El hambre lleva cada vez a más niños en Sudán del Sur a buscarse la vida en las calles

Foto de archivo de un campo de desplazados internos de la ONU en Sudán del Sur
REUTERS / ANDREEA CAMPEANU
Publicado 17/02/2018 10:06:37CET

La FAO denuncia que la guerra civil ha provocado que cada vez más menores tengan que trabajar y cuidar de sus hermanos

AWEIL (SUDÁN DEL SUR), 17 Feb. (Thomson Reuters Foundation/EP) -

Sudán del Sur, el país más joven del mundo, se está enfrentando a una de las peores crisis humanitarias a nivel global. El hambre, avivada por una guerra civil sin fin y una economía quebrada, ha obligado a los niños en Sudán del Sur a trabajar o a vivir en las calles, según un informe de la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Según el Fondo de la ONU para la Infancia (UNICEF), uno de cada dos sursudaneses pasa hambre y el 72 por ciento de los menores no están escolarizados. Naciones Unidas ha denunciado que casi 19.000 niños han sido reclutados -muchos de ellos por la fuerza- para luchar en el conflicto que comenzó en 2013 con los enfrentamientos entre las fuerzas leales al presidente Salva Kiir y su antiguo vicepresidente, Riek Machar.

Uno de los ejemplos de esta crisis es Malit. Cuando Malit se fugó de casa, no sabía que iba a acabar buscando comida en los vertederos y durmiendo a la intemperie. Sin embargo, a sus doce años, insiste en que la vida en las calles de Aweil, un ciudad en el noroeste de Sudán del Sur, es mejor que la que ha dejado atrás.

"Mi padre nos abandonó y emigró a Sudán y mi madre no podía prepararnos comida todos los días", ha relatado Malit a la Thomson Reuters Foundation. "Siempre estaba hambriento, por eso decidí fugarme", ha añadido el menor.

Los trabajadores de las organizaciones humanitarias han señalado que el hambre, pero también las rupturas familiares, el abuso, el abandono y las prácticas de poligamia son los factores que empujan a los menores a fugarse de casa.

Malit ha narrado cómo se dedica a recorrer las calles de Aweil durante el día con otros dos niños buscando comida. Los tres siempre están buscando nuevas formas de hacerse con algo de dinero. Por descontado, ninguno de ellos va a la escuela. Este es el caso de cientos de menores en la ciudad, según ha dicho Malit.

En la capital de Sudán del Sur, Yuba, 3.000 niños viven en la calle. Tal y como ha recalcado el instituto Mind and Soul, una ONG especializada en el tema, dicho número no deja de aumentar.

EL SUFRIMIENTO DE LOS NIÑOS

Decenas de miles de personas han muerto desde el comienzo de la guerra civil en Sudán del Sur y una tercera parte de la población se ha visto obligada a abandonar sus hogares. La economía y la seguridad se han deteriorado.

Ambos bandos firmaron un acuerdo de paz en 2015, pacto que fue ignorado. El alto al fuego alcanzado a finales de 2017 se violó pocas horas después de ser establecido. Las dos partes del conflicto aceptaron volver a sentarse a la mesa de negociación a principios de febrero: las conversaciones de paz se están llevando a cabo en Adís Abeba, capital de Etiopía, desde el pasado 5 de febrero.

Los menores son los que más sufren, ha denunciado Bester Mulauzi, el director en el país del programa de desarrollo de Save the Children, que ofrece dinero y suministros para el cultivo a las familias para tratar de que los niños no acaben viviendo en las calles.

"Los menores sin hogar se enfrentan a amenazas inimaginables. Se arriesgan a ser reclutados de manera forzosa por grupos armados y es más posible que acaben siendo objeto de abusos", ha añadido Mulauzi. "Muchos niños están trabajando y viviendo en las calles, simplemente, porque necesitan alimentarse", ha recalcado el responsable de Save the Children.

Otros menores están en la situación de Akok, una niña de seis años que se ha visto en la obligación de cuidar de su hermano pequeño. La madre de Akok emigró desde un pueblo remoto cercano a la frontera con Sudán a Aweil hace un año, allí reside con dos de sus hijos en la vivienda de un conocido.

Durante el día, Akok tiene que velar por su hermano pequeño mientras su madre recorre la ciudad para buscar comida que envía regularmente a su antigua residencia para ayudar al resto de su familia.

Habitualmente, Akok cena solo hojas. Su cama es el suelo de la vivienda que su familia comparte con cabras. "Mi madre está fuera todo el día y es algo aterrador. Si algo le pasara a mi hermano pequeño, no sabría qué hacer", ha admitido la niña.

UNA GRAN CARGA

Nicholas Kerandi, un especialista en seguridad alimentaria de la FAO, advierte de que cada vez más menores tienen que cuidar de sus hermanos porque los hombres se han unido al Ejército o han emigrado a Sudán para buscar trabajo.

Esto "deja a las mujeres con muy poco margen para conseguir comida y cuidados para sus hijos", ha señalado Kerandi. "En muchas ocasiones, el cuidado de los niños acaba siendo la responsabilidad de los hermanos y hermanas mayores", ha subrayado el especialista.

Otros, como Nyang, se ven obligados a trabajar. Este niño de 13 años se levanta cada día antes de que amanezca y se pasa toda la jornada desplazando ladrillos a la parte superior de una colina para que se sequen al sol. Alrededor de 30 menores trabajan con él. Todos cobran menos de un dólar al día.

"No hay leyes sobre el trabajo infantil en Sudán del Sur que les protejan de forma específica. Nadie se toma en serio el tema, principalmente por creencias culturales", ha explicado James Alau Sabasio, del instituto Mind and Soul.

Nyang ha confesado que es el único miembro de una familia de diez que tiene un salario. "Mi padre es profesor, pero no le han pagado en todo 2017 y mi madre acumula leña y trata de venderla", ha explicado el niño.

El administrador de la producción de ladrillos tiene 28 años, se llama Thong y no ve ningún problema con poner a menores a trabajar. "Son más baratos y trabajan duro", ha subrayado, dejando claro que es un miembro respetado en su comunidad y que ayuda a muchas familias a sobrevivir.

Thong ha explicado que la guerra civil y la falta de comida son las razones por las que tantos niños se ven obligados a trabajar o a vivir en la calle.

Malit ha admitido que echa de menos a su familia y que quiere volver a casa pero sabe que en su hogar no hay comida. "Mis amigos son los que cuidan de mí ahora. Si llega más comida al país, volveré a casa", ha anunciado.