El jurado comienza la deliberación sobre el caso de la niñera boliviana acusada de la muerte de un menor

Actualizado 04/12/2008 16:02:55 CET

SEVILLA, 4 Dic. (EUROPA PRESS) -

El jurado popular encargado de enjuiciar a la niñera de nacionalidad boliviana acusada de dejar solo durante casi 48 horas a un niño de ocho años con parálisis cerebral que murió en su ausencia por falta de asistencia, en la capital hispalense, comenzó hoy a deliberar después de recibir el objeto del veredicto en la Audiencia Provincial de Sevilla, confirmaron a Europa Press fuentes judiciales.

Así las cosas, los nueve jurados han comenzado a analizar el caso con el fin de llegar a un veredicto tras la celebración durante esta semana de la vista oral, en la que han podido escuchar la versión de la procesada, de los padres del menor, de un psicólogo, un psiquiatra y del forense que explicó las conclusiones de la autopsia, antes de que cada una de las partes presentaran sus informes finales.

En este sentido, el Ministerio Fiscal reclama diez años de prisión por un delito de homicidio doloso para la inculpada, si bien introdujo una modificación en sus conclusiones en la que puso de manifiesto que en caso de que el jurado popular no considere a Irene C.C. culpable de homicidio doloso sea condenada alternativamente a dos años de prisión por homicidio imprudente.

La acusación particular por su parte elevó a definitivas sus conclusiones, solicitando diez años de cárcel para la acusada, mientras que la defensa reclamó la absolución, aunque también introdujo una modificación en sus conclusiones, entendiendo que si su cliente debe ser condenada sea por falta por imprudencia leve con resultado de muerte o falta por imprudencia grave con el mismo resultado.

En el juicio, un psicólogo que atendió a la procesada cuando ésta estuvo en prisión provisional aseguró que la acusada es una persona con un nivel intelectual normal-bajo que carece de "iniciativa, independencia y autonomía" y que, según relató, tiende a "sobrevalorar" las consecuencias negativas de los hechos. En esta línea, dijo que la inculpada es una persona "inmadura", cuyo afán último era conseguir la llave que había entregado a un recién conocido en una discoteca. A su juicio, a Irene C.C. le influyó "el miedo" a la Policía tal y como ella defendió en su declaración del lunes, cuando dijo que era "consciente" de que "algo podía pasarle al niño", aunque "no la muerte".

Por otra parte, la autopsia al menor confirma la muerte del pequeño de ocho años por deshidratación, provocada por la falta de comida y, sobre todo de líquido, pues, según el forense, "hasta una persona adulta en verano en Sevilla puede morir si pasan 48 horas sin beber".

Asimismo, uno de los médicos que atendió al menor explicó que "no era necesario" un conocimiento especializado para el cuidado del menor, sino que requería cuidados de la vida diaria, "como los de un bebé".

DECLARACIÓN DE LA ACUSADA

En su declaración, la acusada relató que fue contratada en el mes de junio de 2006 para "atender las labores de la casa" y para "dar de desayunar y llevar a la parada del autobús a dos de las hijas menores del matrimonio". En este sentido, explicó que a la semana de entrar a trabajar comenzó a dar de "comer y beber" a la víctima, un niño de ocho años totalmente dependiente por su enfermedad que "no podía moverse ni hablar".

Los fatales hechos ocurrieron mientras los padres se encontraban de viaje familiar en Ceuta a finales del mes de agosto de 2006. Irene salió a bailar a una discoteca en la noche del sábado tras dejar dormido en casa al pequeño. En este orden de cosas, entregó las llaves a un conocido de Ecuador, ahora fallecido, al que perdió de vista.

Así las cosas, la procesada aseveró que estuvo buscando al joven durante toda la noche y durante todo el domingo por la Macarena, ya que era el único dato que tenía del recién conocido, que vivía en ese barrio. A preguntas del fiscal sobre si no se le ocurrió llamar a la Policía, la inculpada dijo que sí, pero no lo hizo "porque tenía miedo", dado que su estancia en España no estaba regularizada en aquel momento.

Ya en la noche del domingo, Irene recibió una llamada de los padres del pequeño para preguntarle cómo iba todo. "Les dije que estaba todo bien porque yo pensaba que encontraría las llaves", añadió.

El lunes por la tarde regresaban a Sevilla sus jefes e Irene, que volvió a recibir una llamada de éstos, les dijo "llorando" que su madre, que estaba en Bolivia, "había muerto". "Llegué a casa por la noche y la Policía, que me detuvo, me dijo que el pequeño estaba muy grave en el hospital", apostilló la acusada, que concluyó que ella pensaba "que podía estar mal" pero "nunca" pensó que "podía morir".

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