El G5, la gran esperanza de la UE en el Sahel

Reunión del grupo de apoyo a los países del G5 Sahel
REUTERS / POOL NEW
Publicado 18/02/2018 11:30:43CET

La fuerza creada por Burkina Faso, Chad, Mauritania, Malí y Níger acaba de echar a andar y tiene muchos retos por delante

MADRID, 18 Feb. (EUROPA PRESS) -

El Sahel es una franja de territorio que cruza el continente africano de oeste a este atravesando varios países, entre los que figuran algunos de los más pobres del mundo, y en la que confluyen varias amenazas, siendo especialmente preocupante para los intereses europeos la presencia de numerosos grupos terroristas islamistas y las rutas migratorias que la atraviesan en su camino hacia el norte de África y en último término Europa.

"El Sahel es la frontera de nuestra frontera y a veces hasta nuestra misma frontera", subrayaba recientemente un alto diplomático europeo en un encuentro en Madrid, recordando que la caída del régimen de Muamar Gadafi en Libia dejó sin un control efectivo las fronteras de este país. Por eso, no es de extrañar el que en los últimos años la UE haya depositado su atención en esta región.

En especial, los europeos quieren ver prosperar la nueva fuerza creada por el G5, que integran Burkina Faso, Chad, Mauritania, Malí y Níger. Acordada en diciembre de 2014 y cuyo funcionamiento arrancó el pasado noviembre, esta fuerza está dotada con 5.000 efectivos que deben cubrir 5 millones de kilómetros cuadrados en países con gobiernos frágiles y fronteras porosas.

En el Sahel se encuentran cinco de los diez países más pobres del mundo, cuyas rentas per cápita están muy lejos de los 1.400 euros de media de los países subsaharianos, con unos 1.000 euros en el caso de Mauritania, el mejor situado, y tan solo 386 en el caso de Níger. La consecuencia de este nivel de pobreza es un nivel de desarrollo que también figura entre los más bajos del mundo.

EXPLOSIÓN DEMOGRÁFICA

Los países sahelianos están viviendo una explosión demográfica cuyo resultado más visible es una gran cantidad de jóvenes sin trabajo y que ven en la emigración una salida. "Es una bomba retardada que nos puede estallar en unos años", advierte el diplomático europeo.

Una advertencia que ya realizó en 2016 el entonces enviado especial de la ONU para el Sahel, Toby Lanzer. "El cambio climático, la pobreza extrema y el extremismo han llevado a un cóctel explosivo que está afectando a millones de personas" en el Sahel, explicaba en una entrevista a Europa Press.

Para Lanzer, sin duda el mayor reto es el rápido crecimiento demográfico, puesto que se espera que de los 150 millones de habitantes que hay en la región pasen a duplicarse hasta los 300 millones en los próximos 20 años lo que constituye "un reto gigantesco". En el caso de los países del G5, la previsión es que sus 70 millones de habitantes actuales se multipliquen por tres de aquí a 2030.

La herencia colonial, en particular el modelo centralista francés, ha dejado un legado en el que existe una gran diferencia entre la capital y las grandes ciudades con el resto del territorio, lo que explica en cierta medida que estos países cuenten con gobiernos débiles, donde la corrupción está muy presente.

CALDO DE CULTIVO PARA LOS ISLAMISTAS

Todo ello se ha convertido en los últimos años en el caldo de cultivo perfecto para la proliferación de grupos islamistas, así como para el florecimiento del tráfico de todo tipo, incluido de personas. El punto de inflexión fue el golpe de Estado en Malí en 2012 y el 'secuestro' de la rebelión tuareg por los grupos islamistas, que avanzaron hasta amenazar Bamako. La intervención francesa impidió el mal mayor, pero el Acuerdo de Paz de 2015 aún está lejos de cumplirse en su integridad.

"No va tan rápido como esperábamos pero no va tan despacio como temíamos", asegura el diplomático europeo. Sin embargo, el Gobierno maliense está aún lejos de controlar el norte del país y en los últimos años las acciones de los grupos terroristas se han extendido desde esta zona hacia el centro e incluso el sur.

Como reconoce el diplomático europeo, "el vacío dejado por el Estado es el oxígeno de los terroristas", de ahí el que para la UE sea de especial importancia la consolidación del G5, que nació por iniciativa propia de estos estados con vistas no solo a combatir el terrorismo y el crimen organizado en su territorio sino para potenciar sus economías y desarrollar sus países.

HACEN FALTA FONDOS

La puesta en marcha de su fuerza conjunta es un elemento fundamental, no exento de obstáculos, el primero y más acuciante el de los fondos. Los países del G-5 han cifrado en unos 500 millonses de dólares el presupuesto necesario --una cifra que Francia cree que se podría rebajar-- y los cinco países integrantes han comprometido cada uno 10 millones de dólares.

La UE ha comprometido 50 millones de euros, mientras que en el caso de Estados Unidos, cada vez más presente en la región --contará con una base de drones en Níger este año--, ha optado por la vía de la financiación bilateral a los países integrantes. También se han apuntado a financiar la nueva fuerza Arabia Saudí, con 180 millones de dólares, y Emiratos Árabes Unidos (EAU), con 35 millones de dólares.

La fuerza del G5 cuenta con el respaldo tanto de la Unión Africana como del Consejo de Seguridad de la ONU, que sin embargo no la autorizó en virtud del Capítulo VII de la Carta de Naciones Unidas ante el rechazo de Estados Unidos. Para consolidar el apoyo internacional necesario para el éxito de la misión, el 23 de febrero está prevista una conferencia de alto nivel en Bruselas copresidida por la UE, la UA y el G-5 con la asistencia de jefes de Estado y de Gobierno.

No obstante, al margen del apoyo internacional tanto financiero como político a la nueva fuerza, el éxito depende de sus propios estados miembro. Aunque la UE puede ayudar a mantener la seguridad, "el deber primordial de asegurarla, es de los países del Sahel", subrayaba recientemente en una comparecencia ante la Comisión de Exteriores del Congreso el ministro de Asuntos Exteriores, Alfonso Dastis.

RESPETO DE LOS DERECHOS HUMANOS

En este sentido, el diplomático europeo incide que el respeto de los Derechos Humanos por parte de los efectivos de la fuerza del G-5 es clave para ganarse los 'corazones y las mentes' de los habitantes. "Si las poblaciones locales no perciben que esas fuerzas no cometen exacciones y no van en su contra, será un fracaso", advierte, subrayando que además cualquier abuso por parte de los efectivos seguramente sería explotado por los terroristas.

Como subraya la directora del programa para África del Centro para los Estudios Internacionales y Estratégicos (CSIS), Jennifer G. Cooke, "si la fuerza conjunta del G5 consigue forjar el apoyo entre la población local, podría ayudar a evitar la formación de un nuevo refugio para los movimientos yihadistas en África en un momento en que Estado Islámico está siendo derrotado militarmente en Irak y Siria".

Dastis también advirtió de este último riesgo: el posible éxodo de milicianos de Estado Islámico hacia África, y sobre todo hacia el Sahel, ahora que han perdido su 'califato' en Oriente Próximo. "Hay efectivos del Daesh expulsados de Siria e Irak que están trasladándose a esa zona y eso nos preocupa y es algo que seguimos con especial atención", dijo ante la comisión parlamentaria.

También será importante para el buen funcionamiento de la nueva fuerza su cooperación y coordinación con las demás fuerzas presentes en la región, en especial la Misión de la ONU en Malí (MINUSMA) y la misión francesa en el Sahel, 'Barkhane'. Ante el desafío que supone combatir la amenaza yihadista y de seguridad de este vasto territorio, evitar duplicidades y conflictos operativos entre todas estas fuerzas se antoja primordial, sostiene Cooke.