Los palestinos se resisten a olvidar 70 años después de su expulsión de sus hogares en lo que hoy es Israel

Refugiados palestinos en Gaza
REUTERS / MOHAMMED SALEM
Publicado 13/05/2018 14:58:54CET

CIUDAD DE GAZA, 13 May. (Reuters/EP) -

Saber y Huda Deeb son una pareja de septuagenarios palestinos que viven en la localidad de Jeque Raduán, en la Franja de Gaza, pero nacieron apenas a 10 kilómetros de distancia, en Hiribiya, una aldea de la Palestina británica en la década de 1940 ahora en territorio israelí. Tuvieron que huir en 1948 ante la ofensiva de las fuerzas judías, pero aún hoy siguen recordando su pueblo natal, aunque ya no exista.

El viaje fue corto, pero puede que no lo vuelvan a hacer en su vida, ya que ahora una valla fronteriza fortificada separa ambos lugares. De Hiribiya apenas quedan dos viejos edificios en unos terrenos pertenecientes al kibutz (granja colectiva judía) de Zikim.

Saber y Huda son ahora refugiados, como dos tercios de los dos millones de palestinos que viven en la Franja de Gaza, pero siguen recordando su aldea natal. "Siempre sueño con Hiribiya, a veces incluso cuando estoy despierto. Me imagino los sitios por los que solía ir", ha recordado Huda Deeb a sus 78 años.

Su marido, Saber, conductor de taxi retirado de 76 años, recuerda "unas plantaciones de viñas, manzanos y guayabos que no se pueden describir". "Hiribiya era la novia del norte", ha rememorado.

Antes de huir, Saber fue testigo de cómo las columnas de refugiados palestinos se acumulaban en Hiribiya de camino a Gaza. Los aviones israelíes "lanzaban barriles (explosivos) y nos escondíamos en los viñedos", ha recordado.

Los archivos recogen que más de 2.000 personas vivían en Hiribiya antes de 1945, incluidos unos 60 judíos que vivían en un barrio propio, ha recordado Saber. Los judíos iban a la granja de su familia a comprar fruta.

DERECHO AL RETORNO

Huda y Saber aseguran que tienen más de 200 nietos. Para la pareja de ancianos el derecho al regreso de los refugiados es mucho más tangible, pero para las nuevas generaciones es un principio irrenunciable.

"Llevé a mi esposa y a las niñas para que probaran la fruta del cactus, la uva y los higos, no porque no tengamos en Gaza, sino porque querían comer los frutos de nuestra tierra, de casa", ha explicado Saber.

Este sentimiento es el principal motivo de la última oleada de protestas iniciada el 30 de marzo y que ha costado la vida a más de 40 palestinos que participaban en la Gran Marcha del Retorno para reivindicar el derecho al retorno de los refugiados palestinos.

Desde el 30 de marzo cada viernes los palestinos se manifiestan ante la valla de separación custodiada por militares israelíes y se producen disturbios con lanzamiento de neumáticos incendiados, piedras y cometas incendiarias, a lo que los soldados responden con fuego real. Las protestas arreciarán esta semana, cuando se recuerda la Nakba o Catástrofe, la expulsión de los palestinos en 1948 coincidiendo con la creación del Estado de Israel.

Uno de los nietos de Saber y Huda ha resultado herido en las protestas de la valla cuando participaba en la acampada levantada a unos cientos de metros de la barrera. Las protestas "hacen que (los israelíes) se den cuenta de que hay gente que está demandando su tierra", ha subrayado Huda, que junto a Saber apoya estas movilizaciones.