El regreso de desplazados al noreste de Nigeria aumenta las tensiones con la población local

Personas desplazadas retornadas en Dikwa (Nigeria)
NRC/MUREDACH KELLY
Publicado 16/05/2017 18:35:38CET

NRC advierte de que las comunidades no cuentan con los servicios básicos para atender el flujo de retornos

MADRID, 16 May. (EUROPA PRESS) -

Más de un millón de personas han regresado al noreste de Nigeria, epicentro de la insurgencia del grupo islamista Boko Haram, desde octubre de 2015 pero las comunidades a las que llegan carecen de los servicios básicos e infraestructuras para permitirles rehacer sus vidas, lo que está generando cada vez más tensiones con la población local.

"El noreste de Nigeria está mal preparado para que regresen tantas personas", ha advertido el director del Consejo Noruego para los Refugiados (NRC) en Nigeria, Cheick Ba. "Estamos viendo aumentar las tensiones en las comunidades", ha añadido, precisando que "la gente a menudo vuelve para encontrarse que sus casas han sido ocupadas y que no tienen los medios de reconstruir sus vidas" por lo que "se encuentran desplazados de nuevo".

La operación militar lanzada por el Gobierno nigeriano en 2015 para expulsar a Boko Haram del noreste provocó el desplazamiento de miles de personas, muchas de ellas dentro del país y otras a los países vecinos. Los avances en dicha operación han permitido recuperar terreno y que algunos de los desplazados hayan regresado a sus zonas de origen, pero todavía hay unos 1,7 millones de desplazados.

Además, Nigeria y Camerún junto con el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR) firmaron en marzo un acuerdo para la repatriación voluntaria de refugiados nigerianos. Sin embargo, según ACNUR, entre enero y marzo al menos 2.600 refugiados fueron obligados a regresar desde Camerún.

Según el último informe de la Oficina de la ONU para Asuntos Humanitarios (OCHA), en la localidad de Banki se estarían produciendo unas 1.000 llegadas cada semana desde Camerún, por lo que el Ejército nigeriano ha advertido de que esta pequeña localidad fronteriza se está viendo superada por el flujo. Así las cosas, las organizaciones humanitarias en Nigeria están preparando planes de contingencia para el posible retorno de hasta 75.000 refugiados nigerianos de Camerún.

Desde el NRC, han expresado su preocupación por el hecho de que quienes regresan lo hacen a zonas que carecen de servicios básicos como agua, saneamiento, alojamiento e infraestructuras. La OCHA también ha coincidido en que aunque se están haciendo progresos "las condiciones de vida en los campos de desplazados siguen siendo muy inadecuadas", especialmente por la falta de agua potable.

"Las familias que regresan a las zonas controladas por el Gobierno a menudo se encuentran sus casas ocupadas por otras familias", ha resaltado el responsable de NRC. "Se quedan sin hogar y extremadamente vulnerables, además de la tensión que se genera entre ellos y los nuevos ocupantes de sus casas", ha añadido Ba, aseverando que "no se han sentado las bases para un retorno a esta escala".

Por ello, la organización noruega ha defendido que el Gobierno nigeriano tienen que reforzar los mecanismos para resolver las disputas de tierras y propiedades provocadas por el regreso de los desplazados, sobre todo porque los agricultores tienen que tener acceso a sus tierras ante la llegada de la estación de lluvias en julio.

En Dikwa, en el estado de Borno, el más afectado por el conflicto, muchos de los 20.000 regresados hacen fila durante horas bajo temperaturas de 40 grados para recibir agua, mientras que hay falta de alimentos y por tanto las familias se han visto obligadas a reducir sus comidas a una al día, según NRC.

En el caso, de Damasak, donde han regresado unas 180.000 personas desde finales de 2016, la mayoría no tienen ni los recursos ni la capacidad para poder retomar sus actividades agrícolas, pese a que el 90 por ciento de ellos eran agricultores antes de huir.

A este panorama se suma, según NRC, la crisis alimentaria a la que se enfrenta Nigeria, donde existe un riesgo real de hambruna. Unos dos millones de personas sufren desnutrición aguda, de los que 450.000 son niños.

Las personas con las que ha hablado la ONG les han dicho que la comida es su principal preocupación y necesidad hasta el punto que las familias más desesperadas se han comido sus semillas, por lo que no tendrán nada que plantar cuando llegue la época de siembra.

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