La Berma: la crisis oculta de los refugiados sirios

Refugiados sirios en el paso fronterizo de Rukban / ARCHIVO
REUTERS / MUHAMMAD HAMED
Publicado 29/03/2018 9:32:36CET

La ONU ha obtenido autorización del Gobierno sirio para hacer una nueva entrega de ayuda "pronto"

MADRID, 29 Mar. (EUROPA PRESS) -

Son los olvidados entre los olvidados. Miles de refugiados sirios llevan casi dos años atrapados en La Berma, una franja desértica situada en 'tierra de nadie' entre Siria y Jordania. Civiles, milicianos y terroristas conviven bajo la ley del más fuerte, con ayuda humanitaria a cuentagotas y totalmente aislados a ambos lados de la frontera. Solo se sabe que la situación es "desesperada".

El paso fronterizo de Rukban, en La Berma, era uno de los muchos utilizados por los sirios para escapar de una guerra civil que acaba de cumplir siete años. Jordania cerró el cruce en junio de 2016 en respuesta a un atentado con coche bomba contra un control de seguridad. Seis agentes murieron y otros catorce resultaron heridos. La organización terrorista Estado Islámico reivindicó la autoría.

Las organizaciones de ayuda humanitaria calculan que en ese momento había unas 100.000 personas en el asentamiento surgido en La Berma. "Están atrapados entre la frontera jordana y los grupos armados en el lado sirio", cuenta el responsable de incidencia para la crisis siria de Acción contra el Hambre (ACH), Rui Oliveira, en declaraciones a Europa Press.

Desde entonces, el número se ha reducido porque muchos han optado por volver a Siria, la mayoría a Derá, en el sur, muy cerca de la línea limítrofe. "No sabemos qué mecanismos utilizan para moverse, pero suponemos que serán muy peligrosos", ya que deben atravesar un desierto plagado de milicianos y terroristas que controlan los accesos a las ciudades cercanas, señala.

Ahora habría unos 40.000, de acuerdo con Oliveira. La Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) sostiene que la mayoría de los habitantes de La Berma son civiles. "Estimamos que el 80 por ciento son mujeres y niños", ha precisado un portavoz de la oficina regional de la OCHA a Europa Press. Sin embargo, "hay sospechas de que también hay grupos terroristas", asegura el cooperante de ACH.

SITUACIÓN "DESESPERADA"

El cierre de la frontera supuso igualmente el fin de la ayuda humanitaria para La Berma. "Completamente solos en mitad del desierto, con mucho calor (...) y en tiendas de campaña más pobladas que en un campamento normal", relataba Stephen O'Brien, el entonces jefe de ayuda humanitaria de la ONU, tras sobrevolar la zona en helicóptero meses después de que Jordania pusiera el candado.

Las ONG y Naciones Unidas intentaron adaptarse a la coyuntura e idearon nuevas formas de hacer llegar la ayuda: por aire, con grúas o contratando a algunos civiles dentro de La Berma para que se encargaran de la recepción y la distribución 'in situ'.

ACH, al igual que la mayoría de ONG, finalmente decidió cesar los envíos. Oliveira argumenta que sin acceso a La Berma no se pueden fiar de quién recoge y cómo reparte la ayuda. "Si hacemos distribuciones sin saber dónde va a acabar la ayuda, más en zonas donde puede haber grupos armados, que son más fuertes y pueden imponerse a los civiles, (...) se puede llegar a situaciones extremas", como la explotación de mujeres y niños.

La ONU, en cambio, ha optado por continuar. "Sabemos que la situación es desesperada (...) Necesitan nuestra ayuda", defiende la OCHA. En las pocas entregas que se han hecho en estos dos años, han enviado lo que se considera "el kit humanitario completo", es decir, comida, material de higiene y saneamiento y otros insumos básicos como mantas, ropa y estufas.

La OCHA ha hecho hincapié en la importancia de mantener las condiciones de salud pública en un nivel aceptable porque teme brotes de enfermedades infecciosas que podrían propagarse rápidamente entre una población hacinada, debilitada y sin acceso a atención médica.

Imágenes de satélite captadas por Amnistía Internacional, que hace tiempo que constituyen la única fuente de información sobre cómo evoluciona el enclave, muestran la multiplicación del número de tumbas, a un ritmo que amenaza con alcanzar la cifra de personas vivas. El hermetismo que envuelve a La Berma impide determinar la causa.

LLAMAMIENTO A SIRIA Y JORDANIA

En este tiempo, los actores humanitarios han protagonizado varios intentos de persuadir a las autoridades sirias y jordanas para que permitan un acceso directo a la población civil o propongan una solución permanente.

"Ni Siria ni Jordania han respondido", lamenta Oliveira. "De momento, lo único que hemos logrado es una evacuación muy pequeña por emergencia médica hacia Damasco a través de un convoy de camiones que salió de La Berma en diciembre de 2017", revela.

Naciones Unidas, por su parte, pudo hacer un último envío de ayuda humanitaria en enero de 2018, gracias a la autorización del Gobierno jordano. "Y estamos preparados para hacer más en cuanto las condiciones lo permitan", subraya la OCHA. El régimen sirio ya ha dado luz verde a otro envío. "Esperamos que sea pronto", ha avanzado la agencia de la ONU a Europa Press.

Oliveira explica que Jordania juega la carta de la seguridad nacional para mantener el 'statu quo' en La Berma. Amán se ha tomado "muy en serio" la lucha contra el terrorismo y, en opinión del experto, con "resultados positivos" porque ha evitado infiltraciones como las sufridas por Líbano en la localidad de Arsal, donde se libró una batalla entre las fuerzas locales y milicianos yihadistas de Estado Islámico y el Frente al Nusra, la antigua rama de Al Qaeda en Siria.

Además, Jordania esgrime que ya ha hecho su aportación humanitaria a la guerra siria. El reino hachemí acoge a casi un millón de refugiados, entre los 600.000 registrados por ACNUR y los 300.000 que están fuera del radar, muchos de los cuales han descartado regresar y piensan en quedarse. La solución, sostiene Amán, está en manos de Bashar al Assad.

La OCHA coincide en que el primer responsable de los habitantes de La Berma es el Gobierno sirio: "Seguimos insistiendo en poder acceder desde dentro de Siria. Sería la forma más efectiva de poder ayudar de manera continuada a la gente que lo necesita". Entretanto, recuerda Oliveira, "miles de personas siguen allí con un futuro no muy prometedor".