El Papa asegura que la Iglesia no quiere "privilegios" ni "posiciones de ventaja"

Actualizado 04/10/2007 19:28:34 CET

ROMA, 4 Oct. (de la corresponsal de EUROPA PRESS, G. Moreno) -

El Papa Benedicto XVI aseguró hoy que la Iglesia católica "no se propone ambiciones de poder, ni pretende privilegios" o "posiciones de ventaja" a nivel económico y social, sino que su único objetivo es "servir al hombre".

El Romano Pontífice hizo estas declaraciones durante la ceremonia en la que recibió las cartas credenciales del nuevo embajador de Italia ante la Santa Sede, Antonio Zanardi Landi, que hasta ahora había desempeñado el cargo de vicesecretario del Ministerio de Asuntos Exteriores del país transalpino.

Benedicto XVI recordó la "independencia y autonomía" de la Iglesia y del Estado tal y como fue descrita en los documentos del Concilio Vaticano II y, en el caso particular de Italia, en la misma Constitución de la República y en el Concordato Lateranense, donde al mismo tiempo se hace referencia a la "recíproca colaboración" entre ambas instituciones.

Lo único que la Iglesia católica pide es "poder desarrollar libremente su peculiar misión", encaminada al "bien no sólo de los propios fieles sino de todos los italianos", señaló, insistiendo en que "la Iglesia no es y tampoco intenta ser un agente político".

Según Benedicto XVI, "la fe cristiana purifica la razón", de modo que "con su doctrina social, argumentada a partir de la naturaleza de cada ser humano, la Iglesia contribuye a hacer que lo que es justo sea eficazmente reconocido y posteriormente realizado".

Para ello son "indispensables" las "energías morales y espirituales que permiten anteponer las exigencias de la justicia a los intereses personales, de una determinada categoría social o incluso de un Estado", señaló.

El Papa aprovechó este primer encuentro con el nuevo embajador de Italia para pedirle que su país "contribuya" en la búsqueda de "nuevas vías para afrontar de modo adecuado los grandes desafíos" propios de la época post-moderna", tales como "la defensa de la vida del hombre en todas sus fases, la tutela de todos los derechos de la persona y de la familia, la construcción de un mundo social, el respeto de la creación o el diálogo intercultural e interreligioso".

En este sentido, el Papa manifestó su deseo de que los organismos internacionales no "pierdan de vista el fundamento de los derechos del hombre" y eviten así el "riesgo, lamentablemente siempre latente, de resbalar hacia una interpretación únicamente positivista".

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