Las críticas internas en el socialismo francés cuestionan el liderazgo de Martine Aubry

Actualizado 20/07/2009 20:47:29 CET

El ultimátum lanzado a un crítico del partido exacerba la revuelta

PARIS, 20 Jul. (EUROPA PRESS) -

La primera secretaria de los socialistas franceses, Martine Aubry, está haciendo frente desde hace semanas a una oleada de críticas en el seno de sus propias filas que cuestionan seriamente su liderazgo y amenazan con acentuar la grave crisis que padece el primer partido de la oposición.

Aubry salió muy debilitada de su primera cita con las urnas al cosechar un calamitoso resultado en las recientes elecciones europeas, donde la formación obtuvo su peor registro en 15 años perdiendo 17 escaños en la actual Eurocámara y con los ecologistas pisándoles los talones.

Tras esta derrota, la primera secretaria se dio un plazo de seis meses para "refundar" el partido y "cambiar el rumbo" de la organización apelando para ello a la "unidad" de la familia socialista, muy dividida desde el Congreso de Reims celebrado en 2008 sin lograr restañar las heridas abiertas por las profundas divergencias internas.

No obstante, la cauta reacción de Aubry ante la dimensión de la derrota provocó la proliferación de críticas entre cuadros y jóvenes generaciones, que reclaman una auténtica terapia de choque y comienzan a hablar de primarias para las presidenciales de 2012, dejando en evidencia el liderazgo de la actual secretaria.

Entre las voces que contestan la estrategia de Aubry figura el joven lugarteniente de Ségolène Royal, Manuel Valls, cuyas reiteradas apariciones públicas atacando la línea de flotación del partido ha llevado a su secretaria a lanzarle una dura advertencia: o deja de criticar al partido o lo abandona.

Este ultimátum, lejos de aplacar la revuelta protagonizada por Valls, no ha hecho más que exacerbarla porque ahora 'barones' del PS, personajes afines al socialismo y hasta miembros del Gobierno toman partido a favor o en contra de Aubry, aumentando la fractura interna.

Así, a las críticas de Valls se ha unido este fin de semana el diputado Julien Dray, también afín a Royal, que considera que las principales características de los seis primeros meses de mandato de Aubry son "la impotencia, la falta de profesionalidad y, sobre todo, una sorprendente incapacidad para escuchar lo que pasa tanto en su partido como en la sociedad".

El mediático filósofo Bernard Henry-Lévy, compañero de ruta del PS durante años y muy crítico con el socialismo, terció también en la polémica y juzgó que Aubry es "la guardiana de una casa muerta" y que el PS debería "desaparecer". Igual de lejos ha ido el secretario nacional del partido encargado de la Renovación, Arnaud Montebourg, quien llegó a decir que "no se puede mantener un partido que se ha caído en formol".

Hasta la ministra de Familia, Nadine Morano, de la UMP, ha calificado de "horrible" lo que ocurre en el PS, sobre todo para la democracia y se ha puesto del lado de los disidentes. "No hay oposición, no hay mensaje político", se lamentaba la ministra en la emisora LCI. A su juicio, el PS es una "casa vacía donde sopla cierto aire de fantasmas".

En defensa de Aubry ha salido sin embargo el alcalde de París, Bertrand Delanoë, partidario de que el PS "respete su propia legitimidad". "Necesita cohesión, autoridad y orden", dijo en la radio RTL. "Al mismo tiempo, todos los socialistas son indispensables, sobre todo en la prueba que vivimos hoy, Manuel Valls igual que los otros", añadió.

LEGITIMIDAD Y AUTORIDAD

Elegida nueva líder del partido en el tristemente famoso Congreso de Reims, Martine Aubry es "un líder autoritario que no tiene autoridad", en opinión del director de investigación del Centro nacional de Investigaciones sociales y profesor de Ciencias políticas, Gérard Grunberg.

Una tesis que también defiende el politólogo Roland Cayrol: "No se puede tener autoridad si no se tiene la legitimidad y Martin Aubry no la tiene". En su opinión, la alcaldesa de Lille no fue elegida primera secretaria por sus ideas y apoyándose en una corriente creada por ella, sino para frenar a Ségolène Royal y no para construir un proyecto.

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