La fruta de Star Wars aterriza en Gran Canaria con la ayuda de Philip Morris a dos emprendedores canarios

Simón Moreno y Antonio Hernández apuestan por la pitahaya grancanaria
EUROPA PRESS
Una pitahaya de cerca
Actualizado 20/12/2016 18:17:48 CET

LAS PALMAS DE GRAN CANARIA, 13 Dic. (EUROPA PRESS) -

Una de las frutas de Star Wars acaba de aterrizar en Gran Canaria este mismo mes de noviembre, donde más de 3.000 esquejes de la pitahaya, o la fruta del dragón ('dragon fruit', en inglés) como es conocida internacionalmente, serán plantadas en la isla dentro de un proyecto de dos emprendedores canarios que ha contado con el apoyo de Philip Morris.

La pitahaya, que aparece en 'Star Wars VII: El despertar de la fuerza' en el frutero de la adivina de la resistencia, es una fruta tropical casi desconocida en Canarias pero con gran predicamento en el norte de Europa. El objetivo de estos dos jóvenes es abastecer al mercado local pero también al internacional con un producto de primera calidad haciendo un estricto seguimiento desde la semilla hasta el consumidor final.

Se trata del proyecto de Simón Moreno --un guiense, diplomado en Relaciones Laborales con un máster MBA pero que "siempre" ha "tenido vistas al campo"-- y Antonio Hernández --experto en medio rural y con un máster en gestión de medio ambiente--.

La idea se la propuso Moreno a Hernández por la experiencia del segundo en el inicio de empresas agrícolas. Desde que descubrió la fruta empezó a investigar inmediatamente sobre su rentabilidad de mercado y lo vio claro. "Uno de mis abuelos tenía plataneras y el otro plantaba pepinos. Siempre he mirado al campo", asegura este vecino del municipio norteño de Santa María de Guía.

LOS 9.000 EUROS DEL 'PMI ENTERPRENEURSHIP PROGRAM', PARA ESQUEJES

El proyecto de estos dos emprendedores llamó la atención del jurado del 'Philip Morris International Enterpreneurship Program 2016', por el que le fue otorgado un premio de 9.000 euros para impulsar su negocio. Con ese estímulo económico han visitado ferias especializadas y comprado los esquejes que van a convertir en realidad su idea.

Tras una búsqueda difícil para encontrar terrenos, ambos trabajan ya en poner en marcha la finca para comenzar a plantar. Las primeras pitahayas de estos emprendedores serán realidad el invierno de 2017. "La ayuda de Philip Morris nos ha dado gasolina, y de forma muy importante en el principio", remarca Moreno.

"Sin Philip Morris no tendríamos las plantas y habríamos tardado un año más", pone en valor Hernández. Ambos están en paro y apuestan a que la explotación de ésta y otras frutas tropicales sea su "medio de vida".

"PIENSA EN GRANDE Y TENDRÁS UNA RECOMPENSA GRANDE"

El esfuerzo económico de arrancar con una explotación como ésta es mayor de lo que parece. El pleno rendimiento de estos frutales no llegará hasta dentro de entre 3 y 5 años. "Esto no son lechugas, que las plantas y pronto las tienes. Eso sí, siempre lo hemos tenido claro: piensa en grande y tendrás una recompensa grande", confiesa ilusionado Antonio Hernández.

El cultivo de esta fruta, que fundamentalmente es exportada al norte de Europa desde Asia o Centroamérica, pretende aprovechar las singularidades canarias para cultivar productos que requieren poca agua y pueden ser transportados rápida y económicamente a los mercados europeos. Así, este proyecto abre nuevos mercados agrícolas en las islas.

Con las 2,5 hectáreas que están plantando, estos empresarios esperan tener casi 250 toneladas anuales dentro de 5 años, cuando el árbol esté a pleno rendimiento. Los esquejes vienen certificados en origen y en condiciones fitosanitarias, de trazabilidad y de máxima calidad.

TIPOS, COSECHA Y PRECIOS

La pitahaya puede ser de tres tipos: roja, blanca (en verano) o amarilla (en invierno). Cada una tiene un sabor particular; es carnosa y con pepitas, similar a la vista al kiwi pero en sabor más parecida al melón o la sandía.

Frente a otras frutas, la del dragón se recoge madura porque fuera del árbol no lo hace y el proceso es especialmente trabajoso. Se almacena en frío y se dispensa con un color vivo y las puntas verdes o amarillas, pero siempre bien frescas. Es un producto donde la frescura es fundamental y ello se paga (entre 10 y 20 euros el kilo dependiendo del tipo, la calidad y la época).