La Fiscalía de Valladolid mantiene la petición de 9 años para el búlgaro acusado de violar a una joven rumana

Actualizado 22/01/2008 18:08:41 CET

La defensa alega que la víctima denunció a su cliente porque carecía de permiso de residencia y quería evitar su expulsión de España

VALLADOLID, 22 Ene. (EUROPA PRESS) -

El Ministerio Fiscal mantuvo finalmente su petición de nueve años de cárcel para el ciudadano de origen búlgaro P.T.G. como autor de un delito de agresión sexual cometido en la madrugada del día 15 de marzo de 2006 en la persona de una mujer de nacionalidad rumana a la que de regreso a Cuéllar (Segovia), tras cenar ambos en un restaurante chino de Valladolid, trasladó a un pinar y allí mantuvo con ella, presuntamente, relaciones sexuales contra su voluntad.

La petición de la acusación pública, durante el juicio que quedó hoy visto para sentencia en la Audiencia de Valladolid, se mantuvo invariable pese a la versión dada por el imputado, quien alegó que las relaciones entre él y su denunciante, ambos vecinos de Cuéllar por aquellas fechas, fueron plenamente consentidas por ella. "Si me hubiera dicho: por favor, basta, yo hubiera parado, pero no lo hice porque reía en todo momento, estaba alegre y bien conmigo", aseguró P.T.G, en declaraciones recogidas por Europa Press, en un castellano apenas entendible.

En su declaración, que fue en audiencia pública, cuando lo normal en estos casos es que sea a puerta cerrada, el joven búlgaro explicó que conocía la supuesta víctima porque era la amante de su compañero de trabajo. Fue la decisión de este último de romper dicha relación, ya que la esposa empezó a sospechar de su infidelidad, cuando el acusado pidió permiso para poder llamar por teléfono a la ahora denunciante para quedar con ella y mantener también relaciones.

"VAMOS A BUSCAR CHAMPIÑONES".

Así, P.T.G. y la presunta víctima quedaron el día 15 de marzo de 2006 para trasladarse de Cuéllar a Valladolid, donde cenaron en un restaurante chino, y, siempre según la versión del primero, de regreso a la localidad segoviana en el vehículo decidió desviarse a un pinar con el fin de tener sexo con su acompañante. "Me preguntó dónde íbamos y yo le dije que a buscar champiñones", recordó el presunto agresor, quien añadió que paró el coche, abatió los asientos delanteros y ambos empezaron una especie de jugueteo sexual, con caricias, besos y bajada de pantalones incluido, hasta que él quedó sobre ella y la penetró.

"En ningún momento ella dijo que no", insistió P.T.G, que añadió que en momento alguno forzó a la supuesta agredida y aseguró que incluso ésta le correspondió también con sus caricias, de ahí su sorpresa cuando ya en Cuéllar, tras ser interceptado el turismo por la Guardia Civil en un control preventivo, la mujer se apeó al serle requerida la documentación--carecía de permiso de residencia--y comunicó a sus agentes su deseo de denunciar que acababa de ser violada por su acompañante.

La Sala no pudo conocer la versión de la propia denunciante, que, pese a haber sido citada para declarar por el sistema de videoconferencia desde Palma de Mallorca, ni siquiera compareció y estuvo toda la mañana con el teléfono móvil apagado. Aunque el Ministerio Fiscal solicitó la suspensión del juicio por considerar clave su testimonio, los magistrados de la Sección Cuarta de lo Penal desestimaron tal petición y, de conformidad con la defensa, acordaron la continuación del mismo.

Si tal circunstancia era ya indiciaria de una más que probable sentencia absolutoria, los testimonios de los agentes de la Guardia Civil que interceptaron el turismo y los forenses que examinaron tanto al presunto agresor como a la víctima no hicieron otra cosa que corroborar esa misma sensación.

"APARANTEMENTE TRANQUILA".

De hecho, los agentes y la médico del Centro de Salud de Cuéllar que asistió a la mujer esa noche coincidieron al señalar que en el momento en que ella denunció la violación "estaba aparentemente tranquila", en un estado que, tal y como apostilló uno de los funcionarios, "no era propio de una mujer que acaba de sufrir un episodio de este tipo".

Por su parte, los forenses declararon que la mujer, a la que examinaron, presentaba únicamente una erosión antigua en un codo y otra, "mínima", en un muslo, compatible esta última con una agresión sexual pero también con un acto coital plenamente consentido. Incluso uno de los peritos añadió que en casos de agresión sexual lo normal es que haya más de una lesión en la víctima, no una sola como en el presente caso.

Los médicos forenses incidieron igualmente en el estado de aparente tranquilidad de la mujer, cuando normalmente las víctimas de este tipo de episodios sufren algún estrés postraumático o estados de ansiedad.

Pese a ello, la acusación pública mantuvo su petición de pena parar el procesado, consistente en nueve años de cárcel y el pago de una indemnización de 30.000 euros, mientras que el defensor pidió una sentencia absolutoria por entender que las relaciones fueron plenamente consentidas y que la denuncia de la mujer, que carecía de papeles en regla, obedecía al propósito de ésta de evitar su expulsión del país.

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