Un joven alega esquizofrenia y alcoholismo cuando asestó 61 puñaladas a su padre en Telde (Gran Canaria)

Actualizado 13/10/2008 18:46:09 CET

La Fiscalía pide 21 años de cárcel para el acusado porque cree que "sabía perfectamente todo lo que estaba haciendo"

LAS PALMAS DE GRAN CANARIA, 13 Oct. (EUROPA PRESS) -

Un joven alegó hoy estar "borracho" y padecer "esquizofrenia" cuando asestó 61 puñaladas a su padre en el domicilio familiar en el municipio de Telde, en Gran Canaria, a principios de diciembre de 2006. Admitió que, posteriormente, se echó la siesta, al despertar limpió la casa, no dejó "ni una gota de sangre", escondió el cadáver debajo de la cama, y huyó del lugar después de haber dejado una nota en la cocina.

"El día que lo maté yo sentía odio porque estaba borracho, me encontraba muy mal y decidí matarlo; ese día yo quería matar a mi padre", afirmó E.T.B., de 28 años de edad, durante el juicio celebrado con Tribunal de Jurado en la Sección Primera de la Audiencia Provincial de Las Palmas en la capital grancanaria.

El acusado, a quien la Fiscalía pide 21 años de cárcel por un presunto delito de homicidio y otro de robo, aseguró que cogió un cuchillo grande para matar a su padre porque éste "le incitó a beber" en un bar desde las 11.30 horas hasta las 15.30 horas del día 2 de diciembre y explicó que "la medicación junto con el alcohol" le sentaron "mal", ya que había bebido "más de 20 copas de vodka con Red Bull".

El procesado reconoció ser autor de los hechos, aunque dijo que "en ese momento no estaba bien porque estaba bajo los efectos del alcohol" y porque padece de "esquizofrenia". Aseguró que al llegar a casa durmió la siesta y después se levantó para comer. En ese instante cogió un cuchillo y lo escondió en el bolsillo delantero derecho de su pantalón.

Seguidamente se dirigió a la habitación de su padre, que estaba sentado en la cama, y mantuvieron una discusión. Le dijo que era "un mal padre" y que no le "quería".

Así, le propinó un "fuerte" puñetazo en la cara que hizo que su padre cayera al suelo y, al levantarse, le asestó una puñalada en el cuello. De este modo, una vez la víctima en el suelo, E.T.B. se colocó encima y le empezó "a dar puñaladas en el cuello, en el corazón, en el tórax y en la espalda", relató durante su interrogatorio.

"Cada vez que le veía moverse le daba puñaladas, cuando terminé me marché de la habitación y lo dejé allí, la habitación estaba llena de sangre", añadió el procesado, que indicó que, acto seguido, se fue al salón, durmió la siesta y se despertó por la noche.

LIMPIÓ CON PRODUCTOS DE COCINA

Al día siguiente, limpió "toda la sangre con la fregona" y con productos de cocina y arrastró el cuerpo hasta su habitación, lo metió "debajo de la cama" y le puso "las manos en los calzoncillos para que no se viera el cuerpo". Después dejó la fregona y el cubo en el baño cuando el agua ya estaba "transparente". No obstante, aseguró que "estaba inconsciente debido a la bebida" y no se "acordaba de nada"; en cambio sí dijo ser conciente de que "lo estaba escondiendo".

Posteriormente, salió a la calle y se echó a llorar porque "estaba arrepentido", luego volvió a su casa, siguió llorando en el salón y llamó a su psicólogo, a quien sólo dijo que su padre y él habían bebido, pero "no que le había matado".

E.T.B. añadió que su madre y su hermana llegaron por la noche a la casa y preguntaron dónde estaba su padre y él les dijo que "se había cogido una borrachera y se había ido". De este modo, ellas salieron a buscarle en el coche y, mientras, aprovechó para dejar el cuchillo en la cocina junto con una nota en la que decía: "mi padre está muerto, está en casa, debajo de la cama".

A continuación, se vistió y huyó con la tarjeta de crédito de su progenitor asociada a una cuenta de una entidad bancaria y de la que no estaba autorizado para disponer, con el propósito de obtener un beneficio patrimonial ilícito, y sacó de un cajero automático 150 euros.

Ese día fue a un bar en Moya, al norte de la isla, comió y leyó en los periódicos que la policía le buscaba. Cinco días después de los hechos se entregó en la Jefatura del Cuerpo Nacional de Policía en Las Palmas de Gran Canaria.

SIN DINERO SE PONÍA "NERVIOSO"

Agregó que llevaba un mes viviendo con su padre, con quien tenía una relación "normal" hasta el día de los hechos en que sintió "odio" hacia él y actuó "violentamente". Reconoció que "vivía del dinero" que le daba su padre y cuando no le daba él se "ponía nervioso" porque pensaba que no le "quería" y "tenía pensamientos negativos respecto a él. Aseguró que desde pequeño tenía "problemas psicológicos" y no se tomaba la medicación recetada porque "no tenía ganas". Si bien admitió que tomaba el medicamente "de vez en cuando", el día en que presuntamente mató a su padre "sí" la tomó.

UN "CONJURO" A TRAVÉS DE LA OUIJA

"Solía hacer la ouija e invocar al diablo para protegerme de mi padre. Lo hacía para jugar", aseveró a preguntas de su abogado. Explicó que huyó al cementerio de San Lázaro, en la capital grancanaria, porque era "un sitio oculto donde la Policía no podía entrar" y confesó que "había estado allí más veces sólo para hacer la ouija" y aquel día hizo "un conjuro para que el alma" de su padre no le "hiciera daño".

Según el Ministerio Fiscal, el joven presentó un cuadro clínico compatible con un trastorno límite de la personalidad, que no produce una afectación de sus capacidades intelectivas, pero que pueden verse afectadas de forma parcial sus capacidades volitivas (de la voluntad) en determinadas circunstancias.

Así, según la fiscal, Texeida García, concurren en E.T.B. la circunstancia modificativa de la responsabilidad criminal mixta de parentesco que agrava el presunto delito de asesinato y atenúa el de robo con fuerza; al igual que la atenuante de anomalía psíquica respecto del delito de asesinato.

No obstante, la representante del Ministerio Público cree que el procesado "sabía perfectamente todo lo que estaba haciendo" en el momento del presunto parricidio. De ahí que solicite una pena de 20 años de cárcel por el presunto delito de asesinato y un año de prisión por el supuesto delito de robo con fuerza.

Como pena accesoria, solicita que se aplique para el procesado inhabilitación especial para el ejercicio del derecho de sufragio pasivo (derecho a presentarse a las elecciones) por el tiempo de duración de la condena y el abono de costas. En concepto de responsabilidad civil, la acusación pública reclama igualmente que el acusado indemnice a los herederos legales de su padre en la cantidad de 120.000 euros.

"PSICOSIS EN FASE AGUDA"

Por su parte, la acusación particular que representa a los hermanos del fallecido, Carlos Conesa, manifestó que los familiares buscan "la verdad" y no tienen "ni odio, ni venganza, ni ningún otro motivo espúmeo". Añadió que el padre del procesado "tuvo en su día problemas con la bebida, pero ya no bebía ni una gota de alcohol".

Igualmente, el letrado incidió en que E.T.B. vio que su padre moría mientras él estaba inmerso en "una espiral de violencia" con un cuchillo, "dejó que su padre se desangrara, se puso a cenar tranquilamente después y no mostró arrepentimiento". "Actuó con plena conciencia", añadió el abogado, que pide imponer 25 años de cárcel por el presunto delito de asesinato más otro año por robo, así como la misma indemnización que pide la fiscal.

Por último, la defensa, Fernando Santana, indicó que desde que era niño tiene problemas psíquicos y se le ha diagnosticado "psicosis en fase aguda" por lo que "precisa tratamiento en centro especializado".

Por ello, entiende que se debe imponer libre absolución al considerar que se trató de un "brote esquizofrénico que lo exime de responsabilidad penal" o, en su defecto, pide siete años y seis meses de cárcel por un presunto delito de asesinato así como cuatro días de localización permanente por una falta contra el patrimonio al usar la tarjeta a su padre.

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