"Intenta no matar y que no te maten", consejo de una madre en Siria

Un combatiente en Siria
Foto: AMMAR ABDULLAH / REUTERS
Actualizado 21/03/2015 8:40:11 CET

MADRID, 21 Mar. (Por Elisavet Nazli, ACNUR Grecia) -

   Gares, un joven sirio de 24 años, acaba de llegar a la isla griega de Leros. Desde el patio de la Guardia Costera describe, todavía con sus ropas húmedas, la pesadilla que se vio obligado a vivir sin atisbo de emoción. Se dice que es un "síntoma" común de las personas que han sobrevivido a la tortura y el trauma extremo.

   "Yo no quería combatir. Ni siquiera unirme al Ejército. Mi padre me obligó. Me enrolé en 2010 pero cuando el servicio militar se estaba acabando, estalló la guerra. Me retuvieron otros dos años más. Nosotros éramos los 'prescindibles' en esta guerra. En cada operación, éramos los primeros en ser enviados al frente. Hoy casi ninguno de mis camaradas está vivo".

   "La mayoría de los soldados ni siquiera entendían lo que estaba pasando. Simplemente seguían las órdenes por temor. Una vez nos enviaron a luchar sin ningún respaldo. Nos negamos a obedecer. El oficial preguntó entonces '¿quién no va?'. Tres levantaron la mano. Fueron enviados inmediatamente a prisión. El resto de nosotros volvimos a la batalla sin pensarlo dos veces. Perferíamos morir de forma instantánea por una bala que sufrir una lenta y humillante muerte por torturas en aquel horrible lugar".

   "En abril de 2013 intenté escapar pero fui apresado. Pasé un mes en una celda de 16 metros cuadrados con unas 150 personas más. Si hablábamos al mismo tiempo, alguien seguramente se asfixiaría hasta morir. Pero, en cualquier caso, si alguien se atrevía a hablar sería llevado fuera durante la noche para ser torturado. Algunos nunca regresaban".

HERIDO EN COMBATE

   "En el tribunal, dije que no estaba huyendo sino que regresaba, así que volvieron a enviarme a mi unidad. Estábamos en Homs. Cuatro días después, en la batalla de Al Qusair cerca de la frontera libanesa, fui alcanzado en el hombro por una bala y una granada estalló junto a mí. Nos habían enviado a la muerte sin ninguna escapatoria".

   "Nunca olvidaré los momentos que viví en la casa a la que trasladaban a todos los heridos. Las primeras seis horas éramos unos 90 soldados. Después perdí la cuenta. Tenía tanto dolor que no podía pensar en otra cosa. Era como si me hubieran cortado las dos piernas. Durante tres días, solo nos dieron antibióticos... y esperaron. Aquellos de nosotros que sobrevivieron fueron trasladados al hospital de Damasco a través de Líbano".

   "Tras mi herida, siendo inútil para combatir, fui dado de baja temporalmente del Ejército. Intenté otra huída. Me entregué a las fuerzas kurdas en Al Hasaká, que posteriormente me enviaron al Kurdistán iraquí. En aquel momento las fronteras estaban abiertas solo para los soldados que habían desertado. Me quedé y trabajé en Erbil durante un año pero las condiciones empeoraban cada día. Sin documentos legales estaba atrapado en esa ciudad. Si te cogían fuera de la ciudad, no te dejarían volver. Y volver a Siria sería igual a una ejecución para mí. Mi única salida era Europa".

   "Mi objetivo final es Alemania. Espero arreglármelas algún día y traer también a mi familia, que ha perdido todo en esta guerra. Mi madre con una de mis cuatro hermanas y mi hermano viven ahora solo con 100 dólares al mes. No puedo ni imaginarme cómo se las apañan".

EL CONSEJO DE SU MADRE

   "A finales de 2014, crucé desde Turquía a Farmakonisi (Grecia). En el mar rescaté a un hombre de ahogarse. Es algo que he hecho muchas veces antes. Pese a las órdenes, siempre intentaba hacer solo disparos de advertencia  durante los enfrentamientos. En cada momento de la guerra tenía la frase de mi madre en la cabeza: 'intenta no matar y  que no te maten'. Al menos ahora, ella puede dormir sin temor por mí. Y yo solo puedo rezar a Dios para que perdone lo que nos vimos obligados a hacer".

   "¿Cómo veo el futuro? Solo espero ser capaz de dormir de nuevo tranquilo. Los últimos cuatro años y medio han sido como si alguien estuviera jugando una broma pesada arrojándome de una trampa a otra. Tuve que llegar a Europa para finalmente descansar o morir y descansar para siempre".

   El Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR) trabaja para prestar asistencia a los más de 3,9 millones de refugiados que ha provocado el conflicto en Siria, entre ellos cerca de dos millones de niños.