Yemen, devastado tras tres años de guerra y centro de la disputa regional entre Arabia Saudí e Irán

Edificio bombardeado en Yemen
NAIF RAHMA / REUTERS - Archivo
Al Qaeda y Estado Islámico logran réditos territoriales entre el caos y la falta de seguridad
Actualizado 26/03/2018 11:22:54 CET

MADRID, 26 Mar. (EUROPA PRESS) -

Yemen, país que ya era el más pobre del mundo árabe antes del inicio del conflicto en 2015, ha sufrido durante los últimos tres años las consecuencias de una guerra civil que ha transformado el país en un tablero para las potencias regionales e internacionales y lo ha llevado a una situación desesperada a nivel humanitario.

La guerra civil es consecuencia del fallido proceso de transición política iniciado tras la salida del poder de Alí Abdulá Salé, quien cedió el testigo a su vicepresidente, Abdo Rabbu Mansur Hadi, a cambio de inmunidad tras las protestas de la llamada 'Primavera Árabe'.

Hadi no logró en ningún momento mantener el control sobre el país ante el refuerzo de los huthis --el principal grupo político y armado chií del país--, la lealtad a Salé de numerosas unidades del Ejército y los ataques de Al Qaeda, al margen de la situación de pobreza y elevado desempleo existente en el país y motivo del levantamiento popular de 2011.

Esta situación y las numerosas denuncias de corrupción contra el Gobierno de Hadi llevaron a los huthis a iniciar una ofensiva en la que avanzaron casi sin oposición hasta hacerse con la capital, Saná, apoyados por las fuerzas leales a Salé --una alianza de conveniencia, dado a que en el pasado los rebeldes se habían enfrentado en varios conflictos con las fuerzas del expresidente--.

El continuado avance de los huthis, que forzó a Hadi a huir del país, llevó a una coalición internacional encabezada por Riad y que cuenta con el apoyo de Washington a intervenir en el conflicto, ante el temor de que la influencia de Irán sobre los rebeldes llevara a Teherán a establecer una base segura en el país, fronterizo con Arabia Saudí.

Tras tres años, miles de muertos y una catástrofe humanitaria que se ha visto recrudecida por uno de los peores brotes de cólera de las últimas décadas, la situación sobre el terreno permanece sin cambios sustanciales y los esfuerzos de Naciones Unidas por mediar y sacar adelante un acuerdo político han fracasado.

EL BLOQUEO SAUDÍ

El último año del conflicto ha estado marcado por la decisión de Arabia Saudí de imponer en noviembre un bloqueo por tierra, mar y aire a Yemen con el objetivo declarado de impedir la entrega de armamento por parte de Irán a los huthis, que han llevado a cabo ataques con proyectiles --incluso balísticos-- contra territorio saudí.

El bloqueo, condenado por la comunidad internacional, provocó numerosas críticas internacionales y la ONU ha reclamado en varias ocasiones el fin de la medida, que ha sido suavizada con la apertura de los puertos de Hodeida y Salef para permitir el paso de ayuda humanitaria.

Sin embargo, el coordinador humanitario de Naciones Unidas para Yemen, Jamie McGoldrick, destacó en enero que este alivio no era suficiente y recordó que Yemen "importa el 90 por ciento de sus suministros de comida y casi todo el combustible y los medicamentos".

La coalición ha sido denunciada igualmente por los bombardeos que lleva a cabo en el país, que han causado miles de víctimas civiles y han alcanzado instalaciones médicas, escuelas, bodas y todo tipo de infraestructura civil, lo que ha empeorado drásticamente la situación humanitaria de una población muy golpeada por el conflicto.

LA MUERTE DE SALÉ

En este juego de alianzas, Salé --la figura más importante del país en las últimas décadas-- fue asesinado en diciembre de 2017 por los huthis poco después de anunciar que rompía sus lazos con los rebeldes y se acercaba a la coalición. La traición no fue perdonada, y horas más tarde su cadáver era paseado por las calles tras un ataque contra su vivienda.

El expresidente, que llegó a comparar gobernar en Yemen --lo que hizo durante 33 años-- con "bailar sobre cabezas de serpientes", denunció la "locura" de los huthis y abogó por una "nueva página" con Arabia Saudí, lo que fue rechazado también por parte de su partido, el Congreso General del Pueblo (CGP).

De hecho, la formación eligió en enero a Sadeq Amin Abú Ras como nuevo jefe de filas en un comunicado en el que denunció la "agresión" de la coalición internacional encabezada por Arabia Saudí y recalcó que el CGP "seguirá resistiendo", pero sin mencionar a los huthis.

El CGP respondió así a la oferta de la coalición internacional, que había ofrecido una amnistía a aquellos miembros del partido que entregaran las armas y abandonaran su apoyo a las operaciones contra las fuerzas encabezadas por Hadi, quien gobierna desde el exilio en Arabia Saudí.

LA OFENSIVA SEPARATISTA EN EL SUR

Las fuerzas leales a Hadi no son tampoco un frente unificado, lo que quedó plasmado en la ofensiva de enero de los separatistas suryemeníes --respaldados por Emiratos Árabes Unidos (EAU), parte de la coalición-- contra la ciudad de Adén, desde donde operan varios miembros del Gobierno reconocido internacionalmente.

Los separatistas buscan la independencia del sur de Yemen, que fue un país independiente hasta la unificación con el norte en 1990, si bien se aliaron durante este último conflicto con las fuerzas de Hadi para evitar el avance de los huthis desde el norte.

Sin embargo, las tensiones han existido a lo largo de la alianza y aumentaron drásticamente cuando el Consejo de Transición del Sur (CTS) denunció la corrupción en el Gobierno y reclamó la dimisión del primer ministro, Ahmed bin Dagar, que se negó a ello.

El CTS fue creado en 2017 para impulsar la recuperación del antiguo estado independiente de Yemen del Sur, y el apoyo de EAU a la organización ha revelado posiciones encontradas con Arabia Saudí --que apoya a Hadi--, dentro de la coalición.

AL QAEDA Y ESTADO ISLÁMICO APROVECHAN EL CAOS

La situación de caos ha sido además explotada por Al Qaeda en la Península Arábiga (AQPA), históricamente enfrentada a los huthis, para lograr avances en diversas zonas del país, lo que ha provocado críticas internas en Estados Unidos por su apoyo a la coalición y su participación en un conflicto altamente desestabilizador.

Recientemente, senadores estadounidenses reclamaron al Congreso la aprobación de legislación para poner fin al papel del Ejército de Estados Unidos en la guerra en Yemen a menos que cuente con autorización de la sede legislativa, con la que hasta el momento no cuenta.

Asimismo, han surgido críticas debido a que el propio Departamento de Estado dijo en su informe sobre terrorismo en 2016 que AQPA y Estado Islámico "siguieron explotando el vacío político y de seguridad", poniendo en duda la utilidad de la campaña --destinada a ejercer un contrapeso a Irán en la región-- en la lucha contra el terrorismo.

EL ESTANCAMIENTO DIPLOMÁTICO

En febrero, el enviado especial de la ONU para Yemen, Ismail Uld Cheij Ahmed, criticó en su última comparecencia ante el Consejo de Seguridad antes de abandonar el cargo --que asumió en abril de 2015-- "el destructivo patrón de políticas de suma cero" llevado a cabo por las partes en conflicto, así como sus acciones "irresponsables y provocativas".

En sus declaraciones, Cheij Ahmed resaltó que Yemen "es la mayor crisis humanitaria provocada por el hombre" a escala mundial y reclamó un cese de hostilidades y la reactivación de las negociaciones.

Fuentes diplomáticas citadas por la agencia Reuters revelaron recientemente que la coalición y los huthis habrían iniciado conversaciones secretas --dejando al margen al Gobierno-- para poner fin al conflicto, si bien por el momento no hay confirmación oficial de ninguna de las partes ni ha trascendido si han logrado progresos.

De esta forma, el británico Martin Griffiths --nuevo enviado especial de la ONU para Yemen-- intentará ahora tener éxito allí donde fracasaron Cheij Ahmed y Yamal Benomar y lograr poner fin a una guerra y una crisis humanitaria que han devastado a un país que ha pagado por su importancia estratégica en la región.