Uruguay se encamina a perpetuar la hegemonía de la izquierda

El candidato presidencial uruguayo Tabaré Vázquez
Foto: REUTERS
Actualizado 29/11/2014 22:40:15 CET

La promesa de la nueva derecha de Lacalle Pou no consigue cristalizar

   MONTEVIDEO, 29 Nov. (EUROPA PRESS) -

   Uruguay se enfrenta este domingo a unas elecciones generales en las que Tabaré Vázquez se perfila como favorito para perpetuar el Gobierno del Frente Amplio, a pesar de la fuerza renovadora de Luis Lacalle Pou, del Partido Nacional, que no ha logrado convertir en votos la promesa de la nueva derecha.

   Unos 2,6 de los 3,9 millones de uruguayos están llamados a las urnas para elegir al presidente y al vicepresidente del pequeño país suramericano y decidir la mayoría parlamentaria, ya que la configuración del Senado -con 30 escaños- quedó en el aire en la primera vuelta del pasado 26 de octubre.

   La decisión más importante que tomarán los uruguayos será la designación del sucesor de José Mujica, que en los últimos cinco años ha gobernado la nación austral con un estilo personalísimo que le ha convertido en uno de los líderes indiscutibles de la América Latina de las democracias.

   La huella de Mujica en la Presidencia será difícil de borrar e imposible de reproducir. El ex guerrillero tupamaro ha combinado un humilde nivel de vida con un elevado discurso político que ha conseguido reducir la pobreza y mantener la estela del crecimiento económico haciendo del país uno de los más atractivos de la región.

   Conscientes de ello, los partidos políticos uruguayos han optado por evitar los sucedáneos, incluso en el oficialismo 'frenteamplista', y han propuesto para el Palacio de Suárez y Reyes a líderes con una personalidad propia y muy distante a la de un Mujica insustituible.

   El gobernante Frente Amplio postula a Vázquez, que ya tomó las riendas del país entre 2005 y 2010 convirtiéndose en el primer presidente de izquierdas de Uruguay desde que proclamó su independencia, en 1828. Los sondeos le sitúan a la cabeza con un 50 por ciento de los apoyos.

   Le sigue, con una intención de voto del 39 por ciento, Lacalle Pou, hijo y bisnieto de ex gobernantes, que dio la sorpresa en las elecciones primarias del 1 de junio imponiéndose a Jorge Larrañaga y que desde entonces no ha dejado de escalar posiciones erigiéndose como el "líder natural" de los 'blancos'.

   A pesar de que en un principio los sondeos auguraban una segunda vuelta muy reñida entre Vázquez y Lacalle Pou, la votación del 26 de octubre sirvió para marcar las diferencias, dando al dirigente izquierdista una ventaja de 17 puntos frente a una nueva derecha que se desinfló por completo. De nada ha servido al candidato 'blanco' el respaldo del tercero en la primera vuelta, el candidato del Partido Colorado, Pedro Bordaberry.

   Así, aunque el Frente Amplio ha advertido en contra de "triunfalismos excesivos", incluso desde el Partido Nacional dan por segura la derrota. "Lacalle Pou está preparado para no ganar, está preparado para ser el primer senador y encabezar el diálogo con los demás sectores", ha revelado Ita Heber, que lleva tres décadas en la sede 'blanca'.

   En el Partido Nacional achacan los malos resultados electorales, más que al buen hacer de Vázquez, al mensaje conciliador de Lacalle Pou. "La enseñanza política me ha llevado a no dañar al otro", ha dicho, defendiendo que, en lugar de dejar migas para no perder el rastro las ha lanzado hacia delante "para sembrar acuerdos en el futuro".

LOS GRANDES TEMAS

   La recta final de la campaña electoral da idea de la metamorfosis que ha sufrido Uruguay en los diez años de Gobierno del Frente Amplio, en los que el debate político ha pasado de temas sustanciales como la pobreza a centrarse en el nivel impositivo, la inseguridad ciudadana y la calidad de la educación.

   "Hoy los desafíos que tenemos son mayores ¿Quién podría pensar hace una década que en el cierre de campaña hemos elegido hablar de convivencia si entonces estábamos sumergidos en el hambre?", ha dicho Vázquez en su último acto electoral.

   Ahora, las preocupaciones de los uruguayos son muy distintas. Entre ellas, destaca la elevada carga fiscal, que el Frente Amplio ha utilizado estos años para financiar los programas sociales con los que ha reducido la pobreza al 11 por ciento, pero que ya empieza a asfixiar a la clase media.

   La seguridad es otro de los grandes debates electorales. A pesar de que Uruguay es uno de los países más seguros de América Latina, comienza a preocupar la delincuencia común, especialmente entre los jóvenes, lo que llevó a los uruguayos a votar en referéndum sobre la rebaja de la edad penal desde los 18 hasta los 16 años, que finalmente fue rechazada.

   El otro gran tema ha sido la educación. El Partido Nacional ha denunciado en esta campaña que los sucesivos gobiernos del Frente Amplio "se han olvidado" de ella, lo que ha provocado que en esta década se haya desplomado el nivel de preparación de los jóvenes uruguayos.

COSAS PENDIENTES

   En nuevo equipo de Gobierno deberá resolver una serie de temas pendientes que heredará de la administración Mujica y que supondrán un reto personal, sobre todo para Vázquez, al tratarse de cuestiones espinosas que enfrentan sus opiniones personales con las del oficialismo.

   El principal reto será implementar la ley de producción y comercialización de marihuana, uno de los buques insignia del Gobierno de Mujica que, no obstante, ha cosechado críticas tanto desde el Frente Amplio como desde la oposición por sus importantes lagunas. Lacalle Pou ya anunció que la derogaría, mientras que Vázquez ha prometido "vigilarla" de cerca.

   Por delante queda también la acogida de cinco presos procedentes de la cárcel que Estados Unidos posee en la bahía de Guantánamo (Cuba), algo que en su momento Mujica anunció como una obligación humanitaria, pero que no ha gustado ni a propios ni a ajenos, hasta el punto de que el propio presidente tuvo que recular anunciando que la decisión final quedará en manos de su sucesor.

   Otra de las tareas pendientes es, sin duda, la recomposición de las relaciones con Argentina. La batalla legal por la fábrica de papel sobre el río Uruguay y las desafortunadas declaraciones de Mujica sobre el matrimonio Kirchner -a los que se refirió "la vieja y el tuerto"- han dinamitado los vínculos bilaterales.

   El próximo Ejecutivo tendrá que esforzarse para reconstruir los puentes con Argentina, si desea mantener a un ritmo del seis por ciento anual el crecimiento económico uruguayo, ya que Buenos Aires es clave para el desarrollo de Montevideo.

LA BATALLA POR EL CONGRESO

   Al margen de la Presidencia, este domingo se vivirá una lucha por el control del Parlamento. Formado por un Congreso con 99 diputados y un Senado con 30 escaños, la primera vuelta electoral adjudicó la mayoría en la cámara baja al Frente Amplio, al conseguir el codiciado asiento 50, pero quedó pendiente la cámara alta.

   El 26 de octubre, el oficialismo consiguió 15 senadores, el Partido Nacional diez, su aliado natural, el Partido Colorado, sumó cuatro y el Partido Independiente logró uno. Así las cosas, el color político del vicepresidente, que en Uruguay ostenta automáticamente la Presidencia del Senado, decantará la balanza.

   Lacalle Pou ha recalcado en estas últimas semanas que "no es buenos que el país sea monocolor", alertando de que, si finalmente Vázquez se hace con la victoria, tanto el Gobierno como el Parlamento estarán en manos del Frente Amplio, haciendo prácticamente imposible cualquier tipo de oposición.

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