Polémica en Filipinas por la decisión de Duterte de enterrar a Marcos como un héroe

El cuerpo embalsamado del exdictador Ferdinand Marcos
REUTERS
Actualizado 08/08/2016 15:06:24 CET

MANILA, 8 Ago. (Reuters/EP) -

La vicepresidenta de Filipinas, Leni Robredo, ha criticado este lunes la decisión del presidente del país, Rodrigo Duterte, de enterrar el cadáver del exdictador Ferdinand Marcos en el cementerio de los héroes.

Robredo ha manifestado en un comunicado su oposición a la decisión tomada por Duterte de trasladar los restos de Marcos desde su pueblo natal en Batac. "Marcos no es un héroe", ha comunicado. "¿Cómo vamos a permitir que los restos de un hombre que provocó la muerte y la desaparición de miles de filipinos descansen en un cementerio para héroes?", ha señalado Robredo, que ganó a su hijo, también llamado Ferdinand Marcos, en la carrera política por la vicepresidencia del país.

Duterte, por su parte, ha indicado que cumplirá con su promesa de enterrar a Marcos en el cementerio de los héroes. Para ello, el ministro de Defensa, Delfin Lorenzana, ha asignado al jefe de Estado Mayor, Ricardo Visaya, como encargado de la organización del entierro, que tendrá lugar en septiembre.

"Sólo estoy siguiendo una directiva presidencial, lo que yo opine al respecto carece de importancia", ha señalado Lorenzana. "Merece ser enterrado en el cementerio de los héroes", ha añadido. Marcos fue un militar y líder guerrillero durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Filipinas, antigua colonia de Estados Unidos, fue ocupada por el Ejército japonés.

Durante sus años como dictador, Marcos y su familia se hicieron con una fortuna de 10.000 millones de dólares (unos 9.000 millones de euros), en una etapa en la que murieron miles de disidentes. Marcos fue elegido presidente en 1965 e impuso la ley marcial cuatro años después, cuando fue reelegido. En 1986, fue expulsado del poder y huyó a Hawái, donde murió.

Duterte ha señalado que no ve "nada malo en enterrar a Marcos en el cementerio Libingan ng mga Bayani", en respuesta a las críticas. Sin embargo, grupos de activistas y varios obispos católicos se han opuesto a la decisión tomada por Duterte. "Es un gran insulto", ha aseverado el obispo Arturo Bastes.