Las familias de Marina y Laura esperan juicio un año después del doble crimen en Cuenca

Homenaje Laura y Marina
EUROPA PRESS/AY CUENCA
Actualizado 08/08/2016 14:19:28 CET

Sergio Morate, sospechoso de asesinar y ocultar ambos cuerpos, estuvo ocho días huido hasta su detención en Rumanía

MADRID, 8 Ago. (EUROPA PRESS) -

Las familias y amigos de Marina Okarynska y Laura del Hoyo, las dos chicas asesinadas en Cuenca el pasado mes de agosto, esperan transcurrido un año del doble crimen que mantuvo en vilo a todo un país que se juzgue al presunto autor, Sergio Morate, de 31 años y en prisión preventiva desde entonces.

El pasado 7 de junio, Morate fue trasladado al Juzgado Número 1 de Cuenca en el marco del procedimiento del Tribunal del Jurado que juzgará su relación con estos hechos. Una vez más, fue recibido con gritos de "asesino". La madre de Laura, Marina del Hoyo, y su otra hija portaban una pancarta pidiendo la "máxima pena". "Sufriendo todo lo que tiene que sufrir en su vida, no pagará nunca el daño, el dolor y el sufrimiento que las familias están pasando", aseguraron.

El juicio con jurado popular por el que Morate se sentará en el banquillo sigue sin fecha a la espera de que se terminen de presentar los escritos provisionales de todas las partes, lo que marca el paso previo a la apertura de juicio oral. En junio, se transformaron las diligencias previas en procedimiento del Tribunal del Jurado, que ahora debe ser conformado.

Las familias de las víctimas llevan un año de desasosiego que comenzó el 5 de agosto de 2015, cuando desaparecieron Marina Okarynska y Laura del Hoyo. Un mes después, el 6 de septiembre, Morate entró por primera vez en la cárcel madrileña de Estremera, tras permanecer huido durante ocho días.

El presunto autor del doble crimen está acusado de estrangular primero a Marina, su expareja y con la que había convenido que se pasara por su casa para recoger sus pertenencias. Luego hizo lo mismo con su amiga Laura, que le acompañó aquel día.

La investigación policial considera que Morate había planeado el asesinato de Marina, de 26 años y de origen ucraniano. La joven había roto la relación meses atrás y se había casado con otra persona. Habían hablado por teléfono y su exnovio la esperaba en su casa. Lo que no esperaba es que su antigua pareja acudiría en el coche de su amiga Laura, de 24 años.

Fue en esa casa de la urbanización Ars Natura donde estrangularía a ambas. Luego arrojaría sus cuerpos en una fosa que cavó junto al río Huécar, a lo que siguió una huida desesperada en su Seat Ibiza. Siete días y 2.800 kilómetros en coche, hasta que, a las seis y media de la tarde del 13 de agosto, Sergio Morate fue detenido en la localidad rumana de Lugoj, en la provincia de Timisoara.

Morate fue sorprendido en una operación coordinada desde España por la Unidad de Delincuencia Especializad y Violenta (UDEV) en la casa de un cómplice al que había conocido en prisión, como al otro amigo, de origen colombiano, al que recurrió en su huida a ninguna parte. La Policía sabía que Rumanía era su destino: habían monitorizado su teléfono móvil y seguían sus pasos gracias a la señal del aparato.

LOS CUERPOS, HALLADOS EN UNA POZA

Tan relevante como la detención de Morate fue el hallazgo de los dos cuerpos, lo que puso fin a la esperanza de las familias y amigos de encontrar con vida a las dos chicas. La Policía había barrido la casa de Ars Natura, en la capital conquense, y otras propiedades en Palomera y Chillarón de la familia del por entonces huido.

A las 20.30 horas del 12 de agosto, 24 horas antes de que fuera detenido Morate, un vecino que circulaba en bicicleta informó del descubrimiento. Pasada la medianoche y tras las pruebas pertinentes, una furgoneta del Instituto de Medicina Legal abandonó el lugar, a dos kilómetros de Palomera, con los cuerpos de Marina y Laura, que habían permanecido ocultos durante siete días en una poza en la orilla del río Huécar.

A la espera de juicio, desde el pasado 4 de agosto, en el paseo del Huécar de Cuenca, cerca de donde fueron hallados los cadáveres, un memorial honra a Marina y Laura, y también al resto de víctimas de violencia de género.