La educación, un pilar de la ayuda humanitaria

Una niña refugiada escribiendo en Uganda
ANGELA WELLS/JRS 
Actualizado 19/08/2018 9:06:59 CET

MADRID, 19 Ago. (Por Nieves Fernández y Valeria Méndez de Vigo, Entreculturas) -

Hoy, 19 de agosto, se celebra el Día Internacional de la Asistencia Humanitaria para reivindicar el papel de la ayuda humanitaria en la atenuación de los efectos de las crisis y pedir a los Estados que cumplan los compromisos adoptados en la Cumbre Humanitaria Mundial celebrada en el seno de Naciones Unidas en el año 2016.

El Informe Global de Ayuda Humanitaria 2018, publicado paralelamente al Informe de Tendencias Globales de ACNUR, refleja cómo los niveles de ayuda humanitaria alcanzan su punto más alto --los 27.300 millones de dólares-- en un momento en el que se dan las cifras récord de personas desplazadas forzosamente en el mundo, 68,5 millones en el año 2017. También señala que más de 200 millones de personas necesitaron ayuda humanitaria internacional en 2017, de las cuales una quinta parte se encontraban en Siria, Turquía y Yemen.

El hecho de que Siria se sitúe en primer lugar durante cinco años consecutivos es señal de que las crisis tienden a prolongarse. Así, 17 países de los 20 que más ayuda humanitaria han recibido lo han hecho a medio o largo plazo.

     Sergi Camara / Entreculturas

"A veces es duro creer que hay un mundo real más allá del campamento, ya que prácticamente he vivido toda mi vida aquí. Mi padre nos habla todo el tiempo de nuestro país, Congo, y nos cuenta que la vida sería más fácil allí. Pero, por desgracia, no podemos regresar por la guerra", señala Benjamin Twizere, que ha pasado la mayor parte de su vida como refugiado en Ruanda por la crisis que afecta a su país de origen, la República Democrática del Congo.

DERECHO A LA EDUCACIÓN

En este contexto de alargamiento de las crisis humanitarias cobra especial importancia la educación. Muchos niños y niñas pasan la mayor parte de su infancia en situaciones de conflicto armado y de desplazamiento forzoso o en países devastados por catástrofes medioambientales. En estos entornos, las violaciones a su derecho a la educación son muy frecuentes. Tal y como señala ACNUR, los niños, niñas y jóvenes refugiados tienen cinco veces más probabilidades de estar sin escolarizar que los no refugiados.

Por tanto, si no se garantiza su educación, estos niños y niñas corren el riesgo de pasar todo su periodo escolar sin asistir al colegio. Las consecuencias son demoledoras: se obstaculiza gravemente su desarrollo integral; se impide que estas nuevas generaciones reconstruyan sus países de origen; se expone a los niños, y sobre todo a las niñas, a peligros como el reclutamiento, la trata, los matrimonios forzados...

"En Bangui, todos aquellos que no acceden a la educación son 'adoptados': reclutados. Así que la educación es un arma muy potente contra la guerra civil", señala Eric Goeh-Akue, director del programa de África occidental del Servicio Jesuita para el Refugiado (JRS).

Es imprescindible asegurar escuelas seguras en las que niños, niñas y jóvenes puedan ejercer su derecho a una educación de calidad, inclusiva y equitativa y en las que puedan desarrollar sus proyectos de vida.

"El colegio de aquí está muy bien, nos divertimos y aprendemos mucho. Lo que más me gusta es estudiar (...) Quiero ser doctora para curar a todos los que están enfermos, que la gente no se preocupe y pueda ayudarles a que se curen", señala Solaf, 13 años, refugiada siria que asiste a un colegio de JRS y Entreculturas en Líbano.

Este carácter prioritario de la educación en los contextos de crisis humanitarias obliga a los Estados a concederle una mayor importancia. Ya existen algunas tendencias positivas como el énfasis de la Alianza Mundial por la Educación en situaciones de conflicto y emergencia, la creación del fondo "La Educación no Puede Esperar" mediante el cual los Estados planean invertir 3.850 millones de dólares en educación en contextos de crisis o el aumento del presupuesto de la Unión Europea, que en 2016 destinó a educación un 6% de la ayuda humanitaria y en 2018 se propone aumentar a un 8%.

INVERSIÓN EN EDUCACIÓN INSUFICIENTE

No obstante, estos esfuerzos resultan aún muy insuficientes. Según el informe Global de Ayuda Humanitaria 2018, aunque el presupuesto destinado a educación se incrementó en términos absolutos, alcanzando los 401 millones de dólares, su participación es todavía extremadamente baja --de un 2.1%-- y se encuentra alejada del compromiso alcanzado por la comunidad internacional del 4%.

Desde Entreculturas, recordamos que el derecho a la educación no solo no queda en suspenso en contextos de crisis humanitarias, sino que su garantía se convierte en una prioridad. Exigimos a los Estados y a la comunidad internacional que consideren la educación en situaciones de conflicto y emergencia como un pilar fundamental de la ayuda humanitaria e intensifiquen sus esfuerzos para aumentar el presupuesto destinado a educación.

España debe asignar, al menos, un 4% del presupuesto de ayuda humanitaria a educación y avanzar hacia un 6%. La efectiva garantía de este derecho es la única forma de evitar la pérdida de generaciones enteras, porque, como señala Goz Amir, profesora sudanesa con JRS en Chad, "sin educación no hay vida".