La otrora pacífica región congoleña de Kasai, sumida en la violencia

Actualizado 24/07/2017 10:06:31 CET

Más de 1,3 millones de personas se han visto desplazadas huyendo de una guerra que nunca se habían esperado

IDIOFA (RDC), 23 Jul. (Por Andreas Kirchhof, ACNUR) -

A sus 25 años, Bernard es un padre de tres niños fuerte y saludable. No parece el tipo de persona que puede ser apartada fácilmente del curso de su vida. Pero ahora mismo, está completamente desconcertado.

"Los niños siguen preguntándome, 'papi, ¿dónde está mamá?' Piensan en ella mucho y lloran", cuenta. "A veces cojo mi móvil y simulo llamarla y luego les digo que vendrá pronto, pero esto ya no les consuela", precisa.

Para Bernard, un fatídico día de abril cambió su vida. Estaba en su oficina en la región de Kasai, en República Democrática del Congo (RDC), organizando los exámenes finales de la escuela en la que trabajaba como gerente.

"De repente escuché a gente gritando y corriendo". A continuación, supo que uno de los grupos milicianos que habían florecido en la zona había lanzado un ataque cerca. Conmocionado, corrió a su casa. "Cuando llegué a mi calle, vi que mi casa estaba en llamas", relata. "Todo se había perdido, todo estaba completamente quemado", precisa.

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FOTO: ACNUR/JOHN WESSELS

Rodea a sus dos hijos, Raoul, de 2 años, y Ramazani, de 5. "Encontré a mis chicos solos, llorando y asustados", añade. Cuando huía con ellos, vio a su mujer más abajo en la calle. Había sido brutalmente asesinada por los milicianos, decenas de los cuales estaban cerca. No pudo encontrar a su hija de 7 años, Ngalula, y no sabe qué ha sido de ella.

Ahora está sentado estoicamente en un banco de madera fuera de una antigua clínica en Idiofa, una localidad en la provincia central de Kwilu, a unos 500 kilómetros al este de la capital, Kinshasa.

Mientras sus hijos corretean alrededor y juegan, recuerda lo diferente que la vida era hace tres meses. "Teníamos realmente una buena vida. Yo recibía mi salario a final de mes", rememora. La vivienda familiar tenía "cuatro habitaciones, un tejado y una televisión", agrega.

MÁS DE 1,3 MILLONES DE DESPLAZADOS

Ahora, están entre los más de 1,3 millones de personas que se han convertido en desplazados internos por un conflicto que en los últimos meses ha asolado Kasai, una vasta zona casi del tamaño de Alemania en el corazón de RDC.

La región de Kasai ha sido conocida por la estabilidad que permitió a sus residentes vivir de forma tranquila. Todo eso cambió el año pasado cuando la violencia de una milicia, seguida por la represión del Ejército, sumió la zona en el caos.

Todo comenzó en agosto, cuando un jefe tradicional, Jean-Pierre Mpandi --más conocido por su nombre tribal 'Kamuina Nsapu'-- murió en un enfrentamiento con las autoridades congoleñas. Para principios de 2017, el conflicto se había propagado a varias provincias, floreciendo muchos grupos milicianos, la mayoría de los cuales dicen luchar contra el Gobierno.

"NUNCA HABÍAMOS ESCUCHADO UN DISPARO"

Bernard, como muchos otros, está experimentando un conflicto por primera vez. "Nunca habíamos escuchado un disparo en nuestras vidas", confiesa.

Él y otros de la localidad escaparon hacia el espeso bosque, tan denso que "incluso a mediodía pensabas que era de noche", cuenta. El grupo evitó las carreteras principales debido a la presencia de milicianos, pero con apenas comida o agua potable, algunos murieron durante las dos semanas de marcha hacia un lugar seguro.

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 FOTO: ACNUR/JOHN WESSELS                                                                                             

A lo largo del camino, ocasionalmente encontraron apoyo de residentes, que les dieron cobijo y la poca comida que podían. Bernard está agradecido por esta ayuda inesperada incluso mientras se esfuerza por entender por qué fueron atacados. "No sabemos cuál es el objetivo de esta guerra. Nos hemos convertido en víctimas de cosas que desconocemos", afirma.

A unos pocos kilómetros de distancia, François, un hombre de unos 50 años, encabeza a un grupo de diez hombres y mujeres que portan a un bebé a su entrada en Idiofa. Como Bernard, llevan semanas caminando a través del bosque.

"En casa yo era profesor", relata François y explica que perdió a su mujer y sus dos hijos. El grupo continúa hasta la clínica, en la que también se está quedando Bernard.

Unas 100 personas llegan a Idiofa a diario, a menudo a pie, mientras que muchas más llegan a las localidades cercanas en la provincia. Actualmente, hay 350 desplazados alojados en la clínica con hasta 50 personas durmiendo en una sala, directamente sobre el suelo.

ASISTENCIA DE ACNUR

ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, está trabajando con una ONG local, la Asociación para el Desarrollo Social y la Preservación del Medioambiente, para ofrecer comidas calientes y agua a los recién llegados. Este apoyo ha animado a unos 3.000 desplazados alojados por familias locales, en iglesias y mezquitas, a acudir para ser incluidos en las listas de beneficiarios.

"El proceso es importante ya que nos ayuda a identificar a las personas vulnerables como menores no acompañados que necesitan apoyo especial", explica Ann Encontre, representante de ACNUR para África Central.

"Estamos trabajando con socios locales para apoyar a los desplazados mientras nos centramos en proteger a las personas más vulnerables", precisa.

Bernard y su familia están agradecidos de estar vivos, pero el dolor de perder a su hija sigue obsesionándole. "La quería tanto, pero no sé cómo puedo volver a verla de nuevo", lamenta. "Quizá huyó con una mujer que tiene buen corazón", confía.

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