Uno de los pescadores que estuvo 45 días a la deriva abandona su trabajo para convertirse en predicador

Actualizado 05/01/2007 3:27:10 CET

SAN JOSE, 5 Ene. (EP/AP) -

Gregorio Collado Taylor que permaneció durante 45 días vagando sin rumbo y sin comida en un bote averiado, anunció su intención de abandonar su trabajo para dedicarse a predicar con el objetivo de "evangelizar la palabra de Dios y decir que los milagros existen".

Collado zarpó el 16 de noviembre a mando de la embarcación "Piscis III", junto a sus dos hijos Minier Manuel de 18 años y Beiry Gregorio, de 17. Los acompañaron su sobrino Kevin de Jesús Reyes, de 15 años y un amigo, Roder Andrés Quintero, de 18.

Esperaban una buena pesca, pero un fallo mecánico los dejó a la deriva a pesar de que el bote de 15 metros de largo de fibra de vidrio se encontraba en excelente estado.

Después se quedaron sin comida y con poca agua, por lo que empezaron a racionarla, "media tacita cada uno por la mañana y media tacita en la tarde", relató el experimentado pescador, cuatro días después de su rescate.

"Salimos a pescar y nos encontramos con algo inesperado... nos logramos comunicar con el 'Calixto II' de San Juan de Nicaragua y siempre nos dijeron que nos iban a ayudar, pero nunca aparecieron, perdimos el radio y las corrientes nos fueron llevando cada vez más hacia lo desconocido", contó con voz entrecortada.

En medio de lágrimas, recordó que los jóvenes "empezaron a pensar muy mal y uno (Beiry) incluso andaba con un machete pensando en suicidarse, porque pensaban que ya no verían más a su familia, para ellos era muy duro; yo no dormía y en las madrugadas lloraba amargamente y oraba pidiendo fuerzas a Dios".

Los estragos de su experiencia sin visibles: de 90 kilos de peso bajó a 65 kilos. Contó que sobrevivieron comiendo pescados y la carne de tortugas que se acercaban al bote, así como su sangre "Antes había oído a otros pescadores contar que era buena (la sangre) pues tiene agua y la necesitábamos, tiene un sabor dulce", detalló.

Collado afirmó que "yo me retiro de la pesca, pero no por miedo, sino porque lo que pasó es un milagro y voy a dedicarme a evangelizar la palabra de Dios y a decir que los milagros existen".

"Fueron días de una incertidumbre horrible, no tuvimos Navidad no celebración de Año Nuevo... ahora tengo un hijo que llegó nuevo, lleno de esperanza", expresó su cuñada, Carmen Avilés.

"El 31 de diciembre pasó cerca el naviero polaco 'Warrior'. Nos vieron y en un bote pequeño llegó hasta nosotros el segundo capitán y unos marineros. Nos llevaron al buque. Aunque no hablaban nuestro idioma yo podía ver en sus semblantes que nos apreciaban; el capitán nos abrazó, nos atendió de maravilla y alistaron una gran mesa con comida", relató Collado.

Para ese momento la esperanza estaba casi perdida, murmura, pues a lo lejos, de noche, podían ver luces que resplandecían en las costas de El Salvador, pero nadie llegaba en su auxilio.

"Hemos sido rescatados, todos estamos bien, avisa a nuestras familias", fue el corto mensaje que Collado tuvo la oportunidad de dar a una amiga la madrugada del 1 de enero, cuando pudo usar el teléfono del buque polaco, que se desvió un poco de su rumbo para entregar a los pescadores a una patrullera de Guardacostas costarricense.