Desplazados por Estado Islámico llegan a Kirkuk
AKO RASHEED/REUTERS
Actualizado: sábado, 8 octubre 2016 8:37

Rahima y su familia han encontrado refugio en Kirkuk y dan gracias por seguir con vida pese a las penurias sufridas

BRUSELAS, 8 Oct. (Por Peter Biro, oficial regional de información de ECHO, y Bethany Williams, gerente regional de comunicación de Medair) -

Unos 85.000 civiles se vieron desplazados de la ciudad iraquí de Faluya durante la ofensiva a gran escala por parte del Gobierno iraquí contra el grupo terrorista Estado Islámico en mayo de 2016. Aunque la ciudad fue recuperada por las fuerzas iraquíes en junio, la población no ha podido volver debido a la grave destrucción y a la gran cantidad de bombas y otros explosivos dejados atrás en la ciudad.

La Comisión Europea está ayudando a cientos de miles de desplazados en Irak con un amplio abanico de servicios como alimentos, cobijo, agua y atención sanitaria. Una de las muchas desplazadas en Rahima, que vive con su marido y cuatro hijos en un edificio decrépito a medio construir en una zona empobrecida de la ciudad de Kirkuk.

Conocemos a Rahima en una habitación de su cobijo improvisado en un polvoriento suburbio de Kirkuk, en el norte de Irak. Una tela raída, ondeando en el cálido viento del desierto, sirve como puerta. La mujer de mediana edad ha vivido aquí desde que los combatientes de Estado Islámico y otras fuerzas antigubernamentales se hicieron con el control de Faluya, su ciudad natal, en enero de 2014.

"Estado Islámico entró en la ciudad y nos quedamos atrapados aquí", cuenta Rahima mientras sirve te. "La comisaría y los edificios gubernamentales saltaron por los aires. El Ejército respondió y nos vimos atrapados en medio", añade.

Durante los tres meses siguientes, Rahima y sus vecinos se trasladaron de un sitio a otro, buscando seguridad ante el conflicto. "Caminamos a unos cinco kilómetros hasta otra ciudad, pero el conflicto pronto llegó allí, así que continuamos a otra localidad. Para abril, esa localidad también cayó en el caos y nos fuimos a Kirkuk en camiones, sin llevar nada con nosotros", recuerda.

CAMBIO DE VIDA EN KIRKUK

A su llegada de Kirkuk, Rahima tuvo que acostumbrarse a un estilo de vida muy diferente que el que solía tener en Faluya, donde su familia poseía una casa y su marido trabajaba como 'conseguidor'.

"Primero nos instalamos en tiendas de campaña, cerca de la carretera, pero se cayeron con la lluvia. La lluvia entraba y todos nuestros colchones se mojaron, así que vinimos aquí", explica.

Aunque ahora tiene un techo sobre su cabeza, Rahima, su marido y sus cuatro hijos comparten el estrecho espacio con tras cuatro familias. Su casa se encuentra en un edificio de hormigón a medio construir, donde hay plásticos en lugar de las paredes y las ventanas. Las temperaturas caen a niveles gélidos y superan los 40 grados centígrados durante el verano. Incapaz de encontrar trabajo, la amabilidad de la comunidad anfitriona les ha dado esperanza.

"El propietario de este edificio vio nuestras condiciones de vida y nos permitió quedarnos gratis", explica Rahima. "Nuestros vecinos nos dieron un frigorífico y nos trajeron hielo en verano. Personas amables nos traen alimentos y ropas", añade.

CLÍNICAS MÓVILES DE MEDAIR

Cada semana, Rahima visita la clínica móvil de Medair para recibir tratamiento para la diabetes. La clínica es gestionada con apoyo del departamento de Ayuda Humanitaria y Protección Civil (ECHO) de la Comisión Europea para ofrecer atención primaria a personas que han huido de sus casas, así como para aquellos de la comunidad que les rodea. Las necesidades de los desplazados son amplias: en la provincia de Kirkuk hay ahora más de 380.000 desplazados.

"Ayudar a los iraquíes desplazados a recuperarse de las heridas físicas y mentales infligidas por el conflicto, al mismo tiempo que apoyamos a abrumados servicios sanitarios de la comunidad anfitriona, es una de las prioridades de la Comisión Europea en Irak", explica Javier Río Navarro, jefe de la Oficina Humanitaria de la Comisión Europea en Irak.

Debido al elevado número de desplazados, la población de Kirkuk ha aumentado dramáticamente. Como resultado de ello, los actuales servicios sanitarios son incapaces de atender la demanda extra, afirma Joy, la responsable sanitaria de Medair en Kirkuk. Aquí es donde Medair y la Comisión Europea son capaces de ayudar para llenar el hueco.

"En la clínica, el momento más remarcable para mí fue ver a una joven embarazada sonriendo al escuchar el latido de su bebé mediante un Doppler", recuerda Joy. "Encuentro motivante llegar a personas que puede que de lo contrario tengan difícil acceder a atención sanitaria", añade.

Las clínicas móviles de Medair en Kirkuk cuentan con personal sanitario tanto masculino como femenino y tratan a unos 500 pacientes cada semana. La mayoría de los pacientes sufren problemas respiratorios, gastrointestinales y de piel.

"Vamos regularmente a la clínica de Medair", afirma Rahima. "Está cerca nuestro y es gratis. Nos tratan bien y son amables incluso cuando está muy lleno. Estamos agradecidos por la clínica y damos las gracias a los habitantes de Kirkuk por su hospitalidad, no lo olvidaremos", asegura.

"LO MÁS IMPORTANTE ES QUE ESTAMOS VIVOS"

Aunque han viajado largas distancias, perdido todas sus pertenencias y viven en condiciones muy duras, Rahima y las otras familias afirman que todo palidece en comparación a lo que han salvado.

"No sabemos lo que haremos en el futuro", reconoce Rahima. "Pero el hecho de que seguimos vivos es lo más importante. Incluso si vivimos en un limbo, solo tener un lugar seguro es suficiente para nosotros", asegura.

(Este artículo fue publicado inicialmente por ECHO)

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