Centroamérica sufre la crisis migratoria "más aguda" en décadas por la violencia

 
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Centroamérica sufre la crisis migratoria "más aguda" en décadas por la violencia

Miembro de una mara salvadoreña
REUTERS
 
Actualizado 14/10/2016 23:16:30 CET

Las peticiones de asilo se han disparado cerca de un 600 por ciento en los últimos cinco años

MADRID, 14 Oct. (EUROPA PRESS) -

Amnistía Internacional (AI) ha alertado este viernes de que Centroamérica sufre la crisis migratoria "más aguda" en décadas a causa de la creciente violencia en el llamado Triángulo Norte --formado por El Salvador, Honduras y Guatemala--, que se suma a problemas crónicos como la pobreza y la falta de oportunidades.

'¿Hogar dulce hogar?' es el título de un informe de AI que evidencia la fuerte vinculación entre la "violencia desenfrenada" que se ha impuesto en los últimos años en estos tres países y los flujos migratorios en la región, tanto hacia fuera como de vuelta.

"La violencia es un factor de expulsión clave", afirma la ONG. "Tras una notable reducción de la violencia en el periodo posterior a los conflictos armados en Centroamérica, en la década de 1990, en el último decenio las bandas --conocidas como 'maras'-- y la delincuencia organizada han convertido el Triángulo Norte en una de las subregiones más peligrosas del mundo", explica.

El ejemplo más significativo es el de El Salvador. Solo en el primer trimestre de este año los homicidios alcanzaron niveles equiparables a la guerra civil: un total de 2.015. Se trata de la tasa de muertes violentas más alta del mundo sin que haya un conflicto armado.

Esta violencia cae sobre los grupos más vulnerables. El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) ha identificado "perfiles de riesgo", como las mujeres, los niños, víctimas y testigos de delitos y personas que se dedican a actividades susceptibles de extorsión, entre otros.

AI ha llamado la atención sobre la violencia contra mujeres y niñas, que se ha convertido en algo "habitual". La ONG destaca que la mayoría de estos delitos recaen fuera del ámbito familiar, reflejando un componente distinto a la violencia de género.

En Honduras, por ejemplo, "la tasa de homicidio de mujeres aumentó un 37 por ciento entre 2008 y 2015" y solo el año pasado se registraron 788 casos de violación, si bien "muchos analistas consideran que las cifras reales son mucho más altas".

La ONG ha advertido asimismo de que en estos países se corre el peligro de perder una generación entera por la violencia. Los niños se exponen a ser reclutados y las niñas a sufrir agresiones sexuales. Además, la lucha por el control del territorio entre maras convierte el camino al colegio en "una decisión de vida o muerte", por lo que muchos jóvenes optan por dejar los estudios.

"La combinación de reclutamiento forzado y la presión para abandonar la escuela pone en peligro las perspectivas de empleo futuro de todo un sector de una generación, perpetúa la exclusión social y complica aún más los esfuerzos por sacar a los niños y jóvenes de las manos de la delincuencia organizada", señala Amnistía Internacional.

"El Salvador, Guatemala y Honduras se han convertido prácticamente en zonas de guerra en las que la vida parece prescindible y en las que millones de personas viven con el terror constante a lo que los miembros de las maras o las fuerzas de seguridad pública pueden hacerles", sostiene el secretario general de AI, Salil Shetty.

PRIMERO DESPLAZADOS Y DESPUÉS EMIGRANTES

Este escenario ha llevado a miles de salvadoreños, hondureños y guatemaltecos a abandonar sus hogares para tratar de sobrevivir, pero se han viso igualmente desprotegidos, según denuncia la organización humanitaria.

De acuerdo con AI, el primer paso es trasladarse a lugares más seguros dentro de las fronteras nacionales. Esto "puede servir como un claro precursor de una migración forzada inminente" pero "solo el Gobierno de Honduras ha establecido oficialmente el vínculo entre las dos cosas".

El siguiente paso es lanzarse a un peligroso viaje para alcanzar suelo estadounidense. Entre 2010 y 2015 el número de solicitantes de asilo y refugiados procedentes del Triángulo Norte ha pasado de 8.052 a 56.097, un aumento del 597 por ciento, "niveles nunca vistos desde la era de los conflictos armados en la región".

"De las personas que presentaron nuevas solicitudes en 2015, la mayoría procedían de El Salvador, el más pequeño de los tres países, con aproximadamente seis millones de habitantes", indica AI. Se trata de un incremento del 96 por ciento respecto al año anterior, resalta.

El periplo regional resulta tan peligroso que, "aunque el atractivo del 'sueño americano' puede seguir vivo, las necesidades de supervivencia básicas están llevando a los ciudadanos del Triángulo Norte a buscar refugio en cualquier lugar donde puedan encontrarlo", lo que ha disparado las solicitudes de asilo en México.

UNA NUEVA REALIDAD: DEPORTADOS

Amnistía Internacional ha puesto el foco sobre la preocupante tendencia a deportar a los inmigrantes centroamericanos que llegan a Estados Unidos y México, después del "breve respiro" suscitado por la oleada migratoria de 2014.

Hasta el pasado agosto, 54.052 menores no acompañados fueron detenidos en la frontera entre ambos países, un repunte del 52 por ciento respecto a 2015. "El aumento fue aún más evidente en el caso de las unidades familiares, de las que se detuvo a 68.080, un incremento del 97 por ciento", especifica AI.

"Sin embargo, las cifras fluctuantes de detenciones en Estados Unidos no reflejan el cambio más drástico en la migración regional: decenas de miles de personas migrantes están siendo deportadas cada vez con más frecuencia desde México", subraya.

La organización humanitaria denuncia que tanto en Estados Unidos como en México estas deportaciones carecen de las garantías jurídicas necesarias. En Estados Unidos, señala, "el uso de procedimientos acelerados" puede dar lugar en la práctica a "deportaciones aceleradas".

Estas personas se enfrentan a su regreso a los mismos peligros de los que huyeron. Si bien "no existen estadísticas oficiales que documenten el número de migrantes deportados que son posteriormente asesinados, la información no oficial (...) sugiere que no se trata de algo insólito".

Para los emigrantes, la asistencia de las autoridades no solo es "mínima o inexistente" en los países donde son interceptados, sino que a su vuelta "los esfuerzos del Estado por protegerlos parecen terminar en el momento en el que salen por la puerta de los centros de recepción".

NEGACIÓN DE LA VIOLENCIA

A pesar de las cifras, los gobiernos del Triángulo Norte se resisten a admitir que la violencia es actualmente el principal motivo que empuja a sus habitantes a buscar una vida mejor en otros países del entorno americano.

"En lugar de eso, prefieren insistir en que, al igual que en decenios anteriores, la mayoría de la gente opta por partir en busca de mejores oportunidades económicas o para reunirse con familiares que ya han emigrado", critica Amnistía Internacional.

El secretario general de AI explica que esta posición negacionista hace que la de Centroamérica sea "una de las crisis de refugiados menos visibles del mundo". "Ya es hora de que las autoridades de El Salvador, Guatemala y Honduras (...) tomen medidas para abordar los problemas que obligan a estas personas a abandonar sus hogares", exige Shetty.

La ONG también ha reclamado a Estados Unidos y México que otorguen a estos inmigrantes la protección internacional a la que tienen derecho. En particular, ha pedido a Washington que destine su ayuda económica a diseñar e implementar mecanismos para proteger a la población en riesgo, "tanto antes como después de producirse la migración".

"Millones de personas centroamericanas se encuentran en un callejón sin salida, víctimas de países que no cumplen con su responsabilidad de proporcionarles la protección internacional que necesitan, y de la falta absoluta de capacidad y de voluntad de sus propios gobiernos para mantenerlas a salvo del más trágico de los finales", lamenta Shetty.

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