Continúa la lucha contra la mutilación genital femenina en Egipto

Tres mujeres víctimas de la mutilación genital femenina
REUTERS / HAYAM ADEL
Publicado 09/03/2018 6:29:57CET

AWLAD SERAG (EGIPTO), 9 Mar. (Reuters/EP) -

La mutilación genital de niñas fue prohibida en Egipto en 2008 y criminalizada en 2016, pero la práctica continúa siendo un rito de iniciación y, a menudo, se considera como una forma de promover la castidad.

En un pequeño pueblo en la provincia sureña de Assiut, Egipto, Amany Shamej, de 16 años, que quiere convertirse en artista algún día, recuerda cómo fue cortada de forma ilegal con una cuchilla de afeitar.

"La comadrona vino a casa, mi madre me quitó la ropa interior y la mujer me dijo 'espera'", asegura Shamej, que creció en Awlad Serag. "Sentí la cuchilla de afeitar y cuando vi la sangre en las manos de la matrona me iba a morir. Pasé alrededor de un mes sin poder ir al baño porque la herida me dolía mucho si entraba en contacto con el agua", añade.

Los aldeanos afirman que los hombres prefieren que las mujeres sean cortadas y a menudo les piden a sus mujeres que se sometan al procedimiento antes de casarse con ellas.

"Todas las niñas deben ser cortadas para poder casarse", asegura la madre de Amany, Zeinab, que tiene 51 años. "Es nuestra tradición", añade.

El procedimiento se realiza a muchas jóvenes musulmanas y cristianas en Egipto y Sudán, pero no es común en otras partes del mundo árabe. También es común en Eritrea, Etiopía y Somalia.

El 87 por ciento de las mujeres y niñas de entre 15 y 49 años en Egipto se han sometido al procedimiento, según una encuesta realizada por el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia en 2016.

Según la Organización Mundial de la Salud, más de 200 millones de niñas y mujeres han sido cortadas en 30 países de África, Oriente Próximo y Asia.

En el pueblo vecino de El Wasata, Esraa Salá, de 15 años, asegura que los únicos recuerdos que tiene de la noche en la que le cortaron son la vergüenza de estar desnuda delante del médico, el miedo cuando su madre y su abuela le mantenían las piernas separadas y un dolor extremo.

"La negativa de una niña a ser cortada es inútil porque la decisión se toma desde que nace. Todo lo que una niña puede hacer es rezar para que Dios alivie el dolor de la operación", señala Nada Salá, la hermana de Esraa, de 14 años.

Su abuela, Mageda, asegura que la práctica no se puede detener porque protege la castidad de una niña. Una de las hijas de Mageda contrajo una infección tras ser cortada y ahora no puede tener hijos. Cuando se le preguntó por qué permitía que les sucediera lo mismo a sus nietas, la mujer dijo: "Querido, todo es destino".