Sacudir los cimientos de la desigualdad para combatir el feminicidio

Manifestación contra el feminicidio en Buenos Aires
MARCOS BRINDICCI / REUTERS
 
Actualizado 27/03/2017 9:08:03 CET

Unas 65.000 mujeres mueren asesinadas anualmente en todo el mundo, según datos de la ONU

MADRID, 25 Mar. (EDIZIONES) -

El feminicidio es la expresión más grave de la desigualdad de género, el último eslabón de una cadena que los expertos coinciden en llamar a combatir desde la base. Se estima que una de cada tres mujeres ha sufrido violencia física o sexual por parte de su compañero sentimental, según datos de Naciones Unidas que ponen de manifiesto que el machismo puede llegar a matar.

La ONU estima que cada año se registran unos 65.000 homicidios de mujeres en todo el mundo, de los cuales en torno a un 50 por ciento ocurren en América Latina. La Declaración de Viena contra el Feminicidio, firmada en 2012, considera que se trata de una "crisis global" ante la que son necesarios esfuerzos que deberían trascender fronteras.

El feminicidio, como término, se ha acuñado para dar voz propia a un hecho que, tal como lo define la RAE, equivale al "asesinato de una mujer por razón de su sexo". Los expertos consultados por Europa Press han coincidido en la necesidad de dar una entidad propia a un fenómeno que, durante décadas, ha estado en las sombras.

"Violencia de género es un término extremadamente amplio", ha subrayado la docente guatemalteca Mercedes Hernández, participante en un reciente foro organizado en Madrid por la Casa Encendida y la Asociación de Mujeres de Guatemala (AMG) para analizar la violencia contra las mujeres y reflexionar sobre la imperante impunidad.

Hernández ha subrayado que, en la mayoría de los casos, "la violencia es masculina", por lo que 'feminicidio' adquiere una "enorme potencia política y explicativa" para analizar el fenómeno. El colombiano David Márquez, corredactor de una ley contra el feminicidio en su país, ha coincidido en que es necesaria una única palabra para "concentrar" las muertes derivadas de las "relaciones asimétricas de poder".

Apenas existen datos globales fiables sobre el número de mujeres fallecidas a manos de sus parejas, si bien en el caso de Colombia se estima que podrían ser siete muertes a la semana. Márquez ha subrayado que es sólo la punta de un iceberg con amplias raíces y ha recordado que "es directamente proporcional la desigualdad y el feminicidio".

Hernández, por su parte, ha atribuido estos asesinatos a la "lógica de poder patriarcal" y a un pasado colonialista y capitalista en el que los cuerpos y las vidas de las mujeres terminan convirtiéndose en "mercancía".

En la misma línea, Silvia Juárez, directora de un programa contra la violencia de la Organización de Mujeres Salvadoreñas por la Paz (Ormusa), ha señalado que "si no se trastocan todos los esquemas de desigualdad, poco se habrá avanzado". Juárez ha criticado que, en el caso de El Salvador "las condiciones que dieron lugar a la guerra siguen estando en el mismo lugar".

IMPUNIDAD

La impunidad también juega en contra de las mujeres víctimas de violencia, como lo demuestran unos datos que no siempre son reconocidos por las autoridades. Los niveles de impunidad en América Latina para los casos de feminicidio rondarían el 98 por ciento, según la ONU.

Juárez ha destacado que la Policía salvadoreña debe ser el auxilio de primera línea, al ser "la única institución con servicio ininterrumpido y en todo el país" y ha propuesto, como avances a tener en cuenta, la creación de tribunales específicos para la violencia contra la mujer.

La mexicana Karla Michel Salas, directora local del Grupo de Acción por los Derechos Humanos y la Justicia Social, ha lamentado que en el país norteamericano "la Policía no investiga, la Fiscalía no acusa y los tribunales no imparten justicia". "Hay estados donde no hay ni una sola sentencia" por feminicidio, ha apostillado, mientras que en once de las 32 entidades federales persisten "circunstancias atenuantes" para la violencia dentro del matrimonio.

Salas ha subrayado que es "un problema de Estado" y ha aplaudido que, al menos, el feminicidio exista ya como figura penal específica en 14 países de la región, aunque su introducción sea paulatina. El Derecho, ha agregado, tiene un "efecto pedagógico" al dejar claro que "una conducta no está permitida", al tiempo que envía a las mujeres un mensaje: "Estamos aquí para protegeros".

Las penas de cárcel máxima en Colombia o El Salvador rondan los 50 años, pero en el caso de este último país sólo 200 de los 5.000 asesinatos de mujeres de los últimos cuatro años habrían terminado en sentencias condenatorias, un ejemplo del camino que aún queda por recorrer.

David Márquez ha incididido en que los hombres tienen también el "deber" y la "responsabilidad" de estar "en el lado correcto de la historia" y renunciar a la "posición cómoda" de la que han gozado históricamente. En este sentido, ha denunciado que el feminicidio "es el genocidio más antiguo de la humanidad".

DOBLE VULNERABILIDAD

La mujer migrante es doblemente vulnerable en un continente donde miles de personas siguen huyendo de la violencia y la pobreza. Del Triángulo Norte centroamericano salen miles de personas cada año, a merced de unas mafias que no dudan en explotar a quienes intentan llegar, en la mayoría de los casos, a Estados Unidos.

Salas ha reconocido que "ser mujer en México es una condición de riesgo" y, si se suma la variable de la migración, el peligro es "mayor". "En la frontera norte encontraron algo así como un monumento a la violación", un árbol donde los agresores colgaban prendas de ropa de sus víctimas, ha contado a Europa Press.

Mercedes Hernández ha recalcado que detrás de todos estos esfuerzos para dar voz y derechos a las mujeres víctimas de violencia subyace "una lucha por la igualdad" que "beneficia a todos". En este sentido, tanto Hernández como el resto de ponentes han coincidido en su llamamiento para perseguir unas conductas que dejan miles de vidas a merced de los hombres.

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