La desnutrición recurrente: una epidemia silenciosa y devastadora en Chad

Mujeres con niños desnutridos en clínica de MSF en Chad
CHARLOTTE MORRIS
  
Actualizado 24/09/2016 8:49:02 CET

MSF gestiona 15 clínicas móviles para niños desnutridos en la región de Bokoro

MADRID, 24 Sep. (Por Médicos Sin Fronteras) -

"Para los niños, la situación aquí es grave". Así lo explica Bernadette Ammaji mientras prepara la comida para los niños desnutridos y sus madres en el centro de alimentación terapéutica de Médicos Sin Fronteras (MSF) en la ciudad de Bokoro, en el centro de Chad.

"Algunas madres no tienen los medios para poder alimentar a sus hijos. Otras sí, pero no los cuidan lo suficiente debido a su falta de educación en higiene y nutrición. Tienes que ser fuerte y valiente para cuidar a un niño aquí. No es fácil".

Bernadette trabaja con MSF desde 2012, es una de los más de 200 empleados que trabajan para erradicar la desnutrición en la región, un mal endémico en Bokoro, al igual que en buena parte de Chad, con casi la mitad de las muertes infantiles del país asociadas a esta situación.

La región de Bokoro se encuentra a unos 300 kilómetros al este de Yamena, la capital, y se extiende hacia el centro del país sin salida al mar. Se trata de una región relativamente estable y a la vez descuidada. En general, no aparece en los titulares a causa de la presencia insidiosa de Boko Haram en el noroeste de Chad.

Este año, en los pueblos de la región de Bokoro y en colaboración con el Ministerio de Salud, MSF gestiona 15 clínicas móviles para niños desnutridos de entre seis meses y cinco años de edad.

En la ciudad de Bokoro, en un hospital del Ministerio de Salud, MSF cuenta con un centro hospitalario de nutrición terapéutica. Es en su unidad de cuidados intensivos donde se traslada a los niños más enfermos.

Además, por primera vez, MSF también trabaja en la zona con el fin de identificar y tratar de evitar que los niños en riesgo de desnutrición caigan enfermos.

Charlotte Morris

UN 'CLIMA EXTREMO'

El clima de Bokoro es duro. Se alcanzan los 45 grados y la temporada de lluvias es muy corta. "Aquí, las condiciones de vida son muy difíciles", declara Suzanne Moher, epidemióloga española de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Bokoro. "Sí, ahora está verde pero, cuando llegué aquí hace un par de meses, no había ninguna señal de vida", añade.

Y es que la población tiene solo un par de meses para cultivar y cosechar cultivos suficientes -por lo general mijo- para pasar el año. La mayoría de la población se dedica a la agricultura de subsistencia, por lo que una mala cosecha puede ser devastadora.

Actualmente, todos los días cientos de mujeres llevan a sus hijos a las clínicas móviles de MSF; mientras, la cifra de niños con desnutrición alcanza ya su máximo anual.

Las familias aún no han recogido la cosecha de esta temporada, pero la del año pasado fue mala y algunas se han quedado sin alimentos.
El mes pasado, MSF transfirió cada semana una media de 50 bebés a su unidad de cuidados intensivos en Bokoro para que recibieran atención urgente.

TRADICIONES PERJUDICIALES

Además, los bebés y niños pequeños de Bokoro también acaban desnutridos debido a unas prácticas culturales que, involuntariamente, pueden causar más daño que bien.

"Algunas madres creen que, cuando están embarazadas de su próximo hijo, la leche materna ya no es buena para el que ya tienen", explica Bénédicte La-Toumbayle, enfermera en el centro de alimentación terapéutica de MSF en Bokoro. "Creen que seguir alimentando a su bebé con leche materna dañará al futuro hijo que llevan en el vientre", añade.

A menudo, las madres prefieren llevar a su hijo enfermo a un líder religioso en lugar de a una clínica de salud. Los 'morabitos' (líderes religiosos islámicos) rezan oraciones coránicas para el bebé, le dan un brebaje a base de plantas que puede ser venenoso, y hacen tres cortes en su estómago o le cortan la campanilla, en la parte posterior de la garganta.

En el mejor de los casos, los bebés desnutridos reciben el tratamiento que necesitan más tarde; en el peor, y con un sistema inmunitario debilitado por la falta de alimentos, mueren por envenenamiento o por infección.

Tampoco ayuda que el viaje a las clínicas de salud pública de Chad sea costoso o que, a menudo, estas no tengan ni los medicamentos necesarios ni personal lo suficientemente capacitado.

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Y es que, a pesar de una política nacional de atención gratuita para los niños desnutridos, a menudo existen otros costes ocultos que obstaculizan el acceso a esta atención médica esencial.

"Por desgracia, hoy ha muerto un niño", afirma Bénédicte. "En casa le habían dado de comer un tratamiento tradicional que le envenenó. Cuando llegó aquí, hicimos todo lo que pudimos. Es triste ver a tantos niños sufrir, pero también es lo que me motiva a seguir adelante y ayudarles".

FALTA DE EDUCACIÓN

La falta de educación en materia de nutrición es un agravante. "En lugar de la leche materna, a veces las madres alimentan los bebés con leche de cabra, bouille (una especie de caldo hecho a base de mijo) u otros alimentos 'adultos'. Como resultado, el niño termina con diarrea y desnutrido", dice Bénédicte.

Los índices de educación en Chad son bajos, con una tasa de alfabetización de solo el 33%. La mayoría de madres que MSF ve aquí no han pasado un día en la escuela y muchas no entienden qué causa que sus hijos caigan enfermos.

Por ello, las madres que visitan tanto la consulta externa como la unidad de cuidados intensivos de MSF reciben una breve formación sobre higiene y nutrición. Se trata de una parte fundamental de la

LA PREVENCIÓN, UNA MEDIDA NECESARIA Y DESESPERADA CONTRA LOS CASOS CRÓNICOS DE DESNUTRICIÓN

Durante los últimos cinco años y en cuatro ocasiones en esta época del año, MSF ha puesto en marcha una respuesta de emergencia a la desnutrición en Bokoro.

A lo largo de este periodo, ha quedado claro que no se trata de situaciones de emergencia aisladas, sino que son parte de un patrón recurrente de desnutrición con causas complejas e interconectadas.

Tiziana Cauli/MSF

Así, este año MSF ha empezado a trabajar en Bokoro antes de que los casos de desnutrición alcancen su punto máximo -justo al inicio de la temporada de lluvias (de mayo a octubre)- mediante la puesta en marcha de clínicas externas en enero, y no en julio. Desde entonces, MSF ha tratado a más de 9.140 bebés y niños por desnutrición grave.

Este año, MSF también ha incorporado un cambio para evitar que los bebés y los niños pequeños queden desnutridos. "Los niños que vienen a nuestros centros deben estar sanos, pero corren el riesgo de estar desnutridos", afirma Elizair Djamba, supervisor del equipo de distribución de MSF en Bokoro.

"Por primera vez, estamos dando raciones de alimentos suplementarios especialmente formulados a estos niños; así les damos la oportunidad de mantenerse sanos", explica.

De esta forma, los equipos de MSF han distribuido alimentos suplementarios preparados, mosquiteras y jabón a más de 30.000 madres en todo Bokoro, junto con una pequeña formación en salud y nutrición.

El trabajo es duro, pero el personal siente con firmeza que es necesario si MSF busca tener un impacto en la malnutrición recurrente.
"A menudo, cuando llegamos a los centros de distribución, empieza a llover de forma torrencial", dice Elizair, "pero tenemos que estar bajo la lluvia con las mujeres, mostrándoles que es importante estar aquí, que merece la pena".