Maura, una historia de vida en Nicaragua

Participante en un proyecto de Cruz Roja en Nicaragua
CRUZ ROJA ESPAÑOLA
Publicado 27/03/2016 8:29:32CET

"El proyecto de Cruz Roja Española ha enseñado a las mujeres de esta comunidad a estar unidas"

MADRID, 27 Mar. (Por Lourdes Álvarez Pérez, técnica de comunicación de Cruz Roja Española) -

Maura, una joven nicaragüense de 27 años, vive con sus padres, su pareja y su hijo de nueve años en la comunidad de Santa María, muy cerca de la localidad de Chinandega, en el oeste de Nicaragua.

La vida de Maura y de toda su familia ha dado un giro de ciento ochenta grados desde que Cruz Roja Española implementara en la zona el proyecto "Equidad de género y seguridad alimentaria" y la eligiera como beneficiaria. Ha ganado en independencia, capacidad productiva y generadora de ingresos, así como en conocimientos y formación.

Ella misma nos lo cuenta, y lo hace muy orgullosa: "He podido desarrollarme como mujer y ser líder en mi grupo, además de adquirir mucha experiencia; el proyecto y todo lo que él conllevan han transformado mi vida".

La familia de Maura siempre se ha dedicado a la agricultura. Pero hasta ahora era su padre el que cuidaba del huerto y se encargaba de mantenerlo. Gracias a Cruz Roja, Maura ha aprendido a cultivar y a sembrar, hortalizas, tomates, chiltomas, pepinos, frijol de vara, fruta, gandul o maíz, entre otros muchos alimentos, y todo con abono orgánico, lo que hace que tanto ella como su familia puedan tener ahora una alimentación más sana

Antes se dedicaba exclusivamente a las labores de la casa, como muchas mujeres de la zona, pero ahora "trabajamos todos juntos en la parcela de casa y eso me hace estar ocupada todo el día", nos dice.

Caminamos por la parcela y la recorremos palmo a palmo mientras conversamos. Tiene una parcela hermosísima, muy extensa, y las semillas le están dando todas muy buen fruto.

ESFUERZO Y DEDICACIÓN

Pero llegar hasta aquí y mantener lo que tiene no ha sido nada fácil porque el huerto necesita su cuidado y una dedicación de cuatro horas al día. "Por la mañana riego todos los cultivos con el sistema que Cruz Roja nos donó y por la tarde camino arrancando la maleza para que la mosca blanca no acabe con la siembra", nos explica.

Hace falta mucho trabajo y mucho esfuerzo. Y a Maura le encanta su trabajo y eso se nota nada más mirar todo lo que ha conseguido sembrar, porque se aprecia que lo ha hecho con mucho cariño y con el objetivo de que tenga una larga duración. Todos velan por el buen mantenimiento de la tierra y se les ha enseñado a sacarle el mayor provecho. Y es que la familia de Maura es consciente que ese trocito de tierra es su medio de vida y hacen todo lo posible por mimarlo y conservarlo para que alcance el máximo esplendor.

Pero en esta parcela no sólo se cultiva maíz o frijol, sino que también podemos encontrarnos con plantas medicinales que por el momento ella ocupa para remedios caseros, cuando algún miembro de la familia tiene una enfermedad o para calmar la tos. Ha sembrado albahaca, ruda, zacate limón y orégano y están floreciendo con rapidez.

El beneficio que obtiene Maura con este proyecto va mucho más allá de la propia producción o de los recursos y herramientas materiales con las que se le ha dotado: formaciones y la posibilidad de obtener una alimentación y una dieta saludable, mejorando así su nutrición.

AUTOCONSUMO Y COMERCIO

A veces, es tanto el excedente que tiene de productos como el pipián, maíz o elote, que ya no sólo sirven para consumo interno, sino que los comercializa. "Dos veces por semana me dirijo al mercado de León y al de Chinandega con todo lo que me sobra y lo vendo a muy buen precio", nos señala.

Así, Maura puede ahorrar algo de dinero, comprar y guardar semilla para cuando finalice el proyecto. Esa metodología de ahorro también la ha aprendido de las capacitaciones que ha recibido de Cruz Roja Española. Se ha convertido en una mujer independiente y muy autosuficiente. Hasta el mercado acude con unas cajillas donadas también por la institución. Son constantes las muestras de agradecimiento.

Es tanta la variedad de productos que ha sembrado en su parcela, que Maura ya no necesita comprar ni plátano ni maíz, ni fruta. No le falta de nada. Se le ha provisto de todo tipo de semillas. Tiene naranja dulce, limón agrio, limón dulce y mandarina y toda esta fruta la saca al mercado y la vende.

De este modo, ella y su familia tienen asegurado la alimentación para todo un año, lo que es fundamental en una zona como la que nos encontramos, perteneciente al área geográfica del corredor seco de Centroamérica. Y es que los beneficios que le ha aportado este proyecto son enormes: "Antes pasábamos hambre y ahora no".

Para ella es un orgullo ser beneficiaria del proyecto. Mientras charlamos nos confiesa que disfruta mucho con la siembra y eso se nota, pues nos enseña su parcela con mucho entusiasmo y nos muestra uno a uno los productos que cultiva, al tiempo que nos explica cómo es el proceso de siembra: hermosos pipianes y ayotes con los que nos obsequia.

SOLIDARIDAD

Como mujer, se siente feliz y contenta por ser agricultora y es consciente de los beneficios que le ha aportado su parcela y de cómo han mejorado su nivel y calidad de vida. Los hombres de la comunidad la respetan y la tienen en cuenta.

"Las mujeres trabajan ahora todas unidas para un mismo fin gracias a las distintas charlas y formaciones que han recibido por parte de Cruz Roja Española, con las que han aprendido a ser solidarias". Y esto también es consecuencia directa del proyecto, pues anteriormente, "la relación entre las mujeres no era tan buena", reconoce.

Maura nos cuenta que si una mujer no tiene pipián y a otra le sobra, se ayudan mutuamente y se intercambian o se prestan alimentos. Se ha creado una red solidaria entre ellas que las hace más fuertes aún si cabe. Unión, solidaridad y trabajo en equipo son las señas de identidad de este grupo de cuarenta mujeres que han conformado el proyecto, mujeres que cultivan mente, suelo y una alimentación sana.

Personas como Maura te enseñan que un buen proceso de creación de capacidades, como las formaciones que reciben estas mujeres, debe ir siempre acompañado de la dotación de los recursos necesarios: semillas, herramientas e instrumentos agrícolas. No se entiende una cosa sin otra y sólo así se consigue el pleno y completo desarrollo de la persona y que la inversión y la intervención que se llevan a cabo merezcan la pena, para tener continuidad en un futuro a corto, medio y largo plazo.

La vida de Maura y su familia es un vivo ejemplo de la creación de identidades, del empoderamiento y liderazgo de la mujer y de una vida autónoma y activa, con los recursos necesarios y en nada dependiente de otros.

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