Feminicidio: Ni una más

 
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Feminicidio: Ni una más

Protesta en Ciudad Juárez en contra del feminicidio
ALEJANDRO BRINGAS / REUTERS
Actualizado 29/10/2016 11:20:12 CET

MADRID, 29 Oct. (Malone Gabor, investigadora asociado del Consejo de Asuntos Hemiféricos, COHA) -

Las mujeres desaparecidas son demasiado comunes en México. Víctimas de feminicidio 185 y 186: Adriana Hernández Sánchez, de 52 años, y Karen Rebeca Esquival, de 19, encontradas en una maleta con sus manos atadas tras estar desaparecidas durante días. Víctimas 187 y 188: una madre y su hija asesinadas frente a la casa de la abuela. Víctima 189: una madre de una bebé de 11 meses, violada y asesinada por su marido, que secuestró a la hija. El marido fue capturado y la niña recuperada, sin embargo, no hay garantías de que sea condenado. Esta es la realidad de las víctimas de feminicidio.

Los crímenes contra las mujeres permean la cultura y la sociedad en América Latina. Según la definición de Naciones Unidas, un feminicidio es "un crimen que implica la muerte violenta y deliberada de una mujer" por su género. Aunque los feminicidios se refieren a los casos de mujeres muertes, hay otras formas de discriminación por género, incluida la degradación de la mujer a nivel económico, psicológico, físico y sexual.

Entre los 32 países donde el feminicidio es más frecuente hay 17 latinoamericanos. México, sexto en el ranking mundial de crímenes contra las mujeres, ha registrado un aumento del 46 por ciento en los feminicidios desde 2013.

El feminicidio es una epidemia y se debe hacer mucho más para erradicarla. De hecho, en febrero de 2016, el estado mexicano de Jalisco se vio obligado a declarar una "alerta de género" debido a la sistemática violencia contra las mujeres.

Las estadísticas de feminicidio en México son escalofriantes. De media, siete mujeres mueren a diario como resultado de la violencia de género, un ratio 15 veces mayor que la media mundial. Maridos, novios o familiares cometen el 66 por ciento de los feminicidios.

Y lo que es peor, estos números probablemente son mayores porque muchos casos no se denuncian o clasifican correctamente. Para combatir esto, Naciones Unidas intenta constantemente promover un sistema de registro estadístico adecuado y alienta la protección a las víctimas y a sus familias.

Como otros países latinoamericanos, México está tratando de combatir los crímenes contra las mujeres. Se mueve en la dirección correcta al reformar el código penal para tipificar el feminicidio. Además, se han creado instituciones de apoyo para ayudar a las víctimas y proteger a las mujeres.

Incluso con la implementación de estos programas los casos de feminicidio aún tienen una impunidad del 95 por ciento, indicando que de los casi 50.000 casos de mujeres muertas solo 2.500 resultaron en condenas. Estas estadísticas no incluyen los casos de discriminación por género en los que las mujeres son atacadas y experimentan abusos económicos, psicológicos o sexuales.

TOMA DE CONCIENCIA

Debe prestarse atención a la violencia de género y el acoso, quizá como primer paso hacia el fin del feminicidio. Además de las acciones gubernamentales y judiciales --o por la falta de ellas--, la gente ha tomado las calles y las redes sociales. Con el feminicidio como una realidad en la mayor parte de América Latina los movimientos en su contra tienden a cruzar fronteras.

En Twitter, los 'hashtags' #NiUnaMas y #NiUnaMenos pretenden dar a conocer la violencia de género en todas las comunidades, mientras que y #MiPrimerAcoso anima a las mujeres a compartir su primera experiencia de acoso por su género.

La tendencia a encubrir esta horrible práctica también está presente en Estados Unidos, especialmente dadas las recientes declaraciones del candidato presidencial republicano, Donald Trump, sobre el acoso sexual en las que habla de "charla de gimnasio".

El primer paso para que hacer de la sociedad un lugar mejor para las mujeres es entender por lo que pasan y después condenar la violencia de género. El cambio de la perspectiva social ocurrirá especialmente si se sigue contando la dureza y extensión del feminicidio y la violencia de género.

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