La seguridad alimentaria en el mundo, en peligro por la creciente desigualdad y el cambio climático

 

La seguridad alimentaria en el mundo, en peligro por la creciente desigualdad y el cambio climático

El cambio climático afecta a las poblaciones más vulnerables
OXFAM INTERMÓN
Publicado 22/02/2017 18:14:07CET

La FAO señala que la demanda de productos podría aumentar un 50 por cineto durante las próximas décadas

MADRID, 22 Feb. (EUROPA PRESS) -

El aumento de la desigualdad, la explotación de los recursos naturales y los efectos del cambio climático ponen en peligro la seguridad alimentaria en todo el mundo de cara al futuro, según ha advertido este miércoles la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que ha instado a la comunidad internacional a poner en marcha medidas adicionales para acabar con el hambre.

"Casi la mitad de los bosques que cubrían el planeta han desaparecido y las fuentes de agua subterránea se están agotando rápidamente. La biodiversidad se encuentra gravemente dañada", ha aseverado el director de la FAO, José Graziano da Silva.

"Si continuamos con las tendencias actuales, podríamos sobrepasar los límites establecidos", ha señalado Da Silva en el informe 'El futuro de la alimentación y la agricultura: tendencias y desafíos', que indica que el aumento de la producción alimentaria y el crecimiento económico tienen a menudo un alto coste para el medio ambiente.

A pesar de que se han producido avances significativos durante los últimos 30 años en la lucha contra el hambre en el mundo, la agencia de la ONU ha destacado la importancia de desarrollar medidas adicionales en el marco de los Objetivos del Desarrollo de cara a 2030.

Además, la FAO hace hincapié en la necesidad de invertir en los pequeños agricultores y darles mejor acceso a la información, los mercados, el crédito y la tecnología es fundamental para garantizar la seguridad alimentaria en el futuro.

El informe alerta de que en un escenario de crecimiento económico moderado, el aumento de la población, que podría rozar los 10.000 millones de personas en 2050, podría provocar un incremento del 50 por ciento en la demanda de productos.

Esto supondría una mayor presión sobre los recursos naturales y un incremento de la deforestación debido a la degradación de la tierra y el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero, según la agencia de Naciones Unidas.

OBSTÁCULOS DEL CAMBIO CLIMÁTICO

Según los expertos, el cambio climático, que provocará una variación de las lluvias y sequías, afectará a todos los aspectos de la producción alimentaria. Por este motivo, la FAO ha instado a aumentar los esfuerzos y llevar a cabo profundas transformaciones en el sistema actual.

"Sin invertir y readaptar los sistemas alimentarios, demasiadas personas seguirán pasando hambre en 2030, fecha fijada por la ONU para la erradicación de la inseguridad alimentaria y la malnutrición crónica", ha indicado la agencia de la ONU en su informe.

"Sin esfuerzos adicionales para promover el desarrollo en favor de los pobres, reducir las desigualdades y proteger a las personas vulnerables, más de 600 millones de personas seguirán careciendo de seguridad alimentaria en 2030", según el documento.

La FAO ha indicado que, dado el escaso margen para expandir el uso agrícola de las tierras y satisfacer la creciente demanda de alimentos, las mejoras tendrán que producirse en materia de productividad y eficiencia a la hora de utilizar esos recursos en cuestión.

El informe estima que "será necesaria una profunda transformación de los sistemas agrícolas, las economías rurales y la gestión de los recursos naturales para hacer frente a los múltiples desafíos existentes y aprovechar todo el potencial de la alimentación y la agricultura para garantizar un futuro seguro y saludable para todas las personas".

La población tendrá que cambiar a sistemas alimentarios más sostenibles, que hagan un uso más eficiente de la tierra y el agua y reduzcan enormemente el uso de combustibles fósiles, lo que exigirá un aumento de las inversiones en sistemas agrícolas y agroalimentarios, así como un mayor gasto en investigación y desarrollo, según la FAO.

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