Suicidios y depresión entre los refugiados en Kenia ante sus escasas perspectivas de futuro

Una mujer con leña en el campo de refugiados de Kakuma
REUTERS / BAZ RATNER
Publicado 09/04/2018 15:50:09CET

Para muchos, emigrar a EEUU era una salida, pero Trump ha reducido la cifra de refugiados anual, limitando sus opciones

KAKUMA (KENIA), 9 Abr. (Reuters/EP) -

Cuchillos. Cables. Ácido para baterías. Veneno para ratas. Cuerdas. Todos estos son artefactos que los cooperantes han afirmado haberles confiscado a los refugiados del campo de Kakuma, en el norte de Kenia, ante el temor de que los utilizaran para suicidarse.

Nueve refugiados se han quitado la vida en el campo desde comienzos de 2017 mientras que, en comparación, solo lo hicieron tres en 2016, según un psicólogo que trabaja para la ONG Comité Internacional de Rescate (IRC), Alex Kalatu.

Las condiciones del campo, en el que se refugian alrededor de 185.000 personas de Somalia, Sudán del Sur y otros países afectados por conflictos en África Central y Oriental, son muy duras. Los refugiados se alojan en cabañas con techos de paja o de aluminio, que protegen muy poco del calor típico de la zona. Los diferentes terrenos están divididos por vallas con pinchos.

Las ONG han dicho que la atmósfera de la comunidad de Kakuma ha empeorado desde que Washington decidió comenzar a aplicar una política de inmigración más dura.

Estados Unidos es uno de los países que proporciona más ayuda humanitaria a la zona y ha sido uno de los destinos predilectos para los refugiados. La bandera estadounidense decora las paredes de las escuelas, los sacos de comida y las latas de aceite vegetal que los desplazados utilizan para levantar muros improvisados y mesas.

El presidente estadounidense, Donald Trump, ha decretado un límite de 45.000 en el número de refugiados que pueden entrar en el país cada año. El límite de 2016, fijado por el predecesor de Trump, Barack Obama, era de 110.000.

"Muchos de los que participan en el programa de refugiados de Estados Unidos y que pensaban que algún día se beneficiaría de él están experimentando bastante estrés emocional", ha explicado Kalatu. "La gente dice, 'ahora carezco de esperanza, así que ¿por qué debería seguir viviendo?'", ha añadido el psicólogo.

En 2017, el Gobierno estadounidense paralizó durante cuatro meses su programa de refugiados para endurecer los requisitos exigidos para los solicitantes de asilo provenientes de países como Somalia, Sudán del Sur y Sudán, personas que, según Washington, suponen "un alto riesgo".

Solo contando las presentadas por somalíes, Estados Unidos ha detenido el proceso de tramitación de las solicitudes de asilo de más de 14.400 refugiados. Aquellos que apoyan la reforma del programa de refugiados defienden que el programa lleva años sin ayudar a aquellos refugiados que más lo necesitan.

"El Departamento de Estado ha apoyado de manera generosa y duradera a aquellos que ayudan a los refugiados tanto en Kenia como a nivel global", ha subrayado una portavoz del Departamento de Estado estadounidense, al ser preguntada sobre los crecientes problemas de salud de mental de los solicitantes de asilo. "Esto incluye los programas que apoyan la salud de los refugiados, incluyendo su salud mental", ha añadido la representante.

"DESEANDO MARCHARSE"

Kalatu se desplaza en motocicleta a través del campo de Kakuma para visitar a aquellos refugiados demasiado débiles como para visitarle. En 2017, el psicólogo ha atendido a 46 refugiados por pensamientos suicidas, una subida bastante grande desde los 13 de 2015.

El suicidio es tabú e ilegal en muchos países africanos, incluyendo Somalia y Kenia. La única ONG que ofrece servicios de salud mental en Kakuma es el IRC.

Según los activistas, la depresión también es un problema en el campo de Dadaab, en el este de Kenia, donde la mayoría de los 235.000 refugiados provienen de Somalia. El IRC ha afirmado que los casos de depresión en Dadaab prácticamente se han duplicado de 2016 a 2017.

Médicos sin Fronteras (MDF) ha llevado a cabo 5.500 consultas de carácter psicológico en sus clínicas en Dadaab en 2017, un 11,4 por ciento más que en 2016. La depresión es una de las enfermedades mentales que más trata la organización en la zona.

El coordinador en el terreno de MSF en Dadaab, Alfred Davis Junior, ha dicho que no se puede atribuir el aumento de los pacientes de problemas mentales a la reforma del programa de refugiados estadounidense, pero que la confusión en torno a las nuevas políticas de la Casa Blanca eran una de las causas del estrés de los refugiados. "Muchos están confundidos, en un limbo, debido a la incertidumbre sobre su futuro", ha dicho Davis Junior.

Save the Children también ha afirmado que la atmósfera en Dadaab se ha deteriorado. El director de los programas de educación y protección de Save the Children en el campo, Caleb Odhiambo, ha afirmado que algunos de los refugiados habían sacado a sus hijos de la escuela y estaban esperando a recibir un billete para viajar a Estados Unidos cuando las autoridades estadounidenses les comunicaron que se había paralizado la tramitación de su solicitud de asilo.

Odhiambo ha añadido que algunos refugiados dicen estar sufriendo "bufis", una palabra somalí que viene a significar lo opuesto a morriña: el deseo de marcharse.

"EN ESPERA"

Una refugiada somalí del campo de Kakuma, Halima Abdi Mohammed, presentó su solicitud de asilo en 2013 y completó uno de los últimos pasos, los exámenes médicos, justo antes de que Trump tomase posesión. "Los exámenes médicos caducaron, así que los hicimos de nuevo, y volvieron a caducar y nos dijeron que no podíamos ir a Estados Unidos", ha recordado la solicitante de asilo.

El esposo de Halima, Moussa, profesor de inglés en la escuela de Dadaab, no estaba incluido en su solicitud inicial, ya que la refugiada la presentó antes de casarse, pero la pareja había hablado habitualmente sobre cómo Moussa seguiría a Halima a Estados Unidos.

En octubre de 2017, la refugiada se despertó para descubrir que su marido se había ahorcado. La ciudadana somalí ha explicado que Moussa se había deprimido cuando perdieron la esperanza de ser reasentados en Estados Unidos. Dado que el suicidio es ilegal en Kenia, no hay ningún informe policial que verifique la causa de la muerte de Moussa y la familia y los vecinos ocultaron el suicidio a las autoridades.

Desde que las autoridades estadounidenses decidieron reformar el programa de refugiados, miles de solicitantes de asilo han visto cómo caducaban sus exámenes médicos y las autorizaciones de admisión, según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

ACNUR ha añadido que el resto de refugiados han visto cómo el proceso de tramitación de sus solicitudes de asilo se paralizaba hasta que Washington decida cuáles van a ser los nuevos requisitos para su programa de refugiados.

En el campo de Kakuma, Kalatu ya no les dice a sus pacientes que no abandonen sus sueños. "No lo hago más", ha explicado el psicólogo. "Solo les trato de ayudar a hacer frente a esta situación y les aseguro que estaré a su lado durante esta etapa".