La ONU pide que cese la violencia en Sudán del Sur y se permita el acceso humanitario

Mujeres y niños esperan una distribución de alimentos en Sudán del Sur
SIEGFRIED MODOLA / REUTERS
  
Actualizado 25/03/2017 10:45:42 CET

La hambruna es solo la punta del iceberg de las necesidades humanitarias tras tres años de guerra civil

MADRID, 25 Mar. (EUROPA PRESS) -

La situación humanitaria en Sudán del Sur no ha hecho sino empeorar en el último año y la hambruna declarada en algunas zonas del país no es sino "la punta del iceberg" de las necesidades en este país azotado por una guerra civil desde hace tres años, de ahí el que el cese de la violencia y el acceso de las organizaciones humanitarias sean la clave para que la magnitud de la tragedia no siga aumentando, ha advertido el jefe de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) en el país, Ian Ridley.

"Hay más necesidades ahora, en más lugares, de lo que ha habido nunca, y estas necesidades aumentarán durante la próxima estación de escasez", ha explicado en una entrevista concedida a Europa Press. "La inseguridad alimentaria y la malnutrición se han disparado y se ha declarado la hambruna en algunas zonas de Unidad", ha recordado, después del anuncio realizado por el Gobierno y la ONU el pasado 20 de febrero.

"Pero la hambruna representa la punta del iceberg de las necesidades humanitarias en Sudán del Sur. En todo el país, unos 5 millones de personas se encuentran en situación de inseguridad alimentaria y esta cifra se espera que llegue a los 5,5 millones en el pico de la estación de escasez en julio", ha subrayado Ridley.

Desde la declaración de la hambruna, las organizaciones humanitarias han incrementado su respuesta en todos los ámbitos, incluido el reparto de alimentos y tratamientos nutricionales. "Pero para que estos esfuerzos tengan éxito, y para que nosotros verdaderamente aumentemos la respuesta, necesitamos desesperadamente que los enfrentamientos cesen y la calma prevalezca", ha reclamado el jefe de la OCHA.

ACCESO HUMANITARIO

"Aunque se nos han hecho promesas a alto nivel para facilitar el acceso humanitario y garantizar la seguridad de los trabajadores humanitarios, necesitamos urgentemente que se vean traducidas en acciones sobre el terreno", ha insistido Ridley. Al menos 72 trabajadores humanitarios han sido asesinados en Sudán del Sur desde que estalló el conflicto en diciembre de 2013.

"Los ataques contra cooperantes son deplorables e inaceptables. Además de poner en peligro a estos, amenazan las vidas de millones de personas que dependen de la ayuda humanitaria para sobrevivir", ha advertido, recordando que los trabajadores humanitarios "arriesgan sus vidas para salvar otras". El responsable de la OCHA ha denunciado que también se han producido saqueos de recintos humanitarios y suministros y "las instalaciones sanitarias y las escuelas a menudo son ocupadas, destruidas o dañadas por los actores armados".

La mayoría de los centros sanitarios del país "no funcionan y los que lo hacen ofrecen servicios mínimos debido a la falta de medicamentos y personal", ha lamentado, subrayando que actualmente "el 80 por ciento de estas instalaciones están gestionadas por ONG, cuyos servicios solo podrán continuar si hay fondos".

Tras tres años de conflicto, la población de Sudán del Sur es "altamente susceptible a las enfermedades", ha explicado Ridley. Como resultado de la falta de inmunización rutinaria, de la falta de medicamentos y del inadecuado acceso a agua potable, "enfermedades como la malaria, el sarampión y el cólera son prevalentes", ha indicado, subrayando que el país registra el peor brote de cólera desde su independencia en 2011.

VIOLENCIA SEXUAL

Además, "se han perpetrado atrocidades terribles contra los más vulnerables, incluido el reclutamiento de niños por actores armados y la violencia sexual generalizada", ha denunciado el responsable de OCHA. Este último problema es motivo de "preocupación" ya que se han producido "violaciones generalizadas, peticiones de sexo a cambio de alimentos y un paso seguro, esclavitud sexual, herencia de viudas, matrimonio temprano y forzado, reclutamiento forzado y abuso de menores, y violencia por parte de la pareja", ha ilustrado.

Ridley ha condenado que "la violación sea usada como arma de guerra en el conflicto" y, en especial, que en algunos casos las violaciones de mujeres y niñas se han producido "en controles militares" o mientras estas recogen agua, leña o buscan alimentos.

Hasta el momento, unos 3,5 millones de sursudaneses se han visto obligados a abandonar sus hogares desde que estalló el conflicto entre las fuerzas leales al presidente, Salva Kiir, y a su exvicepresidente Riek Machar. Unos 1,6 millones de ellos han buscado refugio en los países vecinos, fundamentalmente a Uganda, donde solo en lo que va de año han llegado más de 161.000 sursudaneses.

Quienes huyen, ha explicado Ridley, siguen hablando de "violencia y asesinatos indiscriminados de civiles, ataques nocturnos contra viviendas, violencia sexual, saqueo de ganado y propiedades, miedo al arresto y la tortura". "Los ataques contra los civiles son inaceptables, la violencia debe cesar. Si no, la crisis humanitaria en Sudán del Sur seguirá aumentando y desplazando a civiles vulnerables", ha alertado el responsable de la OCHA.

HACEN FALTA FONDOS RÁPIDO

También es "imperativo", ha sostenido, que los 1.600 millones de dólares solicitados por la ONU para 2017 para atender a 5,8 millones de personas "sean financiados pronto, y financiados por completo, para que los trabajadores humanitarios desplegados en todo Sudán del Sur puedan responder de forma contundente y rápida".

"Ahora mismo, las organizaciones humanitarias tienen una ventana de oportunidad para entregar suministros por carretera durante la estación seca. Cuando comiencen las lluvias, normalmente en mayo, la mayoría de las carreteras quedan impracticables y los suministros tienen que entregarse por aire, multiplicando el coste de la operación humanitaria, una de las mayores y más complejas en el mundo", ha resaltado, incidiendo en que "es una carrera contra el reloj" para hacer llegar ayuda que salve vidas.

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