Víctimas del tratamiento fraudulento contra el sida del expresidente de Gambia piden justicia

Yahya Jamé
CARLOS GARCIA RAWLINS/REUTERS
Publicado 29/01/2018 11:51:22CET

9.000 gambianos fueron obligados a renunciar a medicamentos convencionales contra el sida en favor de la cura del presidente Jammé

BANJUL, 29 Ene. (Thomson Reuters Foundation/EP) -

El presidente había encontrado la cura para el sida: esa fue la noticia que le llegó al director de la red de apoyo de pacientes con VIH en Gambia, Ousman Sowe, en 2007. En ese momento, Sowe no cupo en sí mismo del gozo.

Sowe es un hombre alto y mayor, de 64 años. "Acudimos (al Parlamento) con la esperanza de que íbamos a tomar algunas gotas de un medicamento milagroso y nos íbamos a curar", relató Sowe a la Fundación Thomson Reuters en una oficina en la deteriorada capital de Gambia, en la costa. Pero no se le permitió volver a casa. El entonces presidente del país, Yahya Jammé, le obligó a beberse unos brebajes de hierbas todas las mañanas y noches durante siete meses hasta que se le declaró rehabilitado... cuando, en realidad, estaba al borde de la muerte.

Los supervivientes al tratamiento fraudulento contra el sida del mandatario están llevando a cabo lo que en su momento parecía imposible: están hablando sobre su sufrimiento y reclamando justicia contra el hombre que puso en peligro sus vidas.

Se estima que unos 9.000 gambianos, la mayoría con VIH, se sometieron a los programas de tratamiento de Jammé y fueron obligados a renunciar a tratamientos convencionales en favor de curas caseras, ha puesto de manifiesto AIDS-Free World, una ONG con sede en Estados Unidos, que trabaja con supervivientes.

ONUSIDA ha destacado que al margen de las graves consecuencias para los pacientes que tuvo el tratamiento fraudulento (algunos de los enfermos acabaron muriendo), el programa de Jammeh dificultó los esfuerzos de prevención contra la enfermedad en el país. "Había una especie de apagón informativo sobre el sida, porque todo estaba relacionado con el tratamiento del presidente. Se había extendido la percepción de que, si había una cura, uno no necesitaba apoyo ", ha declarado Sirra Ndow, que dirige la delegación de agencia de la ONU en el país.

Aunque a nivel global las tasas de mortalidad del VIH estén bajando y las de pacientes en tratamiento estén aumentando, Gambia se queda todavía atrás. Si bien la tasa de infección del país es del 2 por ciento, mucho más baja que en las naciones vecinas, sólo el 30 por ciento de gambianos se estaban tratando con antirretrovirales en 2016. El objetivo de ONUSIDA es de llegar al 90 por ciento en 2020.

LA CASA DE CRISTAL

Sowe, Fatou Jatta y Lamin Ceesay, otros dos supervivientes que no tienen ningún reparo en hablar abiertamente de su experiencia, están trabajando con abogados y activistas para reunir pruebas contra Jammé, pero todos tienen ya 50 o 60 años y tienen que lidiar con problemas de salud, discriminación y pobreza.

"Creemos que deberían ser indemnizados, pero el tiempo está en nuestra contra. Es un tema de salud y es urgente", ha reconocido Agasha Tabaro, investigadora jurídica para AIDS-Free World.

Los pacientes nunca supieron qué era lo que Jammé les hacía beber. A veces venía en una botella, a veces en polvo, de vez en cuando venía mezclado con leche o con miel y, si se lo tomaban a sorbos, Jammé les gritaba, instándoles a beberse los brebajes de un trago, han recordado Sowe, Jatta y Ceesay.

"Vomitaba cada vez", ha rememorado Jatta, una trabajadora social que se pasó nueve meses en el programa de tratamiento después de admitir de forma pública que tenía VIH.

Los supervivientes han relatado cómo, cada día, eran trasladados a un edificio de cristal en el complejo del Parlamento donde el mismo presidente les administraba el tratamiento. No se les permitía ponerse en contacto con sus familias o interrumpir el tratamiento. A veces, el presidente les restregaba ungüentos en el cuerpo. Las sesiones eran grabadas y se mostraban en la televisión estatal. "El impacto psicológico que me provocó fue tan grande que, después del tratamiento, me resultó muy difícil reintegrarme en la sociedad", ha declarado Sowe.

Sowe y Ceesay volvieron a tomar retrovirales tras ser dados de alta por Jammé. Jatta, por su parte, comenzó a tomarlos. La esposa de Ceesay, que también se sometió al programa, murió. Tras el tratamiento, los supervivientes han dicho que perdieron sus trabajos y tuvieron muchos problemas para alimentar a sus familias. No pudieron ignorar el hecho de que sus rostros habían aparecido por televisión: "Su dignidad tiene que ser restituida", ha manifestado Ndow.

Ceesay, que fue el primer hombre en Gambia en reconocer públicamente que padecía sida, ha reconocido que se vio obligado a mudarse frecuentemente porque sus caseros le echaban cuando descubría que tenía VIH+. "Quiero una casa para mi familia. Eso es lo que me estoy esforzando por conseguir ahora", ha manifestado Ceesay.

LUCHA POR LA JUSTICIA

Los supervivientes saben que llevar a Jammé ante los tribunales es una posibilidad remota. Tras su mandato de 22 años al frente del país, que estuvo plagado de acusaciones de abuso de Derechos Humanos, huyó a Guinea Ecuatorial tras perder las elecciones en 2017 y no está claro si el presidente de este país, Teodoro Obiang, le extraditaría.

Se espera que una comisión para la verdad y la reconciliación empiece a trabajar en Gambia el año que viene.

"No va a ser fácil someter a juicio a Jammé, pero se puede conseguir. Si las víctimas comparten sus historias y más y más información sale a la luz, el llamamiento para que se haga justicia será abrumador", ha puntualizado Reed Broody, un abogado estadounidense que dirige la campaña para las víctimas de supuestos abusos por parte del exmandatario.

Brody, apodado como el 'cazador de dictadores', ayudó a las víctimas de Hissene Habré a encarcelar al expresidente chadiano de por vida por crímenes de guerra y crímenes contra la Humanidad. El veredicto se implementó el año pasado, pero la batalla por conseguirlo había empezado 17 años antes. "Aunque llegue la compensación y ya no estamos aquí, será para nuestros hijos", ha prometido Jatta.