Tras un viaje angustioso, los niños rohingya encuentran una razón para sonreír

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Niños Rohingya
UNICEF AUSTRALIA/MATTHEW SMEAL
  
Actualizado 22/10/2017 8:38:22 CET

   COX'S BAZAR (BANGLADESH), 22 Oct. (por Charlotte Glennie, UNICEF Australia) -

   Todos los niños tienen derecho a jugar. Pero cuando te hacinas en un campo de refugiados, encontrar un lugar seguro para hacerlo no es fácil.

   Shuhel es un niño rohingya de 11 años. Le gusta el colegio, el fútbol y jugar con sus amigos. En Birmania su familia cultivaba arroz. Él dice que era feliz. Pero luego la violencia llegó a su hogar, en el estado de Rajine, y Shuhel y su familia se vieron obligados a huir.

   Ahora es otro refugiado golpeado por la pobreza, recién llegado a un campo provisional en el país vecino de Bangladesh. Uno de los 250.000 niños que luchan por sobrevivir.

   "Llegamos hasta aquí caminando por el barro, que me llegaba hasta el muslo. Pasé hambre durante 14 días", nos cuenta Shuhel. "Cuando llegamos una familia nos dio arroz. Construimos un refugio con el dinero que nos dio otra persona", añade.

    Cada día es una lucha para los supervivientes que se han establecido en asentamientos para refugiados en Cox's Bazar. Los niños rohingya nos cuentan que han sido testigos de una violencia impactante en Birmania. Pero ahora siguen enfrentándose a una situación que ningún niño tendría que soportar. "No tenemos comida, ni nada de lo que necesitamos. Necesitamos letrinas y agua", asegura Shuhel.

UNICEF /BROWN

UN RAYO DE LUZ

   Sin embargo, hay un pequeño rayo de luz en su día a día. El tiempo que pasa en el espacio amigo de la infancia que ha instalado UNICEF. Físicamente, este espacio no es más que una lámina de plástico sujetada por postes de bambú. Pero psicológicamente, es fundamental para la recuperación de los niños, porque es un lugar donde pueden ser solo niños de nuevo.

   "Juego al fútbol, salto a la comba, juego al parchís y a otros juegos que hay aquí", nos explica. Mientras él y sus amigos juegan al parchís, unas niñas juegan con muñecas. Fuera, otro grupo da patadas a un balón.

   "Cuando los niños llegaron, tenían miedo", cuenta Lutfur Rahman, el director del espacio. "El trauma se veía en su cara y en sus ojos. Pero poco a poco, cuando empezamos a darles apoyo y a explicarles que éramos sus amigos, quisieron ser también nuestros amigos", agrega.

   UNICEF lleva sus espacios amigos de la infancia allí donde los niños sufren las emergencias más graves. Junto con nuestros aliados, tratamos de ofrecer a los niños un espacio de refugio, donde pueden relajarse, jugar y, sobre todo, sentirse seguros. Hasta ahora, hemos establecido 76 espacios en los asentamientos de los rohingya, pero estamos trabajando para instalar más.

   También son esenciales para los más de 1.400 niños rohingya que han llegado a Bangladesh en las últimas cinco semanas sin padres ni cuidadores. Estar en estos espacios les mantiene fuera del camino y del alcance de los traficantes. Los niños están en grave riesgo de ser víctimas de tráfico de personas en los campos. Y las niñas, además, pueden ser vendidas como novias.

UNICEF /BROWN

LOS NIÑOS NECESITAN EDUCACIÓN

   UNICEF tiene el compromiso de que Shuhel vuelva a la escuela. Una vez que se cubren las necesidades más inmediatas de comida, agua, refugio, saneamiento y atención sanitaria, los niños necesitan educación. Ahora nos estamos centrando todavía en lo más esencial, pero pronto llevaremos a estos niños material educativo como libros y bolígrafos.

   "Me siento seguro aquí. Pero cuando me acuerdo de mi país pienso: ¿cuándo podré volver?", se pregunta Shuhel.

   Puede que nunca pueda volver al lugar donde nació, incluso aunque sea el lugar donde su familia ha vivido durante décadas. Ha vivido terribles dificultades en su corta vida, y todavía tiene más por delante.

   Sin embargo, durante un rato, el tiempo que comparte con sus amigos en el espacio amigo de UNICEF devuelve la sonrisa a su cara y, por un momento, sus ojos se iluminan.

   *El nombre de Shuhel ha sido cambiado por seguridad, para garantizar su protección.

UNICEF /LEMOYNE

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