Crisis en Somalia: Uno a uno mis hijos se desvanecieron

 

Crisis en Somalia: Uno a uno mis hijos se desvanecieron

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Desplazados somalíes en Baidoa
ZOHRA BENSEMRA/REUTERS
   
Actualizado 01/05/2017 11:15:01 CET

Los casos de cólera y las muertes por malnutrición van en continuo aumento

Save The Children denuncia el aumento de la violencia y de la explotación infantil a causa de la sequía en Somalia 

LONDRES, 1 May. (Por Sean Ryan, Save the Children UK) -

La primera en morir fue la pequeña Isse Salat, de 8 años. Le siguieron sus hermanos, Noor, de 12, Sangabo, de 9, y Alio, de tan solo 5 años. Sus padres sufrieron lo inimaginable al ver a sus cuatro hijos deshidratados y destruidos por el cólera en el espacio de cuatro días.

"La única medicina que tenía para ellos eran pastillas antiparásito", susurra su padre, Mohamed, con la cara sombría por el dolor. "No hubo nada que pudiera hacer en ningún momento. Era su destino pero fue terrible para nosotros", reconoce.

Mohamed y su mujer, que estaban a 30 kilómetros de una clínica pero no tenían modo de llegar allí, decidieron salvar a los cuatro hijos que aún vivían de entre 9 y 18 años, de una suerte similar. Caminaron 80 kilómetros durante siete días hasta Baidoa, la segunda ciudad de Somalia, donde ahora ocupan una tienda de campaña dentro del recinto de una clínica gestionada por Save the Children.

Miles de personas que han abandonado sus casas por la peor sequía que se recuerda están llegando cada día a Baidoa. Ancianos, adolescentes embarazadas y parejas que han llevado a sus hijos pequeños durante 100 kilómetros o más están llegando a los pedregosos eriales alrededor de la ciudad.

TUMBAS EN LA CUNETA

Más de 150.000 en total han abandonado pueblos que se han quedado sin comida y han hecho el peligroso viaje hasta la ciudad, solo para encontrar que no hay suficiente agua para ellos allí. El único cobijo que se les ofrece de los cerca de 40 grados de temperatura son unas pocas coberturas de plástico sujetas por palos.

Muchas de estas personas pacientes y dignas han enterrado a sus seres queridos que han muerto por el cólera o el hambre en casa. Algunas han visto a niños malnutridos morir en el camino y han tenido que cavar sus tumbas en la cuneta.

En toda Somalia, el país más afectado por la creciente crisis alimentaria del Cuerno de África, más de medio millón han abandonado sus hogares en escenas épicas que muestran no solo la desesperada urgencia de los llamamientos de fondos sino también, y tristemente, los límites del alcance de las agencias humanitarias.

El director de Save the Children en Somalia, Hassan Noor Saadi, estima que se salvarán 200.000 con la generosidad de los donantes, que van desde el Departamento para el Desarrollo Internacional de Reino Unido, que ha prometido 110 millones de libras para el país, a los escolares que recaudaron unas pocas libras el mes pasado para llamamiento por 50 millones de libras del Comité de Emergencia ante de Desastres para África Oriental.

Sin embargo, más de 60.000 personas hambrientas podrían morir aún, considera Saadi, principalmente en localidades a las que las organizaciones humanitarias occidentales y Naciones Unidas tienen poco o ningún acceso. Esto se debe a que las zonas rurales están controladas en gran medida por el grupo islamista Al Shabaab.

AL BORDE DE LA CATÁSTROFE

A medida que el cólera se propaga, cobrándose más vidas de lo que sugieren las cifras oficiales, y las crecientes muertes por hambre provocan advertencias de una hambruna a gran escala en dos meses, el presidente somalí, Mohamed Abdulá Mohamed, ha advertido a Al Shabaab de que deponga las armas en 60 días o se enfrente a la 'guerra'.

El recién elegido presidente, que escribió una tesis sobre 'El interés estratégico de Estados Unidos en Somalia' para su máster en ciencias políticas en la Universidad de Buffalo, está reflejando la postura militar de Donald Trump, pero el momento de su declaración ha provocado preocupación entre las agencias humanitarias.

"Estamos al borde de una catástrofe masiva en Somalia, con la muerte de tres cuartas partes del ganado, un rápido incremento del número de niños con desnutrición extrema y el agotamiento de las fuentes de agua en decenas de comunidades", ha resaltado Saadi.

La 'catástrofe' queda resumida en la conmovedora historia de Adan Muktar, un agricultor de 36 años. Cuando la sequía mató a sus tres animales decidió que la mejor opción para su familia era un viaje de 90 kilómetros hasta Baidoa en burro y un carro.

Pero el burro murió y el agua de la familia pronto se agotó. Adnan vio la vida esfumarse de su hijo de 2 años; luego, cinco días después, de su segundo hijo, de 3. "Los enterré en la cuneta", recuerda, encogido de dolor por el recuerdo.

Su mujer Fiday, de 24 años, que estaba embarazada de 8 ocho meses, de alguna manera consiguió caminar hasta el campamento a tiempo para dar a luz. A la pareja les quedan otros tres hijos así como el nuevo bebé. "Es la voluntad de Dios", afirma Adnand.

NUEVOS CASOS DE CÓLERA

Una de las consecuencias mortales del éxodo desde el campo ha sido el continuado incremento de nuevos casos de cólera en Baidoa. De las 1.800 personas llevadas al centro de tratamiento de cólera de Save the Children desde que se estableció en febrero, 19 han muerto. Casi todas procedían de fuera de la ciudad y llegaron demasiado tarde para ser salvadas. Dos niños, uno de ellos menor de cinco años, murieron antes de que pudieran siquiera ser examinados.

La semana pasada, los afortunados yacían en 'camas de cólera' de tela, quejándose con los ojos abiertos a unos padres que les abanican con cartón mientras los goteros les suministran los fluidos y antibióticos que necesitan. Los equipos médicos móviles han salvado a otros 750.

Los médicos subrayan que el cólera puede matar en unas horas desde que aparecen los primeros signos de vómitos y diarrea. Es especialmente letal en niños que están malnutridos, y las cifras de los identificados con 'malnutrición severa' están aumentando mucho en el Hospital Regional de Bay en Baidoa.

Entre ellos está Hakima Lam, de 5 años y que pesaba solo 8,3 kilos cuando llegó. Su madre, Fardosa, que ya tiene tres hijos a sus 18 años, la ha visto ganar 3 kilos pero todavía parece demacrada y su vista podría haber quedado permanentemente dañada por el sarampión.

El cólera también parece estar arraigando en el campo de Mogor y Manyo, uno de los 155 para desplazados que se encuentran en los alrededores de la ciudad. Aquí, 7.000 almas han llegado en un mes. La ONU está repartiendo agua, pero solo basta para la mitad de ellos.

Están amontonados en pequeñas tiendas de campaña improvisadas con nada que comer. No hay letrinas. Los primeros casos sospechosos de enfermedad ya se han registrado.

Incluso las lluvias que se espera caigan este mes supondrán poco alivio inmediato. Las cosechas tardarán meses en crecer, las vacas tardarán hasta un año en producir leche y los desechos humanos que contaminan los suministros de agua darán al cólera precisamente las condiciones que necesita para desarrollarse.

DOS MILLONES FUERA DE ALCANCE

Más de dos millones de personas se cree que están fuera del alcance de la ayuda occidental en territorio controlado por Al Shabaab. Nadie están contando los muertos en estas zonas rurales, pero las cifras de víctimas del cólera se cree que sería varias veces superior al balance oficial de unos 500, y los signos son de que las muertes vinculadas con la malnutrición están aumentando rápido.

Treinta personas se reunieron en torno a un responsable de asistencia en el campo de Mogor y Manyou, incluida una mujer embarazada que no había comido durante tres días. Cuando se les preguntó quién había perdido a un miembro de su familia, todas las manos se alzaron.

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