El relato de las niñas, el rastro del ADN y las identificaciones desmontan a Ortiz

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Actualizado 15/12/2016 19:11:57 CET

MADRID, 15 Dic. (EUROPA PRESS) -

El relato de las víctimas del presunto pederasta de Ciudad Lineal, las pruebas que confirman la presencia de su ADN en la ropa interior de las pequeñas y las identificaciones en las ruedas de reconocimiento desmontan el alegato de inocencia que ha pronunciado este jueves Antonio Ortiz para dejar el juicio visto para sentencia tras veinticuatro sesiones.

La vista oral se inició el pasado 18 de octubre con el silencio de Ortiz, de 44 años. Al igual que en instrucción, se acogió a su derecho a no declarar ante el tribunal. Hoy, en cambio, la quinta vez que tenía oportunidad de hablar, sí ha querido defenderse y lo ha hecho durante 17 minutos.

En sus últimas palabras, se le ha visto emocionado y a punto de llorar. Su abogado ha solicitado su libre absolución, reclamando la nulidad de la causa por la invalidez de los registros, las ruedas de reconocimientos y la no aportación de datos que beneficiaban a su patrocinado a lo largo de las pesquisas policiales.

El fiscal y el resto de abogados piden penas de entre 26 y 126 años de cárcel por cuatro delitos de agresión sexual, cuatro detenciones ilegales, lesiones. Una acusación incluye dos tentativas y otra un delito de trato degradante por las vejaciones y humillaciones que sufrieron las pequeñas.

"Lógicamente, siento mucho lo que le ha pasado a las niñas. Es terrible, es una barbaridad y sobre todo en el caso de TP4 no tiene nombre. Lo siento por sus familias. No tengo nada que ver con esto. Soy inocente señoría", ha manifestado.

Con estas palabras, el juicio ha concluido. La sentencia tardará algunos meses ante la multitud de pruebas y pericias a examinar por el tribunal que compone la Sección Séptima de la Audiencia Provincial de Madrid, con María Luisa Aparicio a la cabeza.

A pesar de las manifestaciones de pesar del procesado, existen "pruebas contundentes e incuestionables", como afirmó la fiscal Pilar González, que acreditan que Antonio Ortiz es el autor de las cuatro agresiones que se le imputan.

TESTIMONIO VÁLIDO

El relato de las niñas de cómo sucedieron los hechos fue clave para reducir el cerco policial, ya que su firma de autor coincidía y se llegó a la hipótesis de que el autor era solo uno y sólo podía ser Antonio Ortiz. Así lo manifestó uno de los responsables policiales de la Operación Candy en la prueba testifical. En cambio, el abogado defensor, Cristóbal Sitjar, defiende que la Policía creó la figura de Antonio Ortiz y que mediáticamente es el autor de los hechos.

También se valorarán los testimonios de testigos directos que le vieron. En el caso de la agresión de agosto de 2014, una mujer vio a Ortiz con una niña en la calle Mequinezca, en el distrito de Ciudad Lineal. Al coincidir en su trayectoria en un descampado, contempló extrañada como esta persona andaba y la pequeña iba detrás como un perrito, cayéndose sin que el hombre se preocupara. En sede policial, identificó al acusado.

El tribunal juzgador cuenta también con las pruebas periciales que le incriminan sin género de dudas. Los agentes de la Policía Científica que practicaron el registro en el piso de Santa Virgilia hallaron numerosos restos biológicos, entre ellos de la menor agredida el 10 de abril de 2014. Se localizó sangre de la niña, una huella palmar y le resto de una pisada que correspondía a una zapatilla de deporte.

En esta casa habría agredido a dos pequeñas. Sólo hay pruebas de la de abril. Sin embargo, la menor agredida el 17 de junio de 2014, la TP4, manifestó que su agresor la llevó a una casa con puertas blancas. En el tour virtual se pudo ver que la casa estaba repleta de puertas blancas. Precisamente, se trata de la menor de cuyo caso se ha lamentado el acusado durante su alegato. "Eso no tiene nombre", ha dicho.

En la ropa de la niña, los expertos en laboratorio de biología hallaron células de arcotipo de cromosoma Y que coincidía con el perfil genético del acusado. También estaba su ADN mezclado en la sangre que tenía la niña en los pantalones.

En este caso, la menor sufrió un desgarro y tuvo que ser intervenida de urgencias. Su cirujano manifestó que fue "brutal", ya que la lesión era de "máximo grado". El ADN de Antonio Ortiz también estaba presente en la ropa de otras dos niñas, las agredidas en abril y agosto de 2014.

La Policía no halló en el piso de Santa Virgilia restos orgánicos de la pequeña agredida en junio. En aquellas fechas, la madre del acusado solía acudir a la vivienda para llevar ropa, ya que ella y su hijo tenían la previsión de irse a esta casa a vivir. La madre manifestó en su declaración que limpiaba casi a diario el suelo y que limpió con amoniaco la funda de plástico en la que se hallaron vestigios de la menor agredida en abril.

Sobre esta funda, el abogado de Ortiz ha cuestionado que hubiera restos cinco meses después. Desde el inicio de la instrucción ha hablado de manipulación de pruebas por parte de la Policía. En su informe, ha pedido que se declare nulo este registro, ya que no estuvo presente la secretaria judicial.

RUEDAS DE RECONOCIMIENTOS

Habrá que esperar a la sentencia para saber si finalmente la Sala valora las ruedas de reconocimiento en las que Ortiz fue identificado por todas las niñas. Su abogado ha cuestionado en su informe la validez de esta diligencia, ya que los medios difundieron la imagen de su cliente.

La imagen salió después de que el entonces ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, ofreciera una rueda de prensa detallando los pormenores del operativo que acabó con la detención del procesado la mañana del 24 de septiembre. Estaba refugiado en Santander.

Las periciales también confirmaron a la Sala que las lesiones que sufrieron las pequeñas eran compatibles con agresiones sexuales. Y en algunos casos podrían encajar en tentativas de homicidio al correr riesgo vital alguna de ellas.

El abogado de la familia de la niña agredida en abril solicita que se le condene también por dos delitos de tentativa de homicidio, algo de lo que discrepa la fiscal y varios abogados. La letrada de Laxshmin, que ejerce como acusación popular, aprecia una tentativa de delito en el caso de abril con motivo de las pastillas que ingirió la niña.

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