Los costarricenses votan este domingo en unas elecciones marcadas por la incertidumbre

Simpatizantes del candidato presidencial Juan Diego Castro
REUTERS / JUAN CARLOS ULATE
  
Actualizado 03/02/2018 9:23:24 CET

El Trump costarricense y un líder cristiano se han colado entre los cinco candidatos con opciones de victoria

MADRID, 3 Feb. (EUROPA PRESS) -

Los costarricenses votan este domingo en unas elecciones inéditas por el alto grado de incertidumbre. Hasta cinco candidatos están en condiciones de luchar por la segunda vuelta y uno de cada tres 'ticos' aún no sabe a quién votar. El resultado no puede estar más abierto. Lo único claro es que el nuevo presidente se decidirá en el balotaje del 1 de abril.

Más de 3,3 millones de costarricenses están llamados a la urnas este 4 de febrero para elegir al sucesor de Luis Guillermo Solís en la Casa Presidencial y a su primer y segundo vicepresidente, así como a los 57 miembros de la Asamblea Legislativa, para un periodo de cuatro años.

Los sondeos sobre intención de voto revelan que la sorprendente victoria de Solís en 2014, que supuso la irrupción de nuevos partidos en la política costarricense, no fue una anécdota, sino que se ha convertido en auténtica tendencia y se reflejará también en el resultado de este domingo.

Solís, del Partido Acción Nacional (PAC), acabó con la hegemonía bipartidista del Partido Liberación Nacional (PLN) y el Partido Unidad Social Cristiana (PUSC). Esta vez el abanico es más amplio y hace casi imposible que algún candidato se alce con el 40 por ciento necesario para proclamarse ganador en primera vuelta.

Antonio Álvarez Desanti, del PLN, parecía el mejor posicionado para lograr el pase a segunda. En agosto sumaba un 25 por ciento de las preferencias pero estos meses ha sufrido una sangría que le ha dejado con un 12,4 por ciento, según una encuesta realizada por el Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP) de la Universidad de Costa Rica (UCR).

Álvarez Desanti, que representa a "la derecha más tradicional", según ha contado a Europa Press la experta en América Latina del CIDOB, Anna Ayuso, está en situación de empate técnico con Fabricio Alvarado, candidato del Partido Restauración Nacional (PRN), al que dicha medición concede un 16,9 por ciento, aunque en diciembre no sumaba más de un tres por ciento, lo que da idea de la volatilidad del voto.

Alvarado ha conseguido colarse entre los favoritos gracias a sus firmes convicciones religiosas. De 43 años y famoso por su música cristiana, ha hecho de la lucha contra "la ideología de género", el matrimonio entre personas del mismo sexo y las relaciones sexuales "impropias" los pilares de su campaña. "Costa Rica es un país que quiere que defiendan sus principios y sus valores fundamentales, como la vida y la familia", ha dicho.

En un tercer puesto intermedio se sitúa el aspirante oficialista, Carlos Alvarado. Al igual que su contrincante del PRN, la entrada del abanderado del PAC en la carrera por la Presidencia ha sido del todo inesperada. Actualmente, aglutina un 10,6 por ciento de las preferencias de voto, el doble de la cifra con la que cerró 2017, lo que le permite competir en los puestos altos y bajos del quinteto.

Juan Diego Castro, del Partido de Integración Nacional (PIN), es "el valor en alza" de estas elecciones, de acuerdo con Ayuso. Ha sido comparado con el presidente de Estados Unidos por su vis populista. "No se si lo equipararía (con Donald Trump), pero desde luego está yendo a los temas que le duelen a la gente: corrupción, desempleo e inseguridad", ha señalado la investigadora del 'think tank' español. En su caso, conseguiría un 8,6 por ciento.

A la zaga, pero no descartado, está Rodolfo Piza, del PUSC. Le cayó la nominación presidencial en el último minuto por las pugnas intestinas en el PUSC y, a pesar de que había conseguido mantenerse en el podio de los potenciales ganadores, con el arranque de 2018 se ha desplomado y quedado en un 8,2 por ciento.

HARTAZGO COSTARRICENSE

La razón de que haya cinco candidatos con opciones de éxito es el elevado nivel de indecisos. Un 36,5 por ciento de los costarricenses, de acuerdo con el CIEP, todavía no ha decidido qué papeleta escogerá el domingo, una cifra récord. "Lo que busca la gente es una alternativa, un recambio, y de momento no hay una figura clara", ha apuntado Ayuso.

Para ella, esto se debe a la sucesión de escándalos de corrupción que han dominado la política costarricense en los últimos tiempos. El más sonado, el conocido popularmente como 'cementazo', en el que se investiga la concesión irregular de un préstamo de 31,5 millones de dólares del Banco de Costa Rica a un empresario para la importación de cemento chino, ha salpicado a los tres poderes del Estado y amenaza con llevar a altos cargos a la cárcel.

"Hay mucho disgusto con la corrupción. Creo que es el tema más fuerte de la campaña", ha sostenido la experta del CIDOB. Y eso explica, entre otras cosas, la aparición de un "outsider", de un candidato antisistema, como Castro, quien ha reconocido que, si gana la Presidencia, no tiene gente suficiente en su partido para conformar su propio Gobierno.

Hay otros temas dominantes, como el desempleo y la inseguridad. No alcanzan índices preocupantes, teniendo en cuenta el contexto regional, pero han ido escalando hasta niveles inusuales para Costa Rica, un país de clase media y con un estado del bienestar razonable que ha escapado al círculo vicioso de pobreza y violencia de Centroamérica.

Otras cuestiones de índole social han cobrado fuerza a raíz de una serie de fallos de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CoIDH) que instan a Costa Rica a reconocer los derechos sexuales y reproductivos y los derechos de la comunidad LGTB, en un país --el único de América-- que sigue teniendo una religión oficial (la católica). De ahí, señalan los expertos, el ascenso meteórico de Alvarado, que ahora pugna incluso por el primer puesto.

A SEGUNDA VUELTA

Con todo ello, el duelo del 1 de abril entre los dos candidatos más votados este 4 de febrero parece inevitable. Será la tercera vez en la historia democrática del país que el presidente se decida en segunda vuelta. La primera fue en 2002, con Abel Pacheco (PUSC), y la segunda y última en 2014, con Solís, si bien finalmente Johnny Araya se retiró para evitar una derrota humillante.

"En un escenario multipartidista la regla es la segunda vuelta, la excepción es que se resuelva en una primera. Estamos absolutamente preparados para ese escenario", ha comentado el presidente del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE), Luis Antonio Sobrado, en declaraciones al Canal 7.

La incertidumbre se traslada también a la Asamblea Legislativa porque se espera que la actual fragmentación --hay nueve grupos parlamentarios-- se repita e incluso se acentúe, lo que podría hacer ingobernable una cámara de tan solo 57 escaños. Así, sea quien sea el próximo presidente tendrá como primer reto fraguar las mayorías necesarias para poder gobernar hasta 2022.

Este escenario revolucionario en el panorama costarricense se debe a que "hay un elector cada vez más crítico, que no se casa con un color político", ha indicado Sobrado. "Es un elector que no entrega fácilmente su voto", ha destacado. En opinión de Felipe Alpizar, director del CIEP consultado por 'La Nación', no cabe duda: la elección a cualquier nivel "está totalmente abierta".