La cumbre entre Trump y Kim vuelve a poner a Singapur como ejemplo de neutralidad en tiempos convulsos

Sentosa, escenario cumbre Trump-Kim
REUTERS / KIM KYUNG HOON  
Actualizado 10/06/2018 15:09:04 CET

La república emerge una vez más como la "Suiza" de Asia merced a la espectacular transformación social y económica experimentada tras su descolonización

MADRID, 10 Jun. (EUROPA PRESS) -

La histórica cumbre del próximo 12 de junio entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el líder de Corea del Norte, Kim Jong Un, se celebra en Singapur, una ciudad-estado que se granjeó una merecida reputación de neutralidad tras auspiciar, hace tres años, otro encuentro de similar calibre: el que mantuvieron el presidente chino, Xi Jinping, y el entonces líder de Taiwán, Ma Ying Jeou, para dilucidar el futuro de la isla y su tensa relación con Pekín.

Singapur carece evidentemente de la enjundia histórica de la gran sede diplomática mundial por excelencia, Ginebra, pero su estatus como centro internacional de negociación no deja de crecer. La tranquilidad que caracteriza a sus relaciones multilaterales es otro éxito más de la política diseñada en 1965, año de su independencia del colonialismo británico, por el padre de la república, Lee Kuan Yew: un ejemplo de microgestión que transformó Singapur de un país tercermundista a una potencia económica asiática en cuestión de años, a costa de convertirse en los países más regulados del mundo.

Como ejemplo, si bien la república mantiene estrechas relaciones con Estados Unidos, aunque no existe realmente un tratado formal con Washington. Este caso se aplica a multitud de estados. Desde su independencia, más de 2.000 buques de guerra de unos 30 países han atracado en sus puertos. La educación nacional hace especial hincapié en los modos y maneras de comportamiento, e impone obligatoriamente el uso del inglés, como parte de un programa de adiestramiento -- criticado duramente a lo largo de décadas por organizaciones pro Derechos Humanos por el uso y abuso del castigo corporal -- centrado en convertir a la isla en un ejemplo de modernidad y progreso.

"Es precisamente esta clase de actitud, la de ser 'el buen anfitrión', sin llegar a ser un metomentodo, la que ha llevado a Singapur a ser un lugar especialmente querido por muchos países rivales", ha explicado al 'South China Morning Post' el asesor de asuntos internacionales del Instituto Asiático para el Liderazgo y la Estrategia, Oh Ei Sun. Como explicó a la perfección el pasado miércoles el ministro de Exteriores singapurense, Vivian Balakrishnan: "Estamos aquí para servir el té y el café".

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Y otra prueba de ello es que Singapur en ningún momento se ha ofrecido como escenario de la cumbre. "La única forma de conseguir que Singapur actúe como medidador es a través de la petición de una o de las dos partes", añade el asesor. El ministro Balakrishnan ha confirmado que fue Washington primero, y Pyongyang después, quienes solicitaron celebrar allí la cumbre.

UN HOTEL CON HISTORIA

En la pequeña isleta de Sentosa, concretamente. Un apéndice de la isla principal empleado en su día como campo de prisioneros de guerra, y cementerio, por las fuerzas japonesas en la Segunda Guerra Mundial, hasta recibir el apodo de "la isla de la disentería".

Nada de eso existe ya en la superficie. Sentosa, cuyo nombre actual significa "Paz y tranquilidad" y a la que solo se puede acceder por una entrada, alberga ahora un parque temático de Universal Studios, casinos, playas y su edificio estrella, el hotel Capella, uno de los lugares donde permanecerán ambos líderes y sus delegaciones.

El hotel, abierto en 2009, es un proyecto del legendario arquitecto británico Norman Foster, quien readaptó los antiguos barracones familiares donde vivían los oficiales de artillería británicos a finales del siglo XIX más un ala de creación propia que circunda las reformadas estructuras colonialistas.

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Comprende 112 habitaciones, piscina, spa, todos los lujos que se le atribuyen a un hotel de su categoría, y la presencia esporádica de pavos reales que se pasean por su interior.

El lugar va acompañado de su propia leyenda: la posible existencia de plata enterrada por los oficiales británicos antes de la invasión japonesa. Malasia acabó recuperando parte de la misma, "pero se desconoce qué ha pasado con el resto y es posible que siga bajo el césped", según la web oficial del hotel.

SEGURIDAD EXTREMA

Aunque no se proporcionarán detalles específicos del lugar hasta el último momento, se da por seguro que la cumbre no se celebrará íntegramente en el hotel, lo que ha llevado a las autoridades singapurenses a desarrollar un plan de seguridad que abarcará a la ciudad entera.

En especial si, como se sospecha, ambos se trasladan al lujoso barrio de la Orquídea, el centro financiero y diplomático de Singapur, donde se encuentra otro posible escenario, el hotel Shangri-La, donde se reunieron los líderes de China y Taiwán, y Singapur celebra anualmente su foro de seguridad internacional del mismo nombre.

Al margen de la protección individual de Trump y Kim, Singapur ha puesto en máxima alerta a su unidad especial de Policía, el Contingente Gurka, mientras se espera el cierre completo de Sentosa al tráfico, "un fastidio", según confiesa a Reuters una de sus residentes, Patricia Siswandjo, "porque solo hay una entrada".

VEINTE MILLONES DE DÓLARES

El proyecto de ley que ha sido necesario aprobar para albergar la histórica cumbre estima que el coste total del evento ascenderá aproximadamente a los 20 millones de dólares, la mitad de ellos destinado a seguridad. "Es un coste que estamos dispuestos a pagar por la estabilidad internacional", ha declarado este domingo el primer ministro, Lee Hsien Loong.

"Desde nuestro punto de vista, es importante que la reunión tenga lugar, y que la reunión contribuya al desarrollo de una nueva trayectoria, una que conduzca a la seguridad y estabilidad de la región", ha manifestado.

Para el primer ministro es una oportunidad única para consolidar su estatus. "Esta reunión no solo revela cómo está la situación actual entre Corea del Norte y Estados Unidos, sino que dice muchas cosas de nosotros, como país", ha añadido durante una rueda de prensa recogida por el 'Straits Times'.

"Simplemente, no podíamos decir que no", consideró, antes de volver a apelar al espíritu inculcado por el padre de la República: "Las circunstancias han apremiado, pero a base de esfuerzo, podemos hacer un buen trabajo".