Costa de Marfil continúa dividido cinco años después del intento de derrocamiento de Gbagbo

Actualizado 19/09/2007 14:40:28 CET

El país africano sigue enfrentado al caos, la impunidad, el aumento de la pobreza y la incertidumbre sobre su futuro político

PARÍS, 19 Sep. (EUROPA PRESS) -

Cinco años después del intento de golpe de Estado del 19 de septiembre de 2002, que dividió al país en dos, Costa de Marfil sigue esperando a que llegue la reunificación entre el norte y el sur y mantiene una gran incertidumbre sobre su futuro político, todo ello en medio de un claro incremento de la tasa de pobreza y de un notable aumento de la inseguridad, el desorden y la impunidad.

En la noche del 18 al 19 septiembre de 2002, el grupo rebelde Fuerzas Nuevas (FN), formado por un grupo de lo más variopinto de militares desertores y asaltantes de todo tipo, atacó las principales guarniciones militares en Abidjan, Bouaké y Korhogo. El intento de derrocar al presidente Laurent Gbagbo en Abidjan fracasó, tras lo cual los sublevados se replegaron y se hicieron fuertes en el norte del país.

Lo que se presumía como una guerra civil generalizada no ocurrió finalmente y los dos bandos cesaron sus enfrentamientos, ya de por sí muy limitados, a finales de 2004. No obstante, el país entró en una profunda división territorial que a fecha de hoy no se ha solucionado ni permite atisbar una salida.

El pasado 4 de marzo de 2007, el presidente Laurent Gbagbo y el líder de las FN (y actual primer ministro) Guillaume Soro firmaron un acuerdo de paz y reconciliación, tras el cual la fuerza 'Unicornio' del Ejército francés, desplegada entre los dos bandos como fuerza de interposición en septiembre de 2002, entregó al Ejército gubernamental el control del aeropuerto internacional de Yamoussoukro, capital oficial del país, en el centro.

No obstante, a juicio de los analistas, desde entonces no ha habido auténticos avances hacia la reconciliación. El pasado 29 de junio, Guillaume Soro sobrevivió a un atentado terrorista en el Aeropuerto Internacional de Bouaké, y aunque este incidente contribuyó a unir fuerzas en favor de la reconciliación, el país sigue dividido a la espera de que los dos bandos se pongan de acuerdo.

LAS ELECCIONES

Entre los problemas pendientes destaca la celebración de elecciones presidenciales, que desde 2005 se han venido aplazando de octubre a octubre fundamentalmente debido a problemas logísticos. Tras su acuerdo con los rebeldes, Laurent Gbagbo expresó su voluntad de celebrar las elecciones lo antes posible, pero Guillaume Soro ya ha mostrado su opinión de que no hay que precipitarse.

El pasado 13 de septiembre la Comisión Electoral Independiente estimó que los comicios presidenciales tampoco podrían celebrarse en octubre de este año y, por tanto, anunció que deberían celebrarse "razonablemente hacia octubre de 2008", según el diario francés 'Le Nouvel Observateur'.

No obstante, Gbagbo se manifestó ayer claramente contrario a esta fecha para la celebración de las presidenciales, según informó hoy el diario marfileño 'Fraternite-Matin'.

Otro problema pendiente es la propia reunificación. En virtud del acuerdo de marzo, los prefectos y subprefectos comenzaron este verano a recuperar sus funciones administrativas en el norte, pero la realidad es muy distinta. En este sentido, la publicación francófona suiza 'Le Temps' se preguntaba hoy "cómo van a recuperar su poder ante jefes de guerra rebeldes que en ocasiones se niegan a ceder nada".

En cuanto al Ejército, el principal problema es la polémica surgida en torno a si se deben respetar los grados militares adquiridos por los soldados rebeldes en estos cinco años, un asunto que, a juicio de los observadores, no es sino una excusa para no poner fin a una guerra que, a golpe de primas, ha permitido duplicar el sueldo de los soldados gubernamentales.

"La debilidad del Estado ha creado desorden e impunidad", afirmó el presidente de la Liga Marfileña de Derechos Humanos, Patrick N'Gouan, citado por 'Le Nouvel Observateur'. Como consecuencia de ello, "se han desarrollado numerosas redes subterráneas muy poderosas", añadió.

DIVISIÓN Y POBREZA

Otro problema al que se enfrenta el país es el incremento de la tasa de pobreza, que ha pasado del 33 al 45 por ciento en estos cinco años. La producción del cacao y el comienzo de la explotación del petróleo han permitido a la economía marfileña sobrellevar más o menos la crisis.

Pero esta situación sólo favorece a una élite, frente a una mayoría de la población que sufre las consecuencias de la división, sobre todo por sus efectos en la libertad de circulación, y del aumento de la inflación.

"La tasa de crecimiento en estos cinco años se acerca a cero, la inseguridad y la corrupción se generalizan, la tasa de pobreza ha pasado del 33 a cerca del 45 por ciento, la esperanza de vida de 52 a 46 años", afirma Patrick N'Gouan. Todo ello coincide con las exhibiciones de lujo, en ocasiones excesivas, de algunos de los principales dirigentes del país.

FRANCIA

La comunidad internacional tampoco ha actuado adecuadamente en un conflicto que considera menos urgente que otros, como los de Somalia, Irak, Afganistán o Líbano. La propia Francia del entonces presidente Jacques Chirac optó desde un primer momento por el envío de una fuerza de interposición en vez de apoyar al presidente legítimo, una actitud que Gbagbo nunca ha podido digerir.

En noviembre de 2004 se consumó la ruptura entre Costa de Marfil y su antigua metrópoli tras la muerte de nueve soldados franceses en Bouaké en el curso de un ataque aéreo del Ejército marfileño. Desde entonces las relaciones siguen fuertemente deterioradas.

La victoria, el pasado mes de mayo, de Nicolas Sarkozy en las elecciones presidenciales francesas ha generado ciertas esperanzas entre los dirigentes marfileños, que creen llegado oportuno el momento de renegociar "todo" con los franceses, tanto los acuerdos militares como los intercambios bilaterales, según destacó el semanario 'Jeune Afrique'.

No obstante, según destacó hoy el diario 'Liberation', de momento no figura en la agenda de Sarkozy reunirse con las autoridades del país africano, y el Elíseo no tiene intención de lanzar ninguna iniciativa en tanto no se celebren elecciones "justas y creíbles" en Costa de Marfil, según el diario parisino.

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