ETA.- La hija del guardia civil asesinado a los 23 años en Navarra en 1980 pide luchar "contra la indiferencia"

 

ETA.- La hija del guardia civil asesinado a los 23 años en Navarra en 1980 pide luchar "contra la indiferencia"

Actualizado 30/10/2012 16:27:55 CET

ARJONA (JAÉN), 30 Oct. (EUROPA PRESS) -

María Luisa Ruiz Escalante, la hija del guardia civil de Arjona (Jaén) asesinado por la banda terrorista ETA en mayo de 1980 en Navarra a los 23 años, ha afirmado este martes, en el homenaje que ha rendido el pueblo a su padre, que este día debe servir de ejemplo para "muchos pueblos y ciudades de España, de ejemplo para luchar contra la indiferencia y así sentir un aire más puro en la sociedad".

Ruiz Escalante, acompañada por el subdelegado del Gobierno, Juan Lillo, el alcalde de la localidad jiennense, Javier Sánchez(PSOE), y el resto de la corporación municipal, su madre y su hermano, ha recordado que a sus abuelos y a la hermana de su padre también les hubiese gustado compartir con ellos este "emotivo y merecido acto". De esta forma, en honor de su progenitor, ha aseverado que "la constancia es una gran virtud y que sigue habiendo muchos héroes olvidados, personas que dieron un día su vida para lograr que todos se sintieran más libres".

En el acto, que finalmente ha estado "deslucido" por la intensa lluvia, y entre aproximadamente medio centenar de personas, Lillo ha querido expresar "su agradecimiento al Ayuntamiento, promotor del homenaje, y a sus vecinos por contribuir a mantener viva la memoria de Francisco Ruiz" a través de la instalación de una placa en el cuartel arjonero de la Benemérita.

"Espero que con este acto que hoy celebramos se haga llegar a todas y cada una de las víctimas del terrorismo y a todos y cado uno de sus familiares el sentimiento de afecto cercanía y comprensión de todos los ciudadanos españoles".

Por su parte, el alcalde ha mencionado que se trata de "un día de recuerdo y para recordar a Francisco Ruiz, hijo de Arjona que entregó la vida" y por el que existía "una deuda moral que se satisface en el día de hoy". Sin embargo, ha continuado, "no se cubriría por completo esta deuda si el recuerdo no permaneciera con nosotros" mediante la mencionada placa.

Asimismo, ha expresado el primer edil, "el hito que se inaugura pretende, de forma simple y sintética, llegar a todo el mundo, es decir, que cualquier persona que entre en el pueblo vea que hay un hombre gravado en piedra y que tiene que perdurar en la memoria de los arjoneros", ha concluido.

LOS HECHOS

Según recuerda el Ayuntamiento de Arjona en su web, el 16 de mayo de 1980 Francisco Ramón Ruiz Escalante comenzó su jornada laboral aún "aturdido" por el asesinato el día anterior de tres agentes de la Policía Nacional en un bar de Pamplona. "No sabía que, horas más tarde, él correría su misma trágica suerte". Francisco, nacido en Arjona 26 años antes, estaba casado con Rosario Escalante, tenían una hija y, "desde hacía sólo 16 días, disfrutaba de una nueva paternidad".

"Sobre las 21,30 horas, Francisco y su compañero Francisco Puig cenaban en el bar Huici de la localidad navarra de Goizueta. Los etarras entraron primero en el Bar Zabaleta y, al comprobar que los agentes no estaban ahí, entraron en el Huici". Así, un vecino de Goizueta "pasó la información a miembros del grupo Adarra de ETA que, en aquellas fechas, estaba formado por vecinos de Hernani, Guipúzcoa".

"Por desgracia, antes del atentado el informador comprobó la posición exacta de los dos guardias civiles en el comedor del bar. A continuación, dos etarras encapuchados entraron al local armados con pistolas y metralletas desde la cocina y les tirotearon a corta distancia. Otros dos terroristas se quedaron fuera vigilando".

Según recoge la web sobre el relato de los hechos, "segundos después todos huían en una furgoneta DKW tras amenazar de muerte a un vecino que trató de avisar de lo ocurrido a la Guardia Civil. En el lugar del atentado se recogieron numerosos casquillos de bala nueve milímetros parabellum". Al día siguiente, los cuerpos de Francisco Ruiz y Francisco Escalante fueron trasladados a Pamplona y, después del funeral, a sus localidades de origen.

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