Campaña Antártica, un Gran Hermano de militares y científicos

 

Campaña Antártica, un Gran Hermano de militares y científicos

Arriado de bandera en la Campaña Antártica
CAMPAÑA ANTÁRTICA
Publicado 13/04/2017 12:02:43CET

Una docena de proyectos de investigación, militares y medios de comunicación convivieron durante 77 días en la XXX Campaña Antártica

MADRID, 13 Abr. (EUROPA PRESS) -

Al frente de la misión más remota del Ejército español, en la Antártida, ha estado el comandante Daniel Vélez coordinando el trabajo de la base 'Gabriel de Castilla', en la que durante 77 días han convivido más de una docena de militares con científicos de diversas especialidades que iban llegando al continente helado para desarrollar sus proyectos.

Dos semanas después de aterrizar en España, el comandante se muestra orgulloso en una entrevista con Europa Press del intenso trabajo realizado durante la Campaña Antártica, que en esta edición ha cumplido su 30 aniversario. Pero lanza una advertencia y alerta de que no puede decaer el nivel de financiación si se quiere mantener la "alta actividad" actual.

La base 'Gabriel de Castilla', en la isla de Decepción, está gestionada por el Ejército de Tierra y la misión principal de los militares que allí viajan cada campaña es la de proporcionar apoyo logístico a la investigación científica. Su financiación es mitad pública y mitad privada, en virtud de un convenio que vence este año.

En caso de que no se llegue a un nuevo acuerdo con una institución privada o las arcas públicas doblen su presupuesto, Vélez avisa de que "no se podría aspirar a grandes retos" y la actividad tendría que limitarse al mantenimiento de la infraestructura actual.

El comandante Vélez fue nombrado jefe de la Base para esta campaña después de un exigente proceso de selección. Y en sus manos estuvo después la elección de un equipo compuesto por otros doce militares. "Era elegir a los mejores entre un abanico de muy buenos", reconoce destacando además que ésta es una de las principales virtudes de esta misión: "He podido elegir a todo el equipo y todos son voluntarios".

En total, un equipo de 13 militares ha sido el encargado de hacer posible el trabajo de los científicos en la Antártida, desde los desplazamientos por la isla hasta la comunicación con el resto del mundo, pasando por necesidades básicas como la comida, el agua caliente o la calefacción. Entre estos dos mundos se tejen redes profesionales, pero la convivencia va más allá debido al limitado entorno en el que se mueven. "Es como Gran Hermano, ves a veteranos científicos despedirse como niños el día que les toca irse", reconoce el comandante.

En esta idea coincide Manuel Titos, uno de los profesionales que ha pasado por la 'Gabriel de Celaya'. "En una situación de tal carestía sentimental, haces amigos para toda la vida", confiesa a Europa Press este miembro del Departamento de Teoría de la Señal de la Universidad de Granada, que formó parte de un equipo de seguimiento de la actividad sísmica en la isla Decepción.

EL SEMÁFORO DE LA ISLA

El proyecto en el que trabajó Titos tenía dos objetivos. Por un lado, eran los encargados de poner color a diario al semáforo de la isla, que es un volcán activo con erupciones recientes entre 1967 y 1970: desde el verde que permitía el libre movimiento hasta el rojo que hubiera llevado a la evacuación, todo ello en función de su actividad sísmica. Y su segunda labor era la de estudiar la dinámica del volcán con el objetivo de crear un sistema de alerta temprana.

Más allá de este "fascinante" trabajo, Titos ha vuelto a España "enamorado" de la Antártida. A su juicio, lo más impresionante es la orografía del terreno, cambiante cada día, y su fauna, compuesta por pingüinos, lobos marinos, focas o ballenas.

Pero además reconoce que para alguien como él, desconocedor del mundo militar, fue una sorpresa la convivencia con el equipo que encabezaba el comandante Vélez. "Rompen la falsa idea que podemos tener de ser gente cuadriculada o con otra forma de funcionar, nos han apoyado en todo", reconoce agradecido.

Además, destaca su esfuerzo por garantizar el bienestar de todo el mundo en una campaña en la que se han desbordado las capacidades de la base. Su capacidad es de 28 personas ampliable a otras ocho. Y sin embargo en esta campaña se ha llegado a picos de 44 personas entre personal militar, investigadores y algún medio de comunicación.

Éste ha sido precisamente uno de los desafíos más importantes a los que ha tenido que dar respuesta el comandante Vélez, que explica que otros asuntos que a priori pueden parecer más complicados, como el frío, han sido más fáciles de superar. Esto en un lugar donde la temperatura media ha sido de cero grados pero la sensación térmica ha llegado a los 15 grados bajo cero.

SERVIR PARA TODO

Este militar, que estuvo antes de misión en Kosovo en el año 2000 y en Afganistán en 2011, insiste en la importancia del equipo. Cada uno de sus miembros tenía una especialidad, pero todos estaban preparados para cualquier misión y se dedicaban tanto a manejar las embarcaciones como a ayudar a la construcción del nuevo punto limpio. "Yo no me llevaría a Ferran Adriá a la Antártida porque puede ser muy bueno en lo suyo pero necesito que haga muchas cosas más", pone como ejemplo.

Porque además del apoyo a los proyectos científicos, el personal del Ejército de Tierra ha tenido sus propias misiones, como la construcción de un almacén o la instalación de un tercer grupo electrógeno que consume menos energía.

Y una batería de iniciativas para dar a conocer su labor y promover la divulgación medioambiental, como las videoconferencias con colegios o el proyecto de apadrinamiento de pingüinos, que en esta campaña ha conseguido atraer a más de 15.300 personas.

UNA CERRADURA QUE GIRA DEMASIADO FÁCIL

El comandante Vélez se ha encargado además de escribir un diario de campaña que cada noche actualizaba en Internet contando las novedades del día. En él se advierte claramente esta evolución sentimental de la que hablan quienes han estado en la Antártida, ya que su escritura pasa de la mera descripción del primer día a una emotiva despedida cuando se cerró la base.

"Y llega el inevitable momento del cierre del módulo de vida. Son las 23.55h y la cerradura gira demasiado fácil, quizá me hubiese gustado que nos diera algún problema para poder alargar un poco nuestra estancia", escribió en la última actualización del oficialmente llamado 'Diario de Operaciones'.

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