La 'Procesión del Vía Crucis' de San Vicente de este viernes ha contado con ocho 'picaos'

Contador
PIcaos de San Vicente en la procesión del Jueves Santo
EUROPA PRESS
Publicado 30/03/2018 13:53:19CET

   LOGROÑO, 30 Mar. (EUROPA PRESS) -

   La 'Procesión del Vía Crucis' de San Vicente de la Sonsierra ha contado este viernes por la mañana con ocho 'picaos' que se han flagelado, cumpliendo con la tradición que data del siglo XVI, ha confirmado a Europa Press el responsable de medios de comunicación, Rafael Moraza.

   Al igual que ayer, en la primera de las ocasiones en las que se celebra este rito, durante la 'Procesión de la Santa Cena', ha sido una gran multitud la que se ha acercado a la pequeña localidad riojana, "a pesar del fuerte viento, que ha amainado al inicio de la celebración", ha señalado.

   Ayer fueron nueve los disciplinantes que participaron en dicha procesión, mientras que la segunda ocasión en la que se desarrolló, en la 'Hora Santa'- en el interior de la iglesia, fueron siete los 'picaos'. Esta tarde, los penitentes, en la 'Procesión del Santo Entierro' - sobre las 20,30 horas-, volverán a flagelarse.

   Como marca también la tradición no es hasta el momento que sale la procesión cuando se conoce el número de 'picaos' - de los que se desconoce identidad, así como motivos para hacerlo-, que como requisitos deben cumplir el de ser mayor de edad, varón y disponer de un certificado de su párroco, que acredite su sentido cristiano y su buena fe.

   A partir de ahí, y desde la sede se les asigna un acompañante - hermano de la Cofradía de la Santa Vera Cruz- que sirve de guía, ayuda, consejo y protección al disciplinante durante su penitencia. A continuación, ya con el hábito, acuden a la procesión donde tras arrodillarse ante el 'paso' y realizar una oración, se ponen de pie, momento en que el acompañante les retira la capa de los hombros y abre la abertura de la espalda.

ENTRE 800 Y 1.000 GOLPES

   Tras ello, con una madeja de algodón sujeta con ambas manos, van propinándose golpes secos en la espalda, por encima de los hombros, a izquierda y derecha.

   Se golpean entre 800 y 1.000 veces, hasta que el acompañante y el 'práctico' deciden cuando es el momento de ser pinchado. En ese instante, los disciplinantes se agachan colocando la cabeza entre las piernas del 'practico', que les golpea levemente tres veces cada lado de la espalda, en la zona lumbar, para que brote un poquito de sangre, que evite molestias posteriores, pero nunca para mortificar más o aumentar el sufrimiento. Después siguen golpeándose 15 ó 20 veces más.

   El utensilio que tradicionalmente se utiliza para "picar" se denomina "esponja" y consiste en una bola de cera virgen con 6 cristales incrustados de dos en dos, de manera que cada disciplinante recibirá 12 pinchazos.

   Finalizada la penitencia, disciplinante y acompañante vuelven a la cofradía donde el practicante le lava y cura las pequeñas heridas con agua de romero y con meticulosidad.

   Junto a las cuatro veces que en Semana Santa se realiza esta tradición, en otras dos ocasiones, en la 'Cruz de Mayo' - el 3 de ese mes, que en caso de no ser domingo, se realizaría al domingo siguiente- y en la de Septiembre - el 14 de septiembre, si es domingo y si no el domingo siguiente- , las calles de San Vicente reviven este rito.

   Las procesiones de 'Los Picaos' en Semana Santa fueron declaradas de Interés Turístico Nacional en 2005 y en 2016 Bien de Interés Cultural de carácter Inmaterial (BIC).

EL RITO DE LA FLAGELACIÓN

   Los Disciplinantes de San Vicente de la Sonsierra ostentan un lugar relevante en la religiosidad popular y en las tradiciones de toda España, porque actualmente no existe otro lugar donde se haya podido mantener este rito secular relativamente frecuente en pueblos y ciudades hasta el siglo XVIII.

   Aunque no se tiene constancia de la antigüedad de esta tradición, sí se sabe que en 1551 la Cofradía de la Veracruz presentó los estatutos y las ordenanzas ante el Vicario General del Obispado. Se trataba de una recopilación sobre lo que se practicaba de forma habitual y el objetivo era poner en orden y reorganizar la institución para vivir con plena exigencia la 'Santa Regla'. Por lo que se cree que su existencia es muy anterior.

   Las mujeres, que en el siglo XVI pertenecían a la cofradía y luego desaparecieron como hermanas de la misma, vuelven a pertenecer a esta hermandad desde 1998. Su penitencia se limita a la tradicionalmente ejercida por ellas como 'Marías'.