La revolución programática de conservadores y laboristas para el 8-J en Reino Unido

Jeremy Corbyn y Theresa May
EUROPA PRESS
Publicado 05/06/2017 17:54:06CET

La apuesta personalista de May aspira a entrar en territorios vetados, frente al regreso a las esencias socialistas de Corbyn

LONDRES, 5 Jun. (EUROPA PRESS) -

La campaña de las generales en Reino Unido ha retomado este lunes, tras el parón de 24 horas por el atentado de Londres, una dicotomía ideológica que supera la barrera tradicional entre derecha e izquierda para profundizar en una línea rupturista con potencial para rediseñar el mapa político de un país a punto de emprender la travesía en solitario tras más de 40 años en el seno de la UE.

Si el adelanto electoral decidido en última instancia por Theresa May se había basado en el deseo de la primera ministra de ampliar su margen de maniobra ante el inminente arranque de las negociaciones del Brexit, las apuestas programáticas de conservadores y laboristas han relegado la salida de la Unión Europea a un mero desiderátum para centrarse en un giro ideológico con el que aspiran a revolucionar su granero tradicional de votos.

Más allá de las diferencias estratégicas con las que enfocan la carrera por el Número 10, los 'tories' con una marcada vocación personalista que, a juzgar por el dramático recorte de su ventaja en los sondeos, ha resultado fallida, frente a la priorización de las ideas del Laborismo, los programas electorales constituyen un fiel reflejo de la visión de los líderes, lo que inevitablemente vincula el veredicto de las urnas a la suerte de los candidatos.

May aspira a cercenar la percepción social de los conservadores como el 'nasty party' (el "partido desagradable"), la etiqueta acuñada por ella misma allá por 2002 y que todavía atormenta a una formación que no ha logrado deshacerse de la reputación de exclusividad, especialmente tras el pilotaje de David Cameron y el círculo de Eton.

ASPIRACIONES ENTRE LOS VOTANTES

Su compromiso con "las familias que simplemente se las arreglan", un mantra que ha generado incluso un acrónimo, pretende llegar a aquellos que nunca se habrían planteado el voto conservador, con un discurso que ambiciona recabar respaldo en áreas hasta ahora vetadas, consciente de que ninguna fórmula que recuerde ideológicamente a su oponente podría dañar electoralmente a una formación conocida por su visión favorable a la laxitud regulatoria y la rigidez fiscal.

Su rival, por su parte, ha garantizado un retorno a las esencias que imperaban en el Laborismo en los 80, cuando se incorporó al Parlamento como un diputado más preocupado por la agenda ideológica que por respetar la disciplina interna. Su incomodidad con la tendencia impuesta por la 'Tercera Vía' que hace veinte años había llevado a Tony Blair a Downing Street se ha traducido en el Corbyn candidato en una misión personal para regresar a los postulados de la izquierda más pura.

De hecho, una de las peculiaridades de este 8 de junio es que los programas parecen haber recabado mayor relevancia que en citas anteriores, una propensión que ha tenido un impacto negativo para la táctica personalista de May. La mayor relevancia de las apuestas electorales en detrimento del Brexit ha debilitado su campaña, articulada en torno al reiterado "liderazgo fuerte y estable" para hacer frente a las conversaciones del divorcio, frente a la inexperiencia de un Corbyn de quien ha declarado, no sin polémica, que se encontraría "desnudo" en Bruselas.

PUNTO DE INFLEXIÓN

No en vano, el punto de inflexión a partir del que una votación aparentemente zanjada a favor de los 'tories' pasó a convertirse en una contienda abierta tuvo su origen en una de sus anuncios electorales, después de que su controvertida fórmula para reformar la financiación de la asistencia de los mayores en el hogar sufriese el escarnio de pasar a ser conocida como 'la tasa de la demencia' y se convirtiese en la primera promesa electoral retirada antes incluso de unos comicios.

Con todo, la 'premier' se ha atrevido a incurrir en territorio foráneo y el partido que abandera el libre mercado defiende en este 2017 la ampliación de la influencia de los trabajadores sobre las juntas de dirección, o un mayor intervencionismo estatal, como el planteado con el tope a las facturas energéticas.

Asimismo, ha aceptado el riesgo de envalentonar al núcleo duro de su partido con su disposición a retrasar la consecución del equilibrio presupuestario, que se va ahora hasta 2025, un lustro después del plazo marcado por el Gobierno anterior cuando tomó posesión hace tan solo dos años.

IMPUESTOS

De igual modo, se ha deshecho de otra de las grandes apuestas que la mantenían rehén de la Administración Cameron y, si bien descarta aumentar el IVA, ha abandonado la promesa de no tocar el IRPF, ni las contribuciones a la Seguridad Social, un movimiento que no solo le ha costado críticas, sino que algunos en su propio gabinete se niegan a aceptar.

A tres días para la votación, May ha tenido que negar un nuevo cambio, tras el fiasco de la 'tasa de la demencia', después de que su ministro de Defensa hubiese asegurado que las rentas altas podían elegir la papeleta conservadora sin temor a una subida de impuestos. La 'premier' ha tenido que defender que si bien los suyos siempre serán un "partido de impuestos bajos, la firme intención es reducirlos para las familias trabajadoras".

REESCRITURA DEL LABORISMO

El Laborismo, por su parte, descarta también elevar el IVA, o tocar las contribuciones a la Seguridad Social, pero sí tiene reservadas subidas del IRPF al 5 por ciento de las rentas más altas, en cumplimiento de la ambición de redistribución de la riqueza marca Corbyn. Para ellos, reintroducirán el 50 por ciento del tramo máximo e incrementarán la carga fiscal para los salarios superiores a las 80.000 libras.

Su programa reescribe las normas del ideario político británico de tiempos recientes, con más Estado, más inversión y más impuestos, hasta 48.600 millones de libras adicionales con los que prevé sufragar sus promesas electorales. De hecho, su programa apuesta decididamente por clausurar la era de la austeridad e incrementar el gasto en los servicios públicos; nacionalizar las industrias de referencia, como la ferroviaria, el servicio de Correos o el agua, y promover un paquete de estímulos para la economía valorado en 250.000 millones de libras.

Pese al terremoto provocado inicialmente por una batería juzgada inelegible dada su profunda carga socialista, comparada con la de las fallidas ofertas planteadas por el partido en la sequía de los 80, sus opciones han ido mejorando y parece haber tocado fibra entre un sector del electorado ansioso por un enfoque en positivo hacia una sociedad más igualitaria.

AUSENCIA DEL BREXIT

En lo único que los programas de conservadores y laboristas han coincidido es que apenas hacen referencia al argumento que sostiene el adelanto de las generales. El Brexit y sus consecuencias pasan prácticamente de puntillas por las páginas de propuestas con las que prometen prosperidad para un país que se enfrenta a lo desconocido.

El principal problema es que, frente a un bloque que se había preparado oficiosamente desde que quedó claro que perdería a uno de sus miembros clave, en Reino Unido queda todo por hacer.

Para agravar la situación, Bruselas quiere iniciar las negociaciones la semana del 19 de junio, transcurridos apenas días de los comicios, y ha hecho los deberes, mientras que al norte del Canal de la Mancha todo son interrogantes.

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