El efecto dominó, de mal a peor en el noroeste de Siria

Desplazados por la violencia en idlib FIRMA: OMAR HAJ KADOUR/MSF
 
La situación que ya es mala en Idlib empeorará a menos que cesen los ataques contra los centros de salud
Actualizado 14/02/2018 12:52:03 CET

MADRID, 14 Feb. (Por Omar Ahmed, coordinador general de Médicos Sin Fronteras para el noroeste de Siria) -

El pasado jueves 8 de febrero, un centro de salud en Mishmishan, en la región noroccidental de Idlib, fue alcanzado por un ataque aéreo. Se trata de un nuevo paso hacia el desastre en una zona de Siria que sufre profundas turbulencias. Este nuevo bombardeo resulta escandaloso e intolerable.

Es un hecho triste pero innegable que las infraestructuras civiles --específicamente las instalaciones sanitarias-- están siendo objeto de ataques en el noroeste de Siria, y los impactos --a pesar de su regularidad durante un conflicto que está a punto de cumplir siete años-- han alcanzado en estos momentos una intensidad tal que debería constituir una llamada de alerta.

MSF brindaba apoyo a las actividades de vacunación del centro de salud de Mishmishan. En la segunda mitad de 2017, el equipo vacunó a más de 10.000 niños y niñas. Este servicio ha quedado devastado. La zona de la clínica donde tenían lugar las vacunaciones ha resultado gravemente dañada y tanto el stock de vacunas como las neveras necesarias para mantener la cadena de frío están hechos añicos.

 FIRMA: OMAR HAJ KADOUR/MSF

Muchas de las personas desplazadas que llegaban a esta zona huyendo del recrudecimiento del conflicto más al sur y al este no conocían el programa de vacunación del centro, tenían miedo de desplazarse y acudir a centros de salud como el de Mishmishan o, simplemente, daban por hecho que en las condiciones actuales de la guerra era imposible que hubiera actividades de inmunización.

Todo ello nos llevó a comenzar a apoyar al equipo de vacunación con la puesta en marcha de algunas actividades de divulgación e información. La mañana en la que el centro de salud fue bombardeado, el equipo de vacunación había partido hacia las aldeas cercanas. Esta afortunada coincidencia puede haber salvado sus vidas y las de padres, madres e hijos que, de otra forma, podrían haber estado haciendo cola a la espera de recibir las vacunas en el momento del ataque.

TERRIBLE EFECTO DOMINÓ

Eso no es un consuelo para las seis personas muertas por el bombardeo, todas ellas pacientes o cuidadores. Como tampoco lo es para los 17 heridos, entre ellos tres médicos del centro de salud. Esta situación también plantea la cuestión de dónde recibirán tratamiento ahora los heridos y enfermos. Cada vez que se bombardean instalaciones médicas se produce un terrible efecto dominó.

Por ejemplo, el personal del cercano hospital de referencia en Qunaya, al que MSF proporciona apoyo, se sintió tremenda y comprensiblemente vulnerable ante lo sucedido en Mishmishan. Para minimizar la exposición de médicos y pacientes en caso de que el centro hospitalario también fuera bombardeado, la gerencia del hospital de Qunaya redujo los servicios, envió a pacientes no críticos a su casa y mantuvo un equipo reducido al mínimo indispensable al frente de la sala de urgencias y el quirófano.

El efecto dominó se desplaza en forma de ondas cada vez que hay un ataque sobre un hospital o una clínica. El resultado es que cada vez hay más personas que requieren atención médica al mismo tiempo que se reducen los centros y servicios de salud operativos.

El círculo es terriblemente vicioso. Las instalaciones sanitarias que permanecen abiertas están tan desbordadas que las consultas se hacen de forma apresurada, las probabilidades de errores en el diagnóstico son mayores, las derivaciones a otros centros de los casos más graves son más difíciles de organizar y, en ocasiones, resultan imposibles. Y así, la gravedad de las dolencias aumenta y los pacientes requieren una atención sanitaria cada vez más avanzada en un contexto donde esta es, día tras día, más escasa.

Nuestras clínicas móviles son testigos de esta situación mientras visitan los asentamientos donde familias desplazadas se amontonan en tiendas de campaña refugiándose del frío; son familias que han recorrido decenas de kilómetros huyendo de los combates y de la amenaza de los bombardeos.

Entre las necesidades médicas más frecuentes se encuentran las infecciones del tracto respiratorio y las enfermedades crónicas, como diabetes e hipertensión. Sin acceso a la atención médica, estas patologías pueden empeorar y en el caso de las enfermedades crónicas pueden llegar a ser mortales.

El equipo móvil de MSF puede tratar a los pacientes que localizan, pero hay cientos de miles de desplazados diseminadas por el norte de Idlib y no todos pueden llegar a un centro de salud o recibir la visita de personal médico.

Una situación que ya es mala está en vías de empeorar. El primer paso para evitar una catástrofe es evitar los ataques a zonas e infraestructuras civiles, como los centros de salud, que desencadenan este terrible efecto dominó.

 FIRMA: OMAR HAJ KADOUR/MSF