Escuela acelerada: UNICEF pone al día a casi ocho millones de niños que solo han conocido la guerra

UNICEF escolariza de urgencia a millones de niños sirios
REUTERS / OMAR SANADIKI
 
Actualizado 10/02/2018 9:32:57 CET

DAMASCO, 10 Feb. (Reuters/EP) -

El Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) ha puesto en marcha un programa de educación infantil acelerada destinado a siete millones y medio de niños sirios a quienes la guerra les ha impedido realizar una escolarización normal; siete millones y medio de pequeños que no recuerdan más que el conflicto armado.

Niños como Husein al Jalaf, de 13 años, que está aprendiendo a leer y escribir por primera vez en su vida en una escuela de Sahnaya, a las afueras de Damasco. Husein tenía cinco años cuando comenzó el conflicto sirio en 2011, destrozando su vida y la de su familia en la ciudad de Albu Kamal, uno de los primeros bastiones de Estado Islámico.

Hisein es uno de los miles de niños sirios enrolados en este plan de UNICEF, también centrado directamente en los nacidos durante la guerra. La escuela de Husein presenta una eduación acelerada para permitir que tantos niños como sea posible se pongan al día con los otros niños.

El plan de UNICEF comprime un año en dos y ejecuta dos turnos al día. Hay 64 maestros por turno y cada clase tiene 40-50 estudiantes. La escuela tiene 1.750 estudiantes, el doble del número antes de la guerra.

Siria tenía 20.000 escuelas antes de la guerra pero solo 11.000 están funcionando; el resto o están destruidas, o inutilizables, o empleadas como cuarteles por las fuerzas armadas o grupos de milicianos, según la agencia.

Según UNICEF, hay 2,5 millones de niños refugiados sirios que viven fuera del país y 2,6 millones de desplazados internos. El impacto a largo plazo en estos niños es enorme.

"Mis padres dijeron que debería estar en primer grado, pero quería estar en quinto grado para que los otros niños no se burlaran de mí. Y se burlan, pero no respondo", ha dicho Jalaf. El joven reconoce que "no he ido a la escuela desde que nací". "Estado Islámico", recuerda, "quería secuestrarnos para que nos unéramos a ellos".

VÍCTIMAS

Además del temor de que Estado Islámico adoctrinase a sus hijos o les usara como combatientes, muchos padres se negaron a escolarizar a sus hijos porque aún podrían estar expuestos a los intensos bombardeos de aviones sirios y rusos.

La mayoría de los niños de la escuela de Rajab provienen, de hecho, de las zonas devastadas por la guerra de Raqqa, Aleppo, Deir al Zor, Idlib y Albu Kamal.

Estos niños se encuentran entre las principales víctimas de la guerra, ahora en su octavo año. El trauma de lo que han pasado es visible en sus rostros, en sus incómodos silencios, ojos tristes y brotes de lágrimas.

Todos ellos han pagado un alto precio en un conflicto más allá de su comprensión. Sus vidas se han roto con el dolor, sus familias han sido desplazadas y se han dispersado, y se les ha robado la educación y el futuro.

GUERRA Y DESTRUCCIÓN

"Todo lo que había allí era guerra y destrucción", ha confesado el joven Salá al Salehi, de 12 años, que huyó del este de Alepo, un bastión rebelde sometido a un bombardeo masivo.

"Mi hermano fue asesinado. Nos lanzaron bombas de barril y dispararon cohetes", ha recordado el joven, antes de reconocer lo extraño que le resulta acudir ahora a la escuela por primera vez en su vida.

De hecho, la escuela en sí tiene las cicatrices de la guerra. Las aulas están heladas y la calefacción es un lujo, con combustible disponible solo a precios astronómicos.

Los escritorios y bancos están decrépitos. Huelga decir que no hay avances propios de las escuelas modernas, desde ordenadores portátiles hasta centros de actividades digitales, una biblioteca o una cafetería.

Incluso el director de la escuela de los jóvenes necesita un segundo trabajo para ganar más dinero para mantener a su familia. Después de 25 años, una maestra dijo que su salario mensual era de 80 dólares. No ha recibido un aumento en siete años.

Muchos niños lucen desnutridos con círculos negros bajo sus ojos, ropas andrajosas y zapatos rotos no lo suficientemente cálidos como para soportar el frío intenso.

DESCONCERTADOS

Mientras que la mayoría dijo que estaban felices de tener la oportunidad de ponerse al día, como Alí -- "Quiero ponerme al día con los otros niños" -- otros se han sentido avergonzados e incómodos con su edad y su nuevo entorno. Aya, residente de un suburbio de Damasco, se ha declarado aterrorizada con la escuela porque no conocía a nadie y no tenía amigos.

"En Ghouta tenía amigos, pero no podíamos jugar. No sabía leer ni escribir, y me siento avergonzada cuando la gente me pregunta qué grado soy. Me miran y dicen, 'tan alta como eres y estás en primer grado'. Llegué muy tarde a la escuela pero quiero estudiar y convertirme en una persona importante. Quiero ser abogada", declara la joven.

El director, Thaer Nasr al Ali, explica que "el conflicto ha afectado a todas las personas, pero los niños han pagado el precio más alto. Se les ha privado de educación y han sufrido graves daños psicológicos: hemos registrado muchos casos de trauma entre los niños debido a la guerra y la violencia que presenciaron. Muchos han perdido a sus padres, y han visto el horror y la muerte frente a sus ojos". El daño, apunta, tendrá un alcance generacional.