará posteriormente la asistencia.

Por ejemplo, entregar tipos de alimentos en forma repentina y no supervisada a personas que se encuentran desnutridas o incluso famélicas puede representar riesgos graves para su vida.

Estos riesgos deben sopesarse con la posibilidad de no enviar nada por aire o de que haya retrasos en la distribución por tierra. Los lanzamientos por tierra también pueden representar un peligro físico para las personas que necesitan asistencia; el personal cualificado, los voluntarios o los contactos de la comunidad local deben estar en el terreno para supervisar la "zona de lanzamiento" y evitar así heridas innecesarias, así como para garantizar la distribución ordenada y pacífica de la asistencia.

3. Los lanzamientos deben ser imparciales

Otro de los principios básicos de la acción humanitaria es que la ayuda debe distribuirse a los civiles sin distinción alguna o, en otras palabras, de manera imparcial. Esto incluye el suministro de ayuda humanitaria, ya sea en forma directa o facilitada por una parte beligerante.

Cualquier organización que piense en la posibilidad de realizar lanzamientos desde el aire deberá considerar cuidadosamente las consecuencias, a corto y largo plazo, en el conflicto más amplio.

Este factor es especialmente importante para las poblaciones a las que resulta imposible tener acceso debido a un sitio o un bloqueo; la asistencia brindada desde el aire exclusivamente a algunas comunidades de las que se perciben que apoyan a una u otra de las partes pueden consolidar la dinámica del conflicto que dio origen al sitio en primer lugar, incluso cuando la acción responda a las necesidades inmediatas de esa población en particular.

Se debe evitar la percepción de que la acción humanitaria sugiere que existen civiles "buenos" o "malos". Sin duda, esto es cierto para la distribución de cualquier tipo de ayuda, pero es particularmente pertinente para las comunidades que se han vuelto inaccesibles debido a un sitio o un bloqueo por una parte beligerante.

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4. No deben reemplazar la necesidad de acceso humanitario

Los lanzamientos desde el aire son una manera de hacer llegar una ayuda fundamental en situaciones en las que no existe otra opción, pero no deberían reemplazar la necesidad del acceso por tierra a las personas que necesitan asistencia. Tal como se destaca más arriba, el acceso humanitario por tierra es una mejor opción a los efectos de evaluar en profundidad las necesidades de las poblaciones, hacer llegar una asistencia específica y, asimismo, brindar un gran apoyo psicológico.

Distribuir ayuda no significa solamente prestar asistencia. Muchas veces también puede contribuir a devolver la esperanza y la dignidad a través de un contacto con el mundo. De hecho, los civiles con los que el CICR se reunió en Madaya, Siria, en enero les dijeron a nuestros delegados que la posibilidad de verlos, hablar con ellos e incluso tocarlos era tan importante como la ayuda material.

Los lanzamientos de ayuda humanitaria desde el aire no deberían poner en riesgo el acceso que con tanto trabajo lograron quienes brindan ayuda humanitaria en el terreno.

(Este artículo fue publicado originalmente por el CICR)

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