¿Cómo puede la UE gestionar el flujo migratorio?

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Un inmigrante rescatado celebra su llegada al puerto de Málaga
REUTERS / JON NAZCA
  
Actualizado 11/11/2017 9:00:29 CET

WASHINGTON, 11 Nov. (Por Kenneth Roth, director ejecutivo de Human Rights Watch) -

Nadie cree que haya una manera fácil para que la Unión Europea gestione el flujo de solicitantes de asilo y otros migrantes que llegan en barco desde Libia. Aun así, hay ciertos principios básicos de Derechos Humanos --y decencia-- que deberían guiar la respuesta de la UE.

La travesía del Mediterráneo desde Libia hacia Italia se ha convertido en la más peligrosa del mundo. Unas 103.000 personas sobrevivieron el viaje este año hasta finales de septiembre, pero 2.471 se ahogaron o desaparecieron.

¿Qué llevaría a alguien a arriesgarse a hacer ese peligroso viaje? Algunos huyen de la persecución o la violencia en casa. Otros, huyendo de la aplastante pobreza, esperan una vida mejor en Europa. Pero todos han atravesado Libia, uno de los lugares más inhóspitos para los migrantes.

Dividida actualmente entre tres autoridades que compiten entre sí, Libia se ha convertido en el paraíso de los traficantes y en una pesadilla para los migrantes. Los migrantes que no son libios que buscan llegar a Europa suelen ser reunidos y retenidos en centros de detención miserables y saturados donde la desnutrición y la enfermedad están extendidas, y los trabajos forzados, las palizas, el abuso sexual y la tortura están extendidos. La Agencia de la ONU para los Refugiados estima que mueren más migrantes cruzando Libia actualmente de los que lo hacen en el mar.

El derecho internacional de los refugiados prohíbe devolver por la fuerza a una persona a tales condiciones, de ahí el que las embarcaciones que rescatan a migrantes --ya sean operadas por la UE, Italia u ONG-- no los devuelven. Hasta ahora, la mayoría han sido llevados a Italia.

Algunos, como el Movimiento 5 Estrellas y la ultraderechista Liga Norte en Italia, critican estos esfuerzos de rescate como un "efecto llamada", pero no hay pruebas de que acabar con ellos disuadiría a los migrantes de embarcarse. En cambio, aumentaría los ahogamientos.

Muchas de las otras ideas ofrecidas para gestionar el flujo han presentado defectos similares. El presidente francés, Emmanuel Macron, sugirió brevemente que la UE analizara las solicitudes de asilo dentro de Libia para evitar la necesidad de que estas personas se echaran al mar, pero rápidamente retiró la idea una vez que quedó claro que Libia no es seguro ni para quienes tienen que revisar las solicitudes ni para cualquiera que busque presentarlas.

APOYO A LOS GUARDACOSTAS LIBIOS

La UE está apoyando a las fuerzas costeras libias, argumentando que limitará el tráfico de personas y salvará vidas, pero en las circunstancias actuales estas fuerzas están haciendo indirectamente lo que la UE tiene prohibido hacer directamente, enviar a las personas de vuelta a las condiciones de detención terribles e ilegales.

Los acuerdos separados con milicias que de lo contrario estarían involucradas en el tráfico de migrantes podrían estar detrás de la significativa caída en el número de salidas de barcos durante el verano --normalmente el periodo pico en las travesías-- pero nadie puede predecir por cuánto tiempo se mantendrá. Entretanto, aquellos que podrían haber escapado siguen atrapados en un entorno infernal.

La UE y sus estados miembro también han apoyado a otros países de donde proceden los migrantes, con la esperanza de cerrar el flujo en el origen. Pero apoyar, por ejemplo, a fuerzas fronterizas como las de Sudán, que han integrado a antiguas milicias implicadas en atrocidades como asesinar a civiles, para impedir que la gente huya de la brutal dictadura en Eritrea es equivocado en ambos frentes.

PASOS A PRIORIZAR

Sin embargo, hay pasos que la UE debería priorizar.

La ayuda para el desarrollo económico a los países que están en el origen de la migración económica a gran escala a Europa podría ayudar, al menos a largo plazo.

Educar a los futuros migrantes sobre los peligros de viajar a través de Libia o echarse al mar con los traficantes también podría ayudar a reducir el flujo.

Incrementar los canales seguros y legales a Europa --mediante un reasentamiento de refugiados más generoso desde otros países que no sean Libia, reunificación familiar, y visados humanitarios, de trabajo y estudio-- daría a algunas personas opciones más seguras que arriesgar sus vidas cruzando Libia y el Mediterráneo. Y reforzaría la respuesta de Europa a la crisis de refugiados global, actualmente gestionada principalmente por los países más pobres.

Aun así, dada la desesperación de las personas que huyen hacia Europa, muchos inevitablemente seguirán emprendiendo el peligroso viaje. Aquellos que lo hagan tienen derecho a que se escuche su petición de permanecer en los estados de la UE, ya sea en virtud de una necesidad de asilo, reunificación familiar o por motivos humanitarios.

Dadas las regulaciones de Dublín, que requieren que estas peticiones sean examinadas en el primer país al que llega el solicitante de asilo, la carga ha recaído principalmente en Italia y Grecia, ambas superadas por la gran cantidad de migrantes y graves problemas económicos. Una decisión vinculante de la UE para reasentar a 160.000 solicitantes de asilo en otros estados miembro solo ha sido acatada por algunos países, con el resultado de que, cuando terminó a finales de septiembre, solo 9.078 han sido reasentados desde Italia, menos de la media de llegadas al país en un solo mes.

Revisar estas normas desfasadas, al tiempo que se comparte la responsabilidad de forma más equitativa entre los gobiernos de la e, garantizaría vistas más rápidas y por tanto una devolución más rápida a sus países de origen a los migrantes que, tras una consideración justa de sus solicitudes, sean considerados como no aptos para quedarse.

Estos serían pasos clave para desanimar a los migrantes de intentar el viaje sin una reclamación legal plausible de quedarse en la UE. Un punto de partida sería que otros estados de la UE que operan en el Mediterráneo aceptaran la petición de Italia de acoger a algunos de los migrantes rescatados en sus propios puertos para procesar sus solicitudes, no solo Italia.

La actual política de la UE de 'ojos que no ven corazón que no siente' --intentando bloquear incluso a los solicitantes de asilo legítimos dentro de Italia o Grecia-- está garantizada para agravar las privaciones humanas. La innegable presión sobre estos dos países, y la tensión política y social que alimenta, podría minimizarse si se compartiera la responsabilidad entre más países.

Ninguno de estos pasos sería una panacea. Los problemas complejos no admiten soluciones simples. Aun así, una respuesta guiada por los principios de los Derechos Humanos, así como una mayor cooperación y compasión, garantizaría que la UE se mantiene fiel a sus principios fundacionales mientras pelea con el último reto a sus fronteras.

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