Merkel tiende puentes para contentar a los "escépticos" y salvar el Tratado Constitucional

Actualizado 22/06/2007 2:01:20 CET

BRUSELAS, 22 Jun. (EUROPA PRESS) -

La canciller alemana, Angela Merkel, se esforzó ayer, primer día de trabajo de la cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno destinada a sacar a la UE de su actual estancamiento institucional, en "tender puentes" para contentar a los Estados miembros "escépticos", en clara alusión a Reino Unido y Polonia, los dos socios que se mantenían inamovibles en sus posturas de bloqueo.

Merkel garantizó que tendrá en cuenta al mismo tiempo "las preocupaciones de todos los países" y que se las toma "muy en serio". En este sentido, señaló que el objetivo es que "todo el mundo tenga la oportunidad de expresarse", de manera que se pueda adoptar un "compromiso" en la cumbre sobre el nuevo Tratado que sustituya a la fallida Constitución europea.

Fuentes comunitarias indicaron que la canciller tiene intención de convocar una reunión plenaria de todos los líderes sólo si percibe que hay una base suficiente para cerrar un acuerdo y hasta entonces basará su método de trabajo en reuniones bilaterales con los Estados más problemáticos. El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, aseguró que es "posible" alcanzar un acuerdo pero admitió que serán unas negociaciones "difíciles" y "muy duras".

Mientras, las manifestaciones de los líderes a su llegada a la sede de los trabajos coincidieron tanto en la necesidad de lograr un acuerdo para salir del atasco institucional como en la dificultad de la tarea. El más duro fue probablemente el primer ministro británico, Tony Blair, que asiste a su última cumbre y parece no estar dispuesto a ceder un ápice de protagonismo, al augurar que las negociaciones serán "muy duras" y que Londres no cejará en su empeño de conseguir cambios en la propuesta alemana.

"Fijamos cuatro áreas donde queremos cambios muy significativos y tenemos que ver estos cambios, tienen que hacerse". Blair aludía a la primacía del derecho británico sobre el comunitario, a su negativa a un ministro de Exteriores europeo que merme la política exterior británica, a no modificar su legislación en temas de Justicia e Interior y su rechazo a reducir los ámbitos en los que un Estado miembro podrá imponer su veto.

Tampoco mostró una especial flexibilidad el primer ministro polaco, Jaroslaw Kacynski, quien amenazó con vetar el acuerdo si no sale adelante su propuesta para modificar el sistema de voto por doble mayoría mediante un sistema basado en la raíz cuadrada de las poblaciones.

"La situación no nos satisface", declaró Kacynski al diario polaco 'Rzeczpospolita'. "Debemos conseguir la aprobación de nuestra propuesta (para el sistema de voto) u obtener alguna otra solución que también satisfaga nuestras ambiciones. U obtenemos esto, o habrá un veto", advirtió.

Polonia considera que el sistema de voto basado en la doble mayoría --aprobación por el 55% de los Estados miembros y un 65% de la población europea-- beneficia a los países muy poblados, con Alemania a la cabeza, y perjudica especialmente a los polacos.

El primer ministro holandés, Jan Peter Balkenende, tampoco ocultó que hay "dificultades" al tiempo que reiteró que la principal demanda de Países Bajos es "fortalecer el rol de los Parlamentos nacionales por lo que respecta a la subsidiariedad". "Es importante un mayor respeto a las competencias nacionales", señaló.

Balkenende insistió también en que el Tratado simplificado debe incluir los criterios para la adhesión de nuevos Estados miembros. Al ser preguntado sobre si tiene previsto convocar un nuevo referéndum, explicó que "es demasiado pronto" porque primero, dijo, hay que conocer el "contenido".

El presidente francés, Nicolas Sarkozy, no hizo declaraciones a su llegada al Consejo Europeo. Él fue el autor del concepto de "tratado simplificado" y también el promotor, junto con el Gobierno español, del catálogo de 12 puntos que, según Madrid y París, deberían mantenerse en el nuevo texto.

Por su parte, el primer ministro francés, François Fillon, que participó ayer en una reunión del Partido Popular Europeo (PPE) se limitó a responder que "sí" cuando la prensa le preguntó si confiaba en que la cumbre se salde con un acuerdo.

El resto de líderes oscilaron entre el posibilismo y las declaraciones de principios. Así, el Gobierno austríaco afronta la cumbre dispuesta a "luchar" por el contenido novedoso que aporta el Tratado Constitucional y, en concreto, por la Carta de Derechos Fundamentales y la figura del ministro europeo de Exteriores.

Los primeros ministros de Rumanía, Calin Popescu-Tariceanu; Dinamarca, Anders Fogh Rasmussen; Estonia, Andrus Ansip; Finlandia, Matti Vanhanen; y Bélgica, Guy Verhofstad, manifestaron su férreo apoyo a la Presidencia alemana y se manifestaron contrarios a reabrir el debate sobre el 'paquete institucional'.

Además, insistieron en que el nuevo texto debe otorgar una mayor capacidad a la UE en sus mecanismos para resolver nuevos desafíos. Así, defendieron la extensión de la mayoría cualificada para asuntos como la inmigración, el asilo y la cooperación judicial.

También defendieron que se establezca un protocolo para la modernización de las políticas comunitarias que incluya una cláusula de solidaridad entre los Estados miembros en materia de energía, una mayor coordinación de las políticas para la lucha contra el terrorismo y la mejora de la defensa de la UE.

El Gobierno portugués acudió con "expectativas positivas" para "transformar" Europa y superar la "crisis más grave" que, a su juicio, atraviesa desde la Guerra Fría, aludió a la "responsabilidad" del resto de colegas y advirtió de los riesgos de "abrir la caja de Pandora", en alusión a los asuntos que ya se dan por consensuados por una buena mayoría, como el sistema de reparto de votos.

Por su parte, Rasmussen, pidió "flexibilidad" a sus socios para que la UE no siga "embebida en un debate constitucional sin fin". Para Rasmussen, un nuevo tratado reformado debería mantener "las principales mejoras" del anterior, especialmente "el uso extendido de la votación por mayoría cualificada y las provisiones institucionales".

UN ACUERDO "CUANTO ANTES"

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, su homólogo francés, Nicolas Sarkozy y el primer ministro italiano, Romano Prodi, acordaron ayer "tomar la iniciativa" y hacer un frente común para "apoyar firmemente" la propuesta alemana sobre el nuevo Tratado, que preserva los elementos fundamentales de la fallida Constitución Europea, y poder lograr "cuanto antes" un acuerdo.

Los tres líderes europeos se comprometieron además a ayudar a la canciller alemana y presidenta de turno de la UE, Angela Merkel, a buscar "fórmulas" para acomodar a los países escépticos, especialmente Polonia y Reino Unido, siempre que "no pongan en tela de juicio" los aspectos centrales del compromiso alemán, según informó el secretario de Estado de comunicación, Fernando Moraleda. El objetivo es "iniciar de manera inmediata" las negociaciones sobre el Tratado para "concluir cuanto antes" un acuerdo, añadió.

Madrid, París y Roma han decidido tomar la iniciativa para "evitar una dinámica de recortes", tras comprobar que algunos países pretenden "abrir elementos centrales" del compromiso alemán, destacó por su parte el secretario de Estado de Asuntos Europeos, Alberto Navarro.

Finalmente, el presidente del Parlamento Europeo, Hans-Gert Pottering, advirtió ayer ante los líderes europeos de que "un Tratado simplificado es concebible, pero no uno desprovisto de sustancia" y recordó que entre los puntos esenciales de la postura de la Eurocámara frente a esta negociación se encuentra la defensa del carácter jurídicamente vinculante de la Carta de Derechos Fundamentales y de la ampliación del número de ámbitos de decisión por mayoría cualificada y no por unanimidad.

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