Superviviente en Ecuador: "Lo perdimos todo, primero con el terremoto y ahora con las inundaciones"

Lupita, de 4 años, y Erika, su madre, afectadas por terremoto e inundaciones
PLAN INTERNATIONAL
   
Actualizado 16/04/2017 9:38:20 CET

QUITO, 16 Abr. (Por Elena Ruiz Labrador, Coordinadora de Comunicación, Plan International Ecuador) -

Aunque su nombre es Guadalupe, le gusta que le llamen Lupita. Cuando le pregunto por qué está en la escuelita de la comunidad Cruz Alta de Miguelillo de Manabí, responde vergonzosa que es porque "ya no tenemos casa después de que se la llevase el agua".

Con tan solo 4 años, esta niña ha pasado por una inundación, un terremoto que dejó su hogar más frágil de lo normal, y por este ir y venir de lodo que ha inundado Manabí en el último mes y que ha terminado con su casa. Entre sus manos sostiene un aparato con forma de girasol amarillo que tiene un lazo que le permite llevarlo al cuello.

Su madre, Érika Jurado, cuenta que cuando salieron de su casa, despavoridas por las intensas lluvias y el lodo, con dirección a la de sus papás, Lupita tan solo llevó consigo su amuleto. "Es como una linterna que se recarga con luz solar y que la utiliza siempre cuando se levanta de su cama para ir al baño. Se la envió su madrina de Plan International. Esta noche no se ha despegado de su girasol porque tenía miedo y sentía que estaba en un lugar extraño a pesar de que aquí estamos su papá, sus abuelitos y sus tíos", explica Érika.

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Lupita no está sola en este albergue improvisado. Junto a ella hay más de 50 niños y niñas que corren y juegan por el patio para tratar de distraerse de todo aquello que se vieron obligados a presenciar. Algunos perdieron su casa por completo, mientras que otros aún la conservan pero no saben si podrán regresar.

Para evitar que sus hija llore, como ocurrió la noche anterior cuando le oyó decir a alguien que ya no tenían donde vivir, Érika trata de evitar hablar delante de la niña de ninguna pérdida.

Según explica la madre, "el camino está inundado y ni siquiera las máquinas pueden llegar de una orilla a otra sin quedar atrapadas". Por eso, cuando fueron desalojadas tuvieron que escapar del lodo por otros caminos en medio del bosque que ni siquiera recordaban que existían.

Érika no sabe si su casa, ubicada en la provincia ecuatoriana de Manabí, hubiera resistido si no hubiera sufrido los efectos devastadores del terremoto de 7,8 ocurrido el 16 de abril de 2016. Su familia pudo dar gracias de que su casa quedara en pie pero, aunque no se derrumbó, la estructura quedó muy afectada. "Antes de las lluvias ya teníamos miedo porque las paredes se movían si las tocábamos, pero ahí teníamos que vivir porque no teníamos adónde ir", explica.

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NO MIRAR ATRÁS

A ninguna de las dos les gusta echar la vista atrás para recordar las consecuencias de este terremoto que se llevó la vida de 671 personas y afectó a 386.985 el pasado 16 de abril. Lo que sí hacen es agradecer el apoyo recibido por parte de Plan Internacional. "Aquellos días fueron un caos absoluto porque no teníamos nada, pero los amigos de Plan International nos trajeron kits de higiene y paquetes de alimentos, y eso nos ayudó mucho", explica Érika.

Además, tanto ella como su hija recibieron apoyo psicosocial en una de las 23 Fábricas de Inteligencias, Espacios Amigos de la Infancia, que Plan International instaló en la provincia de Manabí. "Esto nos ayudó muchísimo: ahora ya sabemos lo que tenemos que hacer en caso de que ocurra otro terremoto o inundaciones como ésta. En el caso de la niña, fue fundamental para que superase sus miedos y redujese sus niveles de ansiedad, porque estaba muy nerviosa".

En esta ocasión, Plan International hizo entrega de 90 kits de higiene a todas las familias de Cruz Alta de Miguelillo que habían tenido que abandonar sus casas y lo habían perdido todo.

Mientras su madre habla, la niña continúa mirando su girasol de forma pensativa, como si a sus cuatro años estuviera reflexionando sobre cosas trascendentes de la vida. De hecho, lo hace porque no hay nada más importante que saber dónde se va a vivir, crecer y ser feliz y, lamentablemente, ella aún no lo sabe.

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